SECCION 2 > FARMACOS
CAPITULO 5
Generalidades sobre los fármacos
A lo largo de la historia de la humanidad se
han utilizado medicinas de origen animal o vegetal para prevenir y curar
las enfermedades. La búsqueda de sustancias para combatir las
enfermedades y para modificar el humor y el estado de conciencia ha
sido tan prioritaria como la búsqueda de víveres y refugio.
Varias medicinas de origen animal o vegetal son aún muy preciadas.
Sin embargo, la mayor parte de los fármacos que se utilizan en
la medicina moderna son el resultado de los adelantos logrados a partir
de la Segunda Guerra Mundial en el campo de la química orgánica
sintética y de la biotecnología.
Un fármaco
(medicamento) es cualquier sustancia, diferente de un alimento o un
artefacto, que se utiliza para el diagnóstico, el alivio, el
tratamiento y la curación de las enfermedades, así como
para la prevención de las mismas. Otras aplicaciones afectan
a la estructura o al funcionamiento del organismo. Los anticonceptivos
orales son ejemplos de fármacos que afectana la estructura o
a las funciones del organismo, es decir que su finalidad no es interferir
en el proceso de una enfermedad. Si bien esta definición es importante
desde el punto de vista legal, no lo es tanto para las necesidades corrientes.
Una definición simple pero útil de un fármaco es
cualquier producto químico que afecte al organismo y a su funcionamiento.
Medicamentos
con y sin prescripción médica 
Existen dos categorías
legales de fármacos: los que requieren prescripción médica
y los que no la requieren. Los primeros se utilizan sólo bajo
control médico y por lo tanto se venden con una receta escrita
por un profesional de la medicina (por ejemplo, un médico, un
dentista o un veterinario). Los segundos se venden sin receta y su utilización
se considera segura sin control médico. En cada país existe
un organismo estatal que decide cuáles son los fármacos
que requieren prescripción y cuáles son los de venta sin
receta.
El organismo oficial
autoriza la venta sin receta de un fármaco solamente si demuestra
ser inocuo al cabo de muchos años de uso bajo prescripción
facultativa. Es el caso del ibuprofeno, un calmante que antes requería
prescripción y que ahora, en muchas países, se vende sin
receta. A menudo, la cantidad de principios activos contenidos en los
comprimidos, las cápsulas o las grageas de un fármaco
de venta sin receta, es mucho menor que la que contiene un fármaco
que sí necesita prescripción.
Las patentes se otorgan
al inventor de un nuevo fármaco, garantizando los derechos exclusivos
de su fórmula durante un determinado número de años;
pero es habitual que transcurran varios años antes de que la
venta sea aprobada. Durante la vigencia de la patente se considera que
un fármaco pertenece a un propietario, en contraste con los fármacos
genéricos, que no están protegidos por una patente. Al
vencimiento de la patente, cualquier industrial o distribuidor autorizado
por el organismo oficial puede comercializar el fármaco legalmente
bajo su nombre genérico, pero el inventor sigue siendo el propietario
del nombre comercial. El precio de venta de las versiones genéricas
es habitualmente inferior al del fármaco original.
Nombre de los fármacos
El conocimiento de
cómo se establecen los nombres de los fármacos puede ayudar
a entender sus etiquetas. Cada uno de los fármacos patentados
posee, como mínimo, tres nombres: un nombre químico, un
nombre genérico (sin patente) y un nombre comercial (patentado
o registrado).
El nombre químico
describe la estructura atómica o molecular del fármaco,
identificándolo con precisión, pero por lo general es
demasiado complicado para su uso corriente, exceptuando algunos fármacos
simples e inorgánicos como el bicarbonato sódico. Un organismo
oficial asigna el nombre genérico y la compañía
farmacéutica productora del fármaco, el comercial: el
nombre elegido será único, corto y fácil de recordar,
de manera que los médicos receten el fármaco y los consumidores
lo busquen por su nombre. Por esta razón a veces los nombres
comerciales vinculan el fármaco con el uso para el cual está
destinado.
Se exige que las versiones
genéricas de un fármaco tengan los mismos principios activos
del original y que el cuerpo humano los absorba al mismo ritmo que lo
haría con el fármaco original. El productor de la versión
genérica de un fármaco puede darle o no un nombre comercial
en función de cómo afecte la venta.
Dinámica
y cinética del fármaco
En la selección
y el uso de los fármacos influyen dos importantes consideraciones
médicas: la farmacodinamia (cuál es la acción de
los medicamentos en el organismo) y la farmacocinética (cómo
influye el organismo en los medicamentos). La farmacodinamia estudia
la función del fármaco (aliviar el dolor, bajar la presión
arterial, reducir los valores de colesterol en el plasma) y describe
dónde y cómo se ejerce este mecanismo en el cuerpo humano.
Aunque sea evidente el efecto del fármaco, solamente al cabo
de años de probada eficacia se llega a comprender el mecanismo
y el lugar exacto donde ejerce su acción. Es el caso del opio
y la morfina que durante siglos se han utilizado para aliviar el dolor
y el cansancio; sin embargo, es reciente el descubrimiento de las estructuras
cerebrales y de los procesos químicos del cerebro involucrados
en la sensación de alivio y euforia que producen estas sustancias.
Para que pueda actuar, el fármaco debe alcanzar el punto del
organismo en que se encuentra el trastorno y es ahí donde radica
la importancia de la farmacocinética. Una cantidad suficiente
de fármaco debe permanecer en el sitio de acción hasta
que cumpla su cometido, pero no en una cantidad tal que produzca efectos
secundarios graves o reacciones tóxicas. Por lo tanto, la selección
de una dosis adecuada por parte del médico no es una tarea fácil.
Es por medio del flujo
sanguíneo como muchos fármacos llegan al punto del organismo
donde deben actuar. El tiempo necesario para el inicio de la acción
de un fármaco así como la duración de la misma,
dependen frecuentemente de la velocidad con que éste penetre
en el flujo sanguíneo, la cantidad que penetre, la velocidad
con la que salga de la sangre, la eficacia del hígado en su descomposición
(metabolismo) y la rapidez de su eliminación por vía renal
e intestinal.
Acción terapéutica de los
fármacos
Es posible despejar
gran parte del misterio que rodea la acción de los fármacos
al reconocer que éstos sólo afectan al ritmo de las funciones
biológicas, sin cambiar la naturaleza básica de los procesos
existentes ni crear nuevas funciones. Así, los fármacos
pueden acelerar o retardar las reacciones bioquímicas del organismo,
que provocan la contracción muscular; la regulación del
volumen de agua y la retención o eliminación de las sales
del cuerpo por parte de las células renales; la secreción
glandular de sustancias (mucosa, ácido gástrico o insulina)
y la transmisión nerviosa. La eficacia de la acción depende,
en general, de cómo responden los procesos a los cuales el fármaco
va dirigido.
Los fármacos
pueden alterar el ritmo de los procesos biológicos existentes.
Por ejemplo, algunos antiepilépticos reducen las convulsiones
enviando una orden al cerebro para retrasar la producción de
ciertas sustancias químicas. Desgraciamente, los fármacos
no pueden recuperar sistemas que han sufrido daños irreparables.
La acción de los fármacos tiene por tanto una limitación
fundamental y ésta es la base de las frustraciones actuales en
el tratamiento de enfermedades que degeneran o destruyen los tejidos.
Tal es el caso de la insuficiencia cardíaca, la artritis, la
distrofia muscular, la esclerosis múltiple y la enfermedad de
Alzheimer.
Respuesta farmacológica
Cada uno de nosotros
responde de manera diferente a los fármacos. Para obtener el
mismo efecto, una persona robusta necesita en general más cantidad
de un mismo fármaco que una delgada. El metabolismo de los fármacos
en los recién nacidos y en las personas mayores es más
lento que en los niños y los jóvenes. Los individuos que
padecen de una afección renal o hepática tienen más
dificultad para eliminar los fármacos ingeridos.
La dosis media o
estándar de cada fármaco nuevo se determina mediante ensayos
clínicos con animales y tratamientos de prueba con seres humanos.
No obstante, el concepto de una dosis media es como el de la "talla
única para todos" en el vestir: se ajusta bastante bien
a gran número de individuos pero a casi ninguno de manera perfecta.
Reacciones adversas
A principios del
siglo xx el científico alemán Paul Ehrlich describió
el fármaco ideal como una "bala mágica" que
alcanza con precisión el foco de la enfermedad sin lesionar los
tejidos sanos. Si bien es cierto que muchos fármacos nuevos son
más selectivos que sus predecesores, todavía no existe
el fármaco perfecto y la mayoría no alcanzan la precisión
deseada por Ehrlich. Aunque los fármacos actúen contra
las enfermedades, también producen algunos efectos no deseados.
Éstos se denominan efectos secundarios o reacciones adversas.
Si fuera posible controlar
el recorrido de un fármaco, se mantendría de forma automática
la acción que se pretende lograr. Así se normalizaría
la presión arterial en una persona con hipertensión y
un diabético tendría valores normales de glucemia. Sin
embargo, la mayoría de los fármacos no logran mantener
un nivel específico de acción y pueden, por el contrario,
tener un efecto demasiado fuerte, causando una disminución exagerada
de la presión arterial en el hipertenso o una reducción
excesiva de los valores de glucosa en la sangre del diabético.
De todos modos, los efectos secundarios se pueden a menudo reducir o
evitar mediante una buena comunicación entre médico y
paciente. Si el paciente informa al médico sobre el efecto que
le produce el fármaco, el médico puede reajustar la dosis.
A pesar de que un
fármaco esté destinado a una sola función, puede
afectar varias, como es el caso de los antihistamínicos, que
ayudan a aliviar los síntomas de alergia, como la nariz tapada,
el lagrimeo y los estornudos, pero que, como la mayoría de antihistamínicos,
afectan el sistema nervioso y pueden también producir sueño,
confusión, visión borrosa, sequedad de la boca, estreñimiento
y problemas para orinar.
La acción
de un determinado fármaco se designa como efecto deseado o efecto
secundario en función del motivo por el cual se administre dicho
fármaco. Por ejemplo, los antihistamínicos son el principio
activo habitual de los somníferos de venta sin receta médica.
Si se administran con este propósito, el efecto de somnolencia
que producen se considera beneficioso y no como un efecto secundario
molesto.
Eficacia y seguridad
La eficacia y la seguridad
son los dos principales objetivos en el desarrollo de los fármacos.
Sin embargo, la seguridad es relativa dado que todo fármaco puede
ser tanto perjudicial como beneficioso; a mayor seguridad más
utilidad, es decir, cuanto más amplio sea el margen de seguridad
de un fármaco (ventana terapéutica, la diferencia entre
una dosis habitualmente efectiva y una dosis que pueda producir efectos
secundarios graves o peligrosos), mayor será la utilidad del
fármaco. Si la dosis eficaz de un determinado fármaco
es a la vez tóxica, el médico lo prescribirá exclusivamente
en situaciones puntuales en que no exista otra alternativa más
segura.
Los mejores fármacos
son a la vez efectivos y, en general, seguros. La penicilina corresponde
a un fármaco de este tipo y prácticamente no es tóxica
ni en dosis elevadas, excepto en el caso de las personas alérgicas.
Por otra parte, si se administran en exceso los barbitúricos
que fueron frecuentemente utilizados como somníferos, se puede
interferir con la respiración, alterar el ritmo cardíaco
e incluso causar la muerte. Los somníferos más recientes,
como el triazolam y el temazepam, tienen mejores márgenes de
seguridad.
Algunos fármacos
deben usarse a pesar de tener un margen de seguridad muy limitado. La
warfarina, por ejemplo, tomada para prevenir la coagulación sanguínea,
puede causar hemorragias, de ahí que los pacientes que toman
este fármaco necesiten controles frecuentes para determinar si
su efecto sobre la coagulación de la sangre es insuficiente o
excesivo.
Otro ejemplo es la clozapina.
A menudo, este fármaco es una ayuda para sujetos con esquizofrenia
cuando han fracasado los otros fármacos administrados. Pero la
clozapina tiene un efecto secundario grave: puede disminuir la producción
de glóbulos blancos necesarios para la protección frente
a las infecciones. Debido a este riesgo, los pacientes que toman clozapina
tienen que someterse a frecuentes análisis de sangre.
Cuando se conocen los
efectos de un fármaco, sean positivos o negativos, tanto el médico
como el paciente están en mejores condiciones para juzgar si
el fármaco está actuando eficazmente o si se están
desarrollando procesos potencialmente graves.
Cualquier persona
en tratamiento con fármacos puede pedirle explicaciones al médico,
farmacéutico o personal sanitario sobre los objetivos del tratamiento,
los efectos secundarios, los problemas que puedan surgir y en qué
medida puede participar en el tratamiento para obtener el mejor resultado.
Se recomienda además que se informe al personal sanitario sobre
la propia historia clínica, los fármacos que se toman
o cualquier otra información relevante.
Interacciones
entre fármacos
Cuando se toman al mismo
tiempo dos o más fármacos, la interacción entre
éstos puede ser positiva o negativa. Si bien es posible que una
terapia combinada sea más efectiva en el tratamiento de un proceso,
también es posible que se incrementen el número o la gravedad
de los efectos secundarios (reacciones adversas). Las interacciones
medicamentosas pueden ocurrir entre fármacos que requieren o
no prescripción médica. Cuando alguien recibe atención
por parte de más de un médico, debe informar a cada uno
de ellos sobre los fármacos que está tomando. Por eso
es preferible que se adquieran todos los fármacos recetados en
una misma farmacia a fin de que en ésta se pueda mantener un
registro completo sobre el perfil farmacológico del paciente.
De este modo el farmacéutico puede controlar las posibles interacciones.
También es importante consultar con el farmacéutico al
adquirir fármacos de venta sin receta (por ejemplo laxantes,
antiácidos y remedios contra el resfriado y la tos), particularmente
si se están tomando fármacos prescritos por un médico.
Aunque muchos no
consideren el alcohol como una sustancia tóxica, éste
afecta a los procesos del organismo y a menudo es responsable de las
interacciones entre fármacos. Médicos y farmacéuticos
pueden informar sobre estas posibles interacciones.
Sin embargo, no todas
las interacciones entre fármacos son siempre nocivas; por ejemplo,
algunos fármacos utilizados en el tratamiento de la hipertensión
(presión arterial alta) se combinan en su administración
para reducir los efectos secundarios que pueden desarrollarse si se
prescribe un solo fármaco a una dosis elevada.
Abuso de
drogas y fármacos
Durante siglos ciertas
drogas y fármacos han sido muy útiles en el alivio del
sufrimiento y en la prevención y tratamiento de las enfermedades
aunque, para algunos, la palabra droga signifique una sustancia que
altera la función cerebral de modo agradable. Siempre ha existido
un lado oscuro en el descubrimiento y el uso de las drogas, especialmente
de las que calman la ansiedad o alteran el humor y el comportamiento
para satisfacer las necesidades emotivas de la gente. El uso médico
apropiado de drogas y fármacos ha evolucionado a través
de la historia en paralelo con el abuso, es decir, el uso persistente
y excesivo de sustancias que alteran la mente sin una necesidad médica.
Las drogas y fármacos que con frecuencia son objeto de abuso
incluyen el alcohol, la marihuana, la cocaína, los barbitúricos,
las benzodiacepinas, la metacualona, la heroína y otros narcóticos,
las anfetaminas, el LSD (dietilamida del ácido lisérgico)
y la PCP (fenciclidina).