SECCION 2 > FARMACOS
CAPITULO 8
Factores que afectan
a la respuesta del organismo a los fármacos
La velocidad con
que los fármacos entran y salen del organismo varía según
las personas. Son diversos los factores que afectan a la forma en que
un fármaco se absorbe, distribuye, metaboliza y se excreta, así
como su efecto final en el paciente. Entre otras causas, es distinta
la respuesta a los fármacos debido a diferencias genéticas
o bien por estar tomando dos o más fármacos que tienen
una interacción entre sí, o por padecer enfermedades que
influyan sobre los efectos del fármaco.
Genética
Las diferencias genéticas
(heredadas) entre individuos afectan la cinética del fármaco,
la velocidad de movimiento a través del organismo. La farmacogenética
es el estudio de las diferencias genéticas en la respuesta a
los fármacos.
Debido a su características
genéticas, algunas personas metabolizan los fármacos lentamente.
Un fármaco puede acumularse en el organismo de tales personas
y causar toxicidad. Otras tienen unas características genéticas
que les
| La respuesta al fármaco
está condicionada por muchos factores |
 |
permiten metabolizar los fármacos rápidamente.
En este caso, un fármaco puede ser metabolizado tan rápidamente
que su concentración en la sangre nunca alcance los valores necesarios
para ser efectivo. Algunas veces las diferencias genéticas afectan
el metabolismo del fármaco de otra manera. Por ejemplo, un fármaco
administrado en dosis normales se metaboliza a velocidad normal. Pero
en algunas personas, si se administra en dosis elevadas o con otro fármaco
que utilice el mismo sistema para ser metabolizado, dicho sistema puede
verse desbordado y entonces el fármaco alcanza concentraciones
tóxicas.
Los médicos
deben individualizar la terapia para que el paciente reciba una dosis
suficiente de fármaco que permita lograr un efecto terapéutico
con una toxicidad mínima. Deben seleccionar con precisión
el fármaco; considerar la edad, el
sexo y la talla del paciente, así como su dieta y origen étnico;
así pueden determinar la dosis cuidadosamente. Este proceso se
complica debido a la presencia de enfermedades, al uso de otros fármacos
y al escaso conocimiento sobre las interacciones de estos factores.
En la farmacodinamia (acción de los
medicamentos en el organismo), las diferencias genéticas son
menos frecuentes que en la farmacocinética (el modo en que el
organismo afecta a los fármacos). A pesar de ello, las diferencias
genéticas son particularmente importantes en grupos étnicos.
Muchas personas poseen
una baja actividad de N-acetiltransferasa, una enzima del hígado
que ayuda a metabolizar algunos fármacos y varias toxinas. Las
personas con baja actividad de esta enzima metabolizan muchos fármacos
con lentitud y éstos tienden a aumentar sus concentraciones en
la sangre y a permanecer más tiempo en el organismo que en las
personas con alta actividad de N-acetiltransferasa.
Aproximadamente l
de cada 1500 personas tiene valores bajos de seudocolinesterasa, una
enzima de la sangre que inactiva fármacos como la succinilcolina,
que se administra junto con la anestesia para relajar los músculos
transitoriamente. Aunque esta insuficiencia enzimática no es
frecuente, sus consecuencias son importantes. Si la succinilcolina no
se desactiva, provoca la parálisis de los músculos, incluso
de aquellos implicados en la respiración. Esto puede requerir
el uso prolongado de un respirador.
La glucosa-6-fosfatodehidrogenasa,
o G6PD, es una enzima presente en los glóbulos rojos que protege
estas células de ciertas sustancias químicas tóxicas.
La incidencia de la deficiencia de esta enzima es alta en la etnia negra,
representando alrededor del 10 por ciento en los varones y un poco menos
en las mujeres.
En personas con deficiencia
de G6PD algunos fármacos (por ejemplo, cloroquina, pamaquina
y primaquina, usados para tratar la malaria, y la aspirina, el probenecid
y la vitamina K) destruyen los glóbulos rojos causando una anemia
hemolítica.
En aproximadamente
1 de cada 20 000 personas aparece una fiebre muy alta (una afección
denominada hipertemia maligna) tras la administración de ciertos
anestésicos. La hipertermia maligna proviene de un defecto genético
muscular y por ello los músculos son más sensibles a algunos
anestésicos. Los músculos se vuelven rígidos, el
ritmo cardíaco se acelera y baja la presión arterial.
Aunque no es frecuente, la hipertermia maligna tiene riesgo de muerte.
El principal mecanismo
del hígado para desactivar los fármacos es el sistema
de enzimas P-450. El grado de actividad del sistema P-450 determina
la proporción en que se desactivan los fármacos y también
el punto en que el sistema enzimático se ve desbordado. Hay muchos
factores que pueden alterar la actividad del sistema P-450. Las diferencias
en la actividad de este sistema enzimático influyen profundamente
en los efectos del fármaco. Por ejemplo, los efectos del somnífero
flurazepam duran alrededor de 18 horas en personas cuyos valores de
enzimas son normales y más de 3 días en las personas con
valores bajos de enzimas.
Interacciones
entre fármacos 
Las
interacciones entre fármacos son cambios que se producen en los
efectos de un fármaco debidos a la ingestión simultánea
de otro fármaco (interacción fármaco-fármaco
o interacciones medicamentosas) o a los alimentos consumidos (interacciones
fármaco-alimento).
A veces los efectos
combinados de fármacos son beneficiosos, pero las interacciones
entre fármacos son en su mayoría indeseables y nocivas.
Las interacciones entre fármacos intensifican o disminuyen los
efectos de un fármaco o empeoran sus efectos secundarios. La
mayor parte de las interacciones medicamentosas se dan entre fármacos
que requieren prescripción médica, pero algunas implican
a fármacos de venta sin receta (los más comunes son la
aspirina, los antiácidos y los descongestionantes).
El riesgo de una interacción
entre fármacos depende del número de fármacos que
se tomen, de la tendencia de algunos de ellos a la interacción
y de la cantidad ingerida. Muchas interacciones se descubren durante
el tratamiento de prueba con un fármaco. Se puede reducir la
incidencia de problemas graves si los médicos, los farmacéuticos
y demás personal sanitario mantienen una información actualizada
sobre la interacción entre fármacos. Pueden resultar útiles
los libros de referencia y los programas informáticos.
El riesgo de una
interacción entre fármacos aumenta si no se coordina su
prescripción con la distribución e información
oportuna. El riesgo es elevado entre los pacientes sometidos a un control
por parte de varios médicos, quienes probablemente no saben qué
fármacos se están administrando. Se puede reducir el riesgo
de las interacciones entre fármacos si éstos se adquieren
siempre en una misma farmacia.
La interacción
puede ocurrir de varias formas. Un fármaco puede duplicar o bien
oponerse al efecto de otro, o bien alterar la velocidad de absorción,
metabolismo o excreción de otro fármaco.
Efectos duplicados
A veces, dos fármacos
ingeridos simultáneamente tienen efectos similares, llegándose
a una duplicación terapéutica. Una persona puede tomar
dos fármacos con el mismo principio activo inadvertidamente.
Esto sucede con frecuencia en los fármacos de venta sin prescripción.
Por ejemplo, la difenhidramina es un componente de muchos remedios para
alergias y resfriados; es también el principio activo de muchos
somníferos. La aspirina puede ser un componente de remedios para
el resfriado o productos destinados a aliviar el dolor.
Con frecuencia, se
ingieren simultáneamente dos fármacos semejantes pero
no idénticos. A veces se hace por indicación médica
con el fin de obtener mayores resultados. Por ejemplo, se pueden recetar
dos fármacos antihipertensivos a una persona con una presión
arterial alta que sea difícil de controlar. En el tratamiento
de cáncer, los médicos administran varios fármacos
(quimioterapia combinada) para producir un mejor efecto. Pero pueden
surgir problemas si se prescriben fármacos similares sin darse
cuenta. Los efectos secundarios pueden ser graves. Por ejemplo, puede
aparecer sedación y vértigo si se toman dos somníferos
diferentes (o si se toma alcohol o se administra otro fármaco
con efectos sedantes).
Efectos
opuestos
Dos fármacos
con acciones opuestas (antagónicas) pueden tener una interacción.
Por ejemplo, los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como el ibuprofeno,
que se administran para aliviar el dolor, causan retención de
sal y agua. Los diuréticos pueden eliminar el exceso de sal y
agua del organismo. Si estos fármacos se ingieren simultáneamente,
el AINE disminuye (se opone o antagoniza) la eficacia diurética.
Algunos fármacos que se administran para controlar la presión
arterial alta y las afecciones cardíacas (por ejemplo, betabloqueadores
como el propranolol y el atenolol) neutralizan ciertos fármacos
que se administran para el asma (por ejemplo, fármacos estimulantes
betaadrenérgicos como el albuterol).
Cambios en la absorción
Los fármacos
ingeridos por vía oral se absorben a través del revestimiento
del estómago o del intestino delgado. Un determinado alimento
o fármaco puede reducir la absorción de otro fármaco.
Por ejemplo, es inadecuada la absorción del antibiótico
tetraciclina si se toma una hora después de la ingestión
de calcio o de alimentos que contengan calcio, como la leche y otros
productos lácteos. Es importante seguir ciertas instrucciones,
como el evitar comer una hora antes o varias horas después de
haber tomado un fármaco, o dejar transcurrir por lo menos dos
horas entre la toma de determinados fármacos.
Cambios
en el metabolismo
Los sistemas metabólicos hepáticos,
como el sistema enzimático P-450, desactivan muchos fármacos.
Los fármacos se distribuyen por el organismo y pasan a través
del hígado, donde las enzimas los desactivan, cambiando su estructura
para que los riñones puedan filtrarlos. Algunos fármacos
pueden alterar este sistema enzimático, haciendo que la desactivación
de otro fármaco se produzca de manera más rápida
o más lenta de lo habitual. Por ejemplo, dado que los barbitúricos,
como el fenobarbital, aumentan la actividad de las enzimas hepáticas,
fármacos como la warfarina resultan menos eficaces si se administran
al mismo tiempo. Por lo tanto, los médicos aumentan las dosis
de ciertos fármacos para compensar este efecto. Sin embargo,
si posteriormente se suspende el fenobarbital, las concentraciones de
otros fármacos pueden aumentar mucho, ocasionando efectos secundarios
graves.
Las sustancias químicas
de los cigarrillos pueden aumentar la actividad de algunas enzimas hepáticas.
Ésta es la causa por la cual el fumar disminuye la eficacia de
algunos analgésicos (como el propoxifeno) y de algunos fármacos
utilizados en el tratamiento de problemas pulmonares (como la teofilina).
El antiulceroso cimetidina
y los antibióticos ciprofloxacina y eritromicina son ejemplos
de fármacos que pueden retardar la actividad de las enzimas hepáticas,
prolongando la acción de la teofilina. La eritromicina afecta
el metabolismo de los fármacos antialérgicos terfenadina
y astemizol, ocasionando una acumulación de éstos.
Cambios
en la excreción
Un fármaco puede
afectar al porcentaje de la excreción renal de otros fármacos.
Por ejemplo, algunos fármacos alteran la acidez de la orina,
lo que, a su vez, afect a a la excreción de otros fármacos.
Dosis importantes de vitamina C pueden producir este efecto.
Interacciones entre fármacos y enfermedades
La mayoría de
fármacos se distribuyen por todo el organismo. A pesar de ejercer
sus efectos en gran medida sobre un sistema u órgano específico,
también afectan a otros órganos y sistemas. Un fármaco
que se utilice en el tratamiento de enfermedades pulmonares puede afectar
al corazón; un fármaco para tratar un resfriado puede
afectar los ojos. Dado que los fármacos pueden influir sobre
otras afecciones además de la propia enfermedad que estén
tratando, los médicos deben conocer el estado global del paciente
antes de prescribir un nuevo fármaco . Son p articularmente importantes
la diabetes, la presión arterial alta o baja, el glaucoma, el
aumento del tamaño de la próstata, la incontinencia urinaria
y el insomnio.
Placebos
Los placebos son sustancias que se prescriben como fármacos pero
que contienen elementos químicos inactivos.
Un verdadero placebo
imita exactamente a un fármaco real, pero está formado
por sustancias químicas inactivas, como el almidón o el
azúcar. Los placebos se usan en la investigación clínica
para compararlos con fármacos activos. En circunstancias muy
específicas, el médico puede prescribir un placebo para
aliviar los síntomas, si cree que un fármaco con un principio
activo no es el adecuado.
El efecto placebo (modificación
de los síntomas después de recibir un tratamiento con
un efecto no comprobado) puede obtenerse con cualquier tipo de terapia,
incluyendo fármacos, cirugía y psicoterapia.
Los placebos pueden
causar o estar asociados a un gran número de cambios, deseados
e indeseados. Dos factores suelen influir en el efecto placebo. El primero
es anticiparse a los resultados (optimismo) al tomar un fármaco,
denominado también sugestión, fe o esperanza. El segundo
factor, el cambio espontáneo, puede ser aun más importante.
En ocasiones, el paciente experimenta una mejoría espontánea;
se siente mejor sin ningún tratamiento. Si ocurre tal mejoría
después de tomar un placebo, el mérito se atribuye incorrectamente
al placebo. Por el contrario, si después de haber tomado un placebo
aparece de forma espontánea un dolor de cabeza o una erupción
cutánea, también se culpa al placebo.
Hay estudios que determinan
si los pacientes con ciertos rasgos de personalidad tienen más
probabilidades de responder a los placebos. Las conclusiones sobre este
particular son muy variadas. La reacción al placebo presenta
diferentes grados, ya que cualquier paciente se puede sugestionar bajo
ciertas circunstancias.
Sin embargo, unos
parecen más propensos que otros. Algunos de los pacientes que
responden a placebos tienen muchas características de la adicción
a las drogas: la necesidad de aumentar la dosis, el deseo compulsivo
de tomar el fármaco y el desarrollo de los síntomas de
abstinencia si se les priva del mismo.
Uso
en investigación
Cualquier fármaco
puede tener un efecto placebo (efectos positivos o negativos no relacionados
con los principios químicos activos). Para distinguir el efecto
real del efecto placebo de un fármaco, los investigadores comparan
fármacos con placebos en los ensayos terapéuticos. En
estos estudios se administra el fármaco experimental a la mitad
de los participantes y un placebo, de aspecto idéntico, a la
otra mitad. Ni los participantes ni los investigadores saben quién
ha recibido el fármaco y quién el placebo (este estudio
se denomina ensayo doble ciego).
Cuando se concluye
el estudio, se comparan todos los cambios observados entre el fármaco
investigado y el placebo. Para la evaluación de los efectos químicos
reales del fármaco experimental, se restan los efectos del placebo
a los obtenidos con el fármaco. La acción del fármaco
que se investiga debe ser sustancialmente mejor que la del placebo,
con el fin de justificar su uso. Por ejemplo, en estudios de fármacos
nuevos que alivian la angina de pecho (dolor de pecho debido a un riego
sanguíneo anormal en el músculo cardíaco), es frecuente
que los efectos positivos con respecto al placebo sobrepasen el 50 por
ciento. Por esta razón, el demostrar la eficacia de nuevos fármacos
constituye un importante desafío.
Uso
terapéutico
Todo tratamiento tiene
un efecto placebo: los efectos atribuidos a los fármacos varían
de una persona a otra y de un médico a otro. Es más probable
que una persona con una opinión positiva sobre los fármacos,
los médicos, las enfermeras y los hospitales, responda de manera
favorable a los placebos o que presente un efecto placebo favorable
ante los fármacos activos. En cambio, una persona con una opinión
negativa puede negar cualquier efecto positivo o incluso experimentar
efectos adversos.
Cuando médico
y paciente confían en los beneficios del placebo, es mucho más
probable alcanzar el efecto positivo. Un fármaco activo sin efectos
terapéuticos reconocidos puede aliviar un determinado trastorno
(por ejemplo, la vitamina B12 para la artritis). O bien, un fármaco
poco activo (por ejemplo, un calmante suave) puede tener un mejor efecto.
Habitualmente, los
médicos evitan el uso deliberado y secreto de los placebos (en
contraste con la investigación clínica) porque un resultado
decepcionante puede deteriorar la relación médico-paciente.
Además, el médico puede malinterpretar la respuesta del
paciente, creyendo que sus síntomas no están basados en
una enfermedad real o que son exagerados. Cuando están implicados
otros médicos o enfermeras (terapia de grupo u hospitalización),
este hecho puede afectar de forma adversa su actitud hacia el paciente,
aumentando la probabilidad de decepción.
Sin embargo, los médicos
prescriben placebos de manera fácil y clara. Por ejemplo, si
un paciente con dolor crónico está creando una dependencia
de un analgésico que provoca adicción, el médico
puede sugerir el tratamiento con placebos. En principio, el paciente
y el médico están de acuerdo en realizar tal experimento
para ver si realmente se necesita el fármaco en cuestión.
Aunque no es frecuente
que los médicos prescriban placebos, la mayoría atienden
a pacientes convencidos de que el uso de algunas sustancias previene
o alivia sus enfermedades, aun sin evidencias científicas que
confirmen esta creencia. Por ejemplo, los pacientes que experimentan
mejoría al tomar vitamina B12 u otras vitaminas a modo de tónico,
a menudo se sienten enfermos y sufren trastornos si se les niega la
medicación. Algunas personas que han oído decir que sus
calmantes suaves son fuertes, experimentan a menudo un alivio significativo
del dolor y están convencidas de que dichos fármacos son
más fuertes que cualquier otro que hayan usado con anterioridad.
Debido a creencias culturales o actitudes psicológicas, algunas
personas parecen requerir y beneficiarse de un medicamento de eficacia
no comprobada científicamente o con una presentación determinada
(por ejemplo, hay quien prefiere una inyección, aunque sepan
que un comprimido es igual de eficaz). En estas situaciones, los médicos
se preocupan porque consideran estos efectos como no científicos
y, considerando las desventajas para su relación con el paciente,
se sienten incómodos al prescribirlos. No obstante, la mayoría
de médicos consideran que algunos pacientes son tan dependientes
de los placebos que privarlos de ellos sería más perjudicial
que positivo (teniendo en cuenta que el placebo utilizado presente un
margen de seguridad alto).