SECCION 2 > FARMACOS
CAPITULO 12
Fármacos
genéricos
El término genérico
se usa para describir las versiones más baratas de productos
de marcas muy conocidas y muy utilizados. Para algunos alimentos y productos
domésticos, el término genérico implica pagar menos
pero también obtener un nivel inferior de calidad y eficacia.
Por lo general, esto no ocurre con los productos farmacéuticos.
Los fármacos
se conocen a menudo por varios nombres. Cuando se descubre por primera
vez un fármaco, se le da un nombre químico, una versión
simplificada del nombre químico o un nombre en código
ideado para facilitar la referencia entre los investigadores. Si los
organismos sanitarios oficiales (responsables de garantizar la seguridad
y eficacia), aprueban el fármaco para prescripción general,
se le asignan dos nombres adicionales: un nombre genérico (nombre
oficial) y un nombre comercial (también denominado patente o
marca registrada), que lo identifica como propiedad exclusiva de una
determinada compañía. El gobierno, los médicos,
los investigadores y quienes escriben sobre el nuevo compuesto usan
el nombre genérico del fármaco porque sólo se refiere
al propio fármaco y no a una marca concreta de una compañía
farmacéutica ni de un producto específico. Sin embargo,
en las recetas normalmente se escribe el nombre comercial.
Los nombres genéricos
son, por lo general, más complicados y difíciles de recordar
que los comerciales. Muchos nombres genéricos son una forma abreviada
del nombre químico, la estructura o la fórmula del fármaco.
La característica más importante de un nombre genérico
es su individualidad. Los nombres comerciales deben ser también
únicos y son, por lo general, pegadizos y relativamente fáciles
de recordar. Éstos indican con frecuencia una característica
particular del fármaco. Por ejemplo, el Lopressor disminuye la
presión arterial, el Vivactil es un antidepresivo que anima al
paciente, el Glucotrol disminuye la concentración de azúcar
alto en sangre (glucosa) y el Skelaxin es un relajante musculosquelético.
Por otra parte, el nombre comercial Minocin es simplemente una versión
reducida de minociclina, el nombre genérico del fármaco.
Los organismos competentes
deben asegurar que los nombres genéricos y comerciales sean únicos
y no puedan confundirse con otros fármacos. Los nombres demasiado
similares pueden inducir a errores en la prescripción y distribución
de un fármaco.
Protección
de la patente
En muchos países,
si una compañía desarrolla un nuevo fármaco se
le concede una patente sólo para el propio fármaco, su
proceso de fabricación o su utilización. El fabricante
posee con frecuencia más de una patente por fármaco y
puede poseer además una patente del sistema que distribuye y
libera el fármaco en la sangre. Las patentes garantizan a la
compañía los derechos exclusivos del fármaco durante
un número determinado de años. Sin embargo, pueden transcurrir
alrededor de 10 años desde el momento del descubrimiento al de
su aprobación para uso en seres humanos o en animales. Debido
a esto, el fabricante sólo puede comercializar el nuevo fármaco
de manera exclusiva durante aproximadamente 7 años. Los fármacos
contra el SIDA y otros fármacos nuevos para tratar enfermedades
con riesgo de muerte, reciben con frecuencia una aprobación más
rápida.
Si la patente expira,
otras compañías pueden vender una versión genérica
del fármaco, con frecuencia a un precio mucho menor que el de
la marca original. No todas las patentes de fármacos dadas de
baja tienen versiones genéricas. A veces, un fármaco es
demasiado difícil de duplicar o no existen pruebas adecuadas
disponibles que demuestren que el fármaco genérico actúa
igual que el fármaco con nombre comercial. Sin embargo, se puede
asumir que los fármacos genéricos también actúan
correctamente. Un fármaco genérico se puede vender bajo
un nombre comercial (un fármaco genérico de marca) o sólo
bajo su nombre genérico. En cualquier caso, el organismo oficial
competente debe aprobar todas las versiones genéricas del mismo.
Procedimientos
de evaluación y aprobación
La aprobación
de un fármaco genérico por parte del organismo oficial
competente se basa en la evidencia científica de que produce
un efecto sobre los seres humanos esencialmente idéntico al del
producto original. Se someten a prueba los fármacos genéricos
nuevos para asegurar que contienen las cantidades adecuadas de principios
activos y que se están fabricando según las normas de
fabricación oficiales. Y también para asegurar que se
liberan en el organismo a la misma velocidad y con el mismo alcance
que los fármacos originales con nombre comercial.
Los investigadores
de las compañías farmacéuticas de productos genéricos
llevan a cabo estudios, por lo general sobre un número relativamente
reducido de voluntarios sanos (15 a 50), sólo para determinar
si la versión genérica de un fármaco libera sus
principios activos en sangre de la misma manera que la marca original.
Estos estudios de investigación se denominan estudios de bioequivalencia.
En comparación con los genéricos, los nuevos fármacos
requieren estudios más extensos, más complejos y mucho
más caros para demostrar que son seguros y efectivos. (·
V. recuadro, página 44)
Los fabricantes de
fármacos con nombre comercial usan técnicas de estudios
de bioequivalencia cuando desarrollan nuevas presentaciones o dosificaciones
de sus fármacos. A menudo, el comprimido o la cápsula
utilizada durante los ensayos clínicos y las fases del desarrollo
del producto debe modificarse por razones comerciales. Los comprimidos
pueden ser más resistentes, se puede agregar o cambiar el aroma
o el colorante o se pueden cambiar los componentes inactivos para aumentar
la aceptación por parte del consumidor. Siempre que se desarrolla
una nueva forma del fármaco, se debe demostrar que es bioequivalente
a la forma original para establecer la seguridad y eficacia del fármaco.
Las normas son diferentes
para los fármacos de liberación regulada (de acción
prolongada o de liberación sostenida). Dado que estos fármacos
están sujetos a muchas más variaciones que los comprimidos
y las cápsulas normales, los inspectores correspondientes necesitan
extensas pruebas como requisito para la solicitud del nuevo fármaco,
con el fin de que la compañía pueda comercializar una
versión de acción prolongada de cualquier fármaco.
Este trámite indispensable se aplica igualmente, aunque otra
versión del fármaco con difusión regulada ya esté
en el mercado. Este requisito ha retrasado la disponibilidad de versiones
genéricas de algunos fármacos de difusión regulada.
Sin embargo, la investigación se realiza en beneficio del consumidor.

Comparación
entre genéricos y fármacos con nombre comercial
Desarrollar y producir fármacos no es
como seguir un libro de recetas de cocina. Se pueden utilizar muchas
vías diferentes para producir un fármaco seguro y eficaz.
Cuando una compañía
decide desarrollar la versión genérica de un fármaco,
sus expertos en formulación diseñan el producto. Éstos
utilizan principios activos idénticos a los del fármaco
original, aunque probablemente usen componentes inactivos diferentes.
Los componentes inactivos se añaden por razones específicas.
Por ejemplo, para
aumentar el volumen de modo que el comprimido sea lo suficientemente
grande para manipularlo, para evitar que el comprimido se disgregue
durante el período entre la fabricación y su uso, para
contribuir a su disolución en el estómago o el intestino,
o para que tenga un sabor y color agradables.
Los componentes inactivos
son, por lo general, sustancias inofensivas que no afectan el organismo.
Sin embargo, los componentes inactivos pueden causar reacciones alérgicas
insólitas y a veces graves en ciertas personas. Esto hace que
un fármaco de marca determinada o una versión genérica
sea más aceptable que otro. Por ejemplo, los bisulfitos (como
el metabisulfito de sodio), que se utilizan como conservantes en muchos
productos, causan reacciones alérgicas asmáticas a mucha
gente. Por lo tanto, los productos que contienen bisulfitos llevan ahora
etiquetas perfectamente visibles al respecto. Curiosamente, las personas
asmáticas están también expuestas a los bisulfitos
porque estos conservantes se encuentran en muchos pulverizadores y soluciones
utilizados para tratar esta enfermedad.
Por razones legales,
un fármaco genérico difiere de su homólogo con
nombre comercial en tamaño, color y forma. Por consiguiente,
los consumidores se encuentran, en general, con una versión genérica
que tiene un aspecto muy diferente del fármaco con nombre comercial
con el que están familiarizados.
En general, la bioequivalencia
de las diferentes versiones de un fármaco puede variar hasta
un 20 por ciento sin que se produzcan diferencias notables en la eficacia.
Estas variaciones pueden ocurrir entre versiones comerciales y genéricas
de un fármaco o entre diversas series (lotes) de un mismo fármaco,
ya sea de nombre comercial o genérico.
Por ejemplo, un lote
de un fármaco producido en una fábrica de la compañía
X en un país determinado puede no ser idéntico a un lote
del mismo fármaco producido en otra fábrica de la misma
compañía, pero situada en otro país. De la misma
manera, no será igual a la versión genérica del
fármaco producida en la fábrica de la compañía
Y. Todas estas versiones se deben someter a pruebas para verificar que
el efecto sobre el organismo sea similar.
Las diferencias reales
entre los fármacos genéricos aprobados por el organismo
competente y los fármacos con nombre comercial que se ingieren
por vía oral, son muy inferiores al 20 por ciento aceptado. Las
variaciones observadas son sólo de un 3,5 por ciento en su totalidad
y no exceden el 10 por ciento en cualquier estudio individual.
A veces se dispone
de las versiones genéricas, pero éstas no pueden sustituir
libremente al fármaco original porque no se han establecido los
niveles de comparación. Estos productos se pueden vender pero
no deben considerarse como equivalentes.
Un ejemplo es la
hormona tiroidea. Se aceptan todas las versiones para el tratamiento
de una insuficiencia de la glándula tiroides. Sin embargo, no
se deben sustituir unas por otras porque los estándares de comparación
no se han ajustado. Los farmacéuticos y los médicos pueden
determinar cuáles son los fármacos genéricos aceptables
como sustitutos y cuáles no lo son.
Elección de un fármaco
genérico
Regularmente,
lo s médicos y farmacéuticos disponen de documentos oficiales
sobre la equivalencia terapéutica entre fármacos genéricos
y los presentados bajo un nombre comercial. (Por ejemplo, la FDA en
Estados Unidos publica todos los años un libro sobre Productos
farmacéuticos aprobados con evaluaciones de equivalencia terapéutica.)
Se trata en todo caso de publicaciones, autorizadas por organismos competentes
en cada país, que permiten sustituir un fármaco con nombre
comercial por un fármaco genérico considerado idéntico.
La sustitución,
sujeta en todo caso a la normativa sanitaria y a la legislación,
puede hacerse libremente, salvo que el médico indique que no
es procedente en algún caso. Para comprobar que el fármaco
genérico despachado es equivalente a una prescripción
anterior, los consumidores pueden comprobar en la etiqueta del fármaco
el nombre genérico de su principio activo. El farmacéutico
es el responsable de la preparación y etiquetas de los fármacos
prescritos.
Los consumidores pueden
elegir entre un fármaco con nombre comercial y una versión
genérica, a menos que su médico haya escrito en la receta
que no es posible efectuar sustituciones.
Sin embargo, en algunas
oportunidad es posible que el consumidor tenga que aceptar la única
versión genérica que el farmacéutico tiene almacenada.
Muchas entidades y organismos dedicados a los seguros y la salud requieren
la prescripción y venta de fármacos genéricos,
siempre que sea posible, para ahorrar dinero.
Las leyes que controlan
ciertos aspectos de la práctica de la medicina y la farmacia
varían con relación al grado de participación del
consumidor en estas decisiones de prescripción.
En algunos países,
el consumidor no tiene capacidad de decisión al respecto y si
el médico prescribe un fármaco genérico, el farmacéutico
debe suministrarlo. En cambio en otros, los consumidores pueden solicitar
un fármaco con nombre comercial, aun cuando el médico
o el farmacéutico hayan recomendado un fármaco genérico.
Si el médico prescribe un fármaco con nombre comercial
pero el consumidor desea una versión genérica, puede tratar
el asunto con el médico, el cual puede hacer una receta autorizando
la versión genérica.
Algunos detractores
del uso difundido de los fármacos genéricos han puesto
de relieve otras inquietudes, como el posible incremento de los gastos
sanitarios resultantes de consultas adicionales al médico, nuevos
análisis de laboratorio y otros aspectos para comercializar una
marca nueva de un fármaco. Los detractores desean saber cuánto
dinero se ahorra realmente si se acude a la versión genérica
después de pagar estos gastos adicionales. Otra preocupación
es saber si las diferencias de color, tamaño o forma de un fármaco
genérico disminuyen la motivación del paciente para seguir
las instrucciones del médico.
Fármacos genéricos sin
prescripción médica
Las versiones genéricas
de los fármacos de venta sin prescripción médica
más populares se venden con frecuencia como marcas comerciales
a través de las cadenas de farmacias o cooperativas. Estos medicamentos
tienen la misma evaluación que los fármacos de prescripción
genérica y deben reunir los mismos requisitos. Es probable que
se ahorre dinero al seleccionar una marca comercial o versión
genérica de un medicamento de venta sin receta. Los farmacéuticos
pueden aconsejar cuáles son los productos genéricos de
venta sin receta que tienen la misma eficacia del producto original.
Sin embargo, la preferencia
individual de un producto se relaciona con su apariencia, gusto, consistencia
y otras características. Aunque los principios activos sean los
mismos, estas características pueden ser diferentes.