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ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES
CAPITULO 23
Hipotensión arterial
La presión arterial baja (hipotensión)
es una presión arterial demasiado baja que provoca síntomas
como vértigos y desvanecimientos.
El mantenimiento de la presión de la
sangre cuando sale del corazón y circula por todo el organismo
es tan esencial como mantener la presión del agua en las cañerías
de una vivienda. La presión debe ser lo suficientemente alta
como para llevar oxígeno y nutrientes a las células del
organismo y extraer de ellas los productos de desecho. No obstante,
si la presión arterial es demasiado elevada, puede romperse un
vaso sanguíneo y causar una hemorragia en el cerebro (hemorragia
cerebral) u otras complicaciones.
Por el contrario, si es demasiado baja, no
puede proporcionar suficiente oxígeno y nutrientes a las células,
ni extraer los desechos de ellas. Sin embargo, los individuos sanos
con una presión arterial normal, más bien baja en reposo,
tienen una mayor esperanza de vida.
Mecanismos de compensación
Existen tres factores que determinan la presión
arterial: la cantidad de sangre bombeada desde el corazón, el
volumen de sangre en los vasos sanguíneos y la capacidad de éstos.
Cuanta más sangre salga del corazón
(volumen de expulsión cardíaco) por minuto, más
elevada será la presión arterial. La cantidad de sangre
bombeada puede disminuir si el corazón late más lentamente
o sus contracciones son débiles, como sucede después de
un ataque al corazón (infarto de miocardio). Un latido muy rápido,
así como muchos otros tipos de arritmias, pueden reducir la eficacia
de bombeo del corazón y el volumen de expulsión.
Cuanta más sangre contenga el sistema circulatorio,
más alta será la presión arterial. Si se pierde
sangre por deshidratación o una hemorragia, el volumen de sangre
disminuye y, en consecuencia, disminuye la presión arterial.
Cuanto menor sea la capacidad de los vasos sanguíneos,
mayor será la presión arterial. Por consiguiente, el ensanchamiento
(dilatación) de los vasos sanguíneos provoca la caída
de la presión arterial; cuando se contraen, la presión
arterial aumenta.
Determinados sensores, particularmente los que se
hallan en el cuello y en el tórax, controlan constantemente la
presión arterial. Cuando detectan un cambio causado por la acción
de uno de estos tres factores, los sensores provocan a su vez una modificación
en alguno de los otros factores para compensar tal cambio y, de esta
manera, mantener la presión estable. Los nervios conducen señales
desde estos sensores y desde los centros del cerebro hacia varios de
los órganos clave:
El corazón, para modificar la frecuencia
y fuerza de los latidos (de esta manera se modifica la cantidad de sangre
bombeada).
Los riñones, para regular la excreción
de agua (y por tanto, para modificar el volumen de la sangre en circulación).
Los vasos sanguíneos, para que se contraigan
o dilaten (es decir, cambiando su capacidad).
Por lo tanto, si los vasos sanguíneos se
dilatan y se reduce la presión arterial, los sensores inmediatamente
envían señales a través del cerebro al corazón
para que éste incremente la frecuencia de sus pulsaciones, con
lo cual aumentará la expulsión de sangre. En consecuencia,
la presión arterial sufrirá pocos cambios o ninguno. Sin
embargo, estos mecanismos de compensación tienen limitaciones.
Por ejemplo, en caso de hemorragia, la frecuencia cardíaca aumenta,
se incrementa la expulsión de sangre y los vasos sanguíneos
se contraen y reducen su capacidad. No obstante, si se pierde una gran
cantidad de sangre rápidamente, los mecanismos de compensación
son insuficientes y la presión arterial disminuye. Si la hemorragia
se detiene, el resto de los líquidos del organismo tiende a entrar
en la circulación sanguínea, se recupera el volumen y
la presión sube. Finalmente, se producen nuevas células
y el volumen de la sangre se restaura totalmente. Así mismo,
una transfusión de sangre permite recuperar el volumen de la
sangre rápidamente.
La hipotensión arterial también puede
ser el resultado de un mal funcionamiento en los mecanismos que mantienen
la presión arterial. Por ejemplo, si existe un trastorno en la
capacidad de los nervios para conducir señales, los mecanismos
de control de compensación pueden no funcionar correctamente.
Hipotensión: cómo ayudar
al paciente
El hecho de levantar las piernas puede ayudar
a la recuperación de los episodios de hipotensión,
al aumentar el flujo al corazón y al cerebro.
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Desmayo
El desmayo (síncope) es una pérdida
súbita y breve de la consciencia.
Es un síntoma debido a un aporte inadecuado
de oxígeno y otros nutrientes al cerebro, por lo general causado
por una disminución temporal del flujo sanguíneo. Esta
disminución puede producirse siempre que el organismo no pueda
compensar rápidamente un descenso brusco de la presión
arterial. Por ejemplo, si un paciente tiene un ritmo cardíaco
anómalo, el corazón puede ser incapaz de aumentar suficientemente
el volumen de expulsión de sangre como para compensar la disminución
de la presión arterial. Estas personas en reposo no tendrán
síntomas, pero, en cambio, sufrirán desmayos cuando hagan
algún esfuerzo porque la demanda de oxígeno del organismo
aumenta bruscamente: es el denominado síncope de esfuerzo. Con
frecuencia, el desmayo se produce después de realizar un esfuerzo
porque el corazón es apenas capaz de mantener una presión
arterial adecuada durante el ejercicio; cuando el ejercicio se interrumpe,
la frecuencia cardíaca comienza a disminuir, pero los vasos sanguíneos
de los músculos permanecen dilatados para eliminar los productos
metabólicos de desecho. La combinación de la reducción
del volumen de expulsión del corazón junto al aumento
de la capacidad de los vasos sanguíneos hace que la presión
arterial descienda y que la persona se desmaye.
Obviamente, el volumen de sangre disminuye en caso
de hemorragia. Pero esto también sucede cuando la persona se
deshidrata por situaciones como diarrea, sudación excesiva y
micción desmesurada, lo cual a menudo sucede en la diabetes no
tratada o en la enfermedad de Addison.
El desmayo también puede producirse cuando
los mecanismos de compensación se ven interferidos por señales
enviadas a través de los nervios desde otras partes del organismo.
Por ejemplo, un retortijón intestinal puede enviar una señal
al corazón, a través del nervio vago, que retarda la frecuencia
cardíaca lo suficiente como para causar un desmayo. Este tipo
de desmayo se denomina síncope vasomotor o vasovagal. Muchas
otras señales (como otros dolores, el miedo y el hecho de ver
sangre) pueden provocar este tipo de desmayos.
El desmayo motivado por la tos (síncope tusígeno)
o la micción (síncope miccional) habitualmente se produce
cuando la cantidad de sangre que vuelve al corazón disminuye
durante el esfuerzo. El síncope miccional es particularmente
frecuente en los ancianos. Un síncope durante la deglución
puede aparecer en personas con enfermedades del esófago.
La causa del desmayo también puede ser una
disminución en el número de glóbulos rojos (anemia),
una disminución en la concentración de azúcar en
la sangre (hipoglucemia) o una disminución en los valores del
anhídrido carbónico en la sangre (hipocapnia) por una
respiración rápida (hiperventilación). A veces,
la ansiedad se acompaña de hiperventilación. Cuando la
concentración de anhídrido carbónico disminuye,
los vasos sanguíneos del cerebro se contraen y puede aparecer
una sensación de desvanecimiento sin que se llegue a perder la
consciencia. El síncope del levantador de pesas es consecuencia
de la hiperventilación antes del ejercicio.
En casos raros, sobre todo en ancianos, el desmayo
puede formar parte de un ictus leve en el que el flujo de sangre hacia
una parte del cerebro disminuye de forma brusca.
Síntomas
Cuando la persona está de pie, previamente
al desmayo, puede notar vértigos o mareos ligeros. Cuando cae
al suelo, la presión arterial aumenta en parte porque la persona
está tendida y, a menudo, porque la causa del síncope
ya pasó. Levantarse demasiado rápido puede provocar un
nuevo desmayo.
Cuando la causa es una arritmia, el desmayo aparece
y desaparece bruscamente. En ocasiones, se experimentan palpitaciones
(percepción de los latidos cardíacos) justo antes del
desvanecimiento.
El síncope ortostático se produce
cuando una persona se incorpora o se levanta demasiado rápidamente.
Una forma similar de desmayo, llamada síncope de "las paradas
militares", acontece cuando una persona está de pie inmóvil
durante mucho tiempo en un día caluroso. Como en esta situación
los músculos de las piernas no están siendo utilizados,
no empujan la sangre hacia el corazón y, en consecuencia, ésta
se estanca en las venas de las piernas y la presión arterial
desciende repentinamente.El síncope vasovagal se produce cuando
una persona está sentada o de pie y es precedido frecuentemente
por náuseas, debilidad, bostezos, visión borrosa y sudación.
Se observa palidez extrema, el pulso se vuelve muy lento y la persona
se desmaya.
El desmayo que comienza gradualmente, que va precedido
de síntomas de alarma y que desaparece poco a poco, sugiere alteraciones
en los compuestos químicos de la sangre, como una disminución
de la concentración de azúcar (hipoglucemia) o de la tasa
de anhídrido carbónico (hipocapnia) causada por una hiperventilación.
La hipocapnia a menudo va precedida de una sensación de hormigueo
y malestar en el pecho.
El desmayo histérico no es un verdadero síncope.
La persona sólo aparenta estar inconsciente, pero no presenta
anomalías en la frecuencia cardíaca o en la presión
arterial y no suda ni se vuelve pálida.
Diagnóstico
En primer lugar, es necesario determinar la
causa subyacente del desvanecimiento, ya que algunas causas son más
graves que otras. Las enfermedades del corazón, como un ritmo
cardíaco anómalo o una estenosis aórtica, pueden
ser mortales; otros trastornos son mucho menos preocupantes.
Los factores que facilitan el diagnóstico
son la edad de comienzo de los episodios de desmayo, las circunstancias
en que se producen, las señales de alarma antes del episodio
y las maniobras que ayudan a que la persona se recupere (como acostarse,
contener el aliento o beber zumo de naranja). Las descripciones que
aporten los testigos sobre el episodio pueden ser útiles. El
médico también necesita saber si la persona tiene cualquier
otra dolencia y si está tomando algún fármaco,
sea o no bajo prescripción médica.
Es posible reproducir un episodio de desmayo en
condiciones seguras, por ejemplo, indicando al paciente que respire
rápida y profundamente. O, mientras se supervisa el ritmo cardíaco
con un electrocardiograma (ECG), el médico puede presionar suavemente
el seno carotídeo (una parte de la arteria carótida interna
que contiene sensores que controlan la presión arterial).
Un electrocardiograma puede indicar una enfermedad
cardíaca o pulmonar subyacente. Para hallar la causa del síncope,
se emplea un monitor Holter, un pequeño dispositivo que registra
los ritmos cardíacos durante 24 horas mientras el paciente realiza
normalmente sus actividades diarias. Si la arritmia coincide con un
episodio de desmayo, es probable (pero no seguro) que sea la causa del
mismo.
Otras pruebas, como el ecocardiograma (una técnica
que produce imágenes utilizando ultrasonidos), pueden poner de
manifiesto anomalías cardíacas estructurales o funcionales.
Por otro lado, los análisis de sangre pueden detectar una baja
concentración de azúcar en la sangre (hipoglucemia) o
un número reducido de glóbulos rojos (anemia). Para diagnosticar
una epilepsia (que en algunas ocasiones se confunde con un desmayo),
puede realizarse un electroencefalograma, una prueba que muestra los
patrones de las ondas eléctricas cerebrales.
Tratamiento
Habitualmente, es suficiente el hecho de estar
acostado para recobrar el conocimiento. La elevación de las piernas
puede acelerar la recuperación, ya que aumenta el flujo de sangre
al corazón y al cerebro. Si la persona se incorpora demasiado
rápidamente o es sostenida o transportada en una posición
erguida, se puede producir otro episodio de desmayo.
En las personas jóvenes que no tienen enfermedades
cardíacas, los desmayos en general no son graves y no se necesitan
pruebas de diagnóstico extensas ni tratamiento. Sin embargo,
en los ancianos, los síncopes pueden ser motivados por varios
problemas interrelacionados que impiden que el corazón y los
vasos sanguíneos reaccionen ante una disminución de la
presión arterial. El tratamiento depende de la causa.
Para corregir una frecuencia cardíaca demasiado
lenta, puede implantarse quirúrgicamente un marcapasos, que consiste
en un dispositivo electrónico que estimula los latidos. Para
retardar un ritmo cardíaco demasiado rápido pueden utilizarse
fármacos. Si el problema es una alteración del ritmo (el
corazón late irregularmente de vez en cuando), puede recurrirse
a la implantación de un desfibrilador. También se pueden
tratar otras causas de desmayo (como hipoglucemia, anemia o un bajo
volumen de sangre). La intervención quirúrgica debe considerarse
cuando el síncope se debe a una valvulopatía, independientemente
de la edad de la persona.
Hipotensión ortostática
La hipotensión ortostática es
una reducción excesiva de la presión arterial al adoptar
la posición vertical, lo que provoca una disminución del
flujo sanguíneo al cerebro y el consiguiente desmayo.
La hipotensión ortostática no es una
enfermedad específica, sino más bien una incapacidad de
regular la presión arterial rápidamente. Puede deberse
a diversas causas.
Cuando una persona se levanta bruscamente, la gravedad
hace que una parte de la sangre se estanque en las venas de las piernas
y en la parte inferior del cuerpo. La acumulación reduce la cantidad
de sangre que vuelve al corazón y, por tanto, la cantidad bombeada.
La consecuencia de ello es un descenso de la presión arterial.
Ante esta situación, el organismo responde rápidamente:
el corazón late con más rapidez, las contracciones son
más fuertes, los vasos sanguíneos se contraen y se reduce
su capacidad. Cuando estas reacciones compensadoras fallan o son lentas,
se produce la hipotensión ortostática.
Los episodios de hipotensión ortostática,
habitualmente, se producen por efectos secundarios de los fármacos,
sobre todo los que se administran para combatir problemas cardiovasculares
y, en especial, en los ancianos. Por ejemplo, los diuréticos,
especialmente los potentes en dosis elevadas, pueden reducir el volumen
de la sangre debido a que eliminan líquido del organismo y, por
tanto, reducen la presión arterial. Los fármacos que dilatan
los vasos sanguíneos (como los nitratos, los antagonistas del
calcio y los inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina)
aumentan la capacidad de los vasos y por ello también disminuyen
la presión arterial. Las hemorragias o una excesiva pérdida
de líquidos por vómitos intensos, diarrea, sudación
excesiva, diabetes no tratada o enfermedad de Addison, pueden provocar
una reducción del volumen de sangre circulante. Los sensores
arteriales que desencadenan las respuestas compensadoras a veces se
deterioran por la acción de ciertos fármacos, como los
barbitúricos, el alcohol y los fármacos utilizados para
tratar la hipertensión arterial y la depresión. Las enfermedades
que lesionan los nervios que regulan el diámetro de los vasos
sanguíneos pueden también causar hipotensión ortostática.
Estas lesiones son una complicación frecuente de la diabetes,
la amiloidosis y las lesiones de la médula espinal.
Síntomas y diagnóstico
Las personas que padecen hipotensión
ortostática, generalmente, experimentan desmayos, ligeros mareos,
vértigo, confusión o visión borrosa cuando se levantan
de la cama bruscamente o se incorporan tras haber estado sentadas mucho
tiempo. La fatiga, el ejercicio, el alcohol o una comida copiosa pueden
agravar los síntomas. Una pronunciada reducción del flujo
de sangre al cerebro puede provocar un síncope e incluso convulsiones.
Cuando se producen estos síntomas, el médico
puede diagnosticar una hipotensión ortostática. El diagnóstico
puede confirmarse si la presión arterial desciende de forma significativa
cuando el paciente se levanta y vuelve a la normalidad cuando se acuesta.
El médico debe entonces intentar determinar la causa de la hipotensión
ortostática.
Pronóstico y
tratamiento
Un diabético con hipertensión
arterial tendrá un pronóstico más grave si también
padece hipotensión ortostática. Cuando la causa de la
hipotensión ortostática es una disminución del
volumen de sangre, un fármaco en particular o una dosis determinada
de un medicamento, el trastorno puede ser corregido rápidamente.Cuando
no existe tratamiento para la causa de la hipotensión ortostática,
a menudo es posible eliminar o reducir los síntomas. Las personas
propensas a esta afección no deberían incorporarse o ponerse
de pie bruscamente ni permanecer de pie inmóviles durante mucho
tiempo. Si la hipotensión arterial es provocada por una acumulación
de sangre en las piernas, las medias de compresión elásticas
pueden ser de utilidad. Cuando la hipotensión ortostática
es el resultado de un reposo prolongado en la cama, es posible mejorar
la situación si se va aumentando paulatinamente el tiempo que
se permanece sentado.
Para evitar una disminución de la presión
arterial se puede administrar la efedrina o la fenilefrina. El volumen
sanguíneo también puede aumentarse incrementando el consumo
de sal y, si fuera necesario, ingiriendo hormonas que causen la retención
de ésta, como la fludrocortisona. En personas que no padecen
insuficiencia cardíaca o hipertensión arterial, se recomienda
añadir sal a sus comidas libremente o tomar comprimidos de sal.
Los ancianos con hipotensión ortostática deberían
beber mucho líquido y poco o nada de alcohol. No obstante, debido
a la retención de sal y de líquidos, una persona puede
aumentar rápidamente de uno a dos kilogramos de peso y desarrollar
una insuficiencia cardíaca por culpa de esta dieta rica en sal,
sobre todo la gente mayor. Si estas medidas no son eficaces, otros fármacos
(como el propranolol, la dihidroergotamina, la indometacina y la metoclopramida)
pueden ayudar a evitar la hipotensión ortostática, aunque
a costa de un elevado riesgo de efectos secundarios.