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TRASTORNOS DEL APARATO RESPIRATORIO
CAPITULO 44
Trastornos de la pleura
La pleura es una fina membrana transparente que recubre
los pulmones y que además reviste el interior de la pared torácica.
La superficie que recubre los pulmones se encuentra en contacto con
la que reviste la pared torácica. Entre las dos superficies flexibles
hay una pequeña cantidad de líquido que las humedece y
así se deslizan uniformemente una sobre la otra con cada movimiento
respiratorio. El aire, la sangre, un líquido u otr
as
materias pueden introducirse entre las capas de la pleura. Cuando se
acumula demasiada materia, puede que uno o ambos pulmones pierdan la
elasticidad para expandirse normalmente con la respiración, lo
que produce un colapso pulmonar.
Pleuresía
La pleuresía es una inflamación
de la pleura.
La pleuresía se produce cuando un agente
(por lo general un virus o una bacteria) irrita la pleura, causando
una inflamación. La pleuresía puede ser seca (pleuritis
seca) o acompañada de exudación de líquido dentro
de la cavidad pleural (derrame pleural). Una vez que desaparece la inflamación,
la pleura puede volver a la normalidad o bien pueden producirse adherencias
que hacen que las capas de la pleura se peguen entre sí.
Síntomas y diagnóstico
El síntoma más frecuente de
la pleuresía es el dolor torácico, que por lo general
comienza de repente. El dolor varía desde un malestar vago a
un intenso dolor punzante. La persona puede sentir el dolor sólo
cuando respira profundamente o tose, o bien puede tener un dolor persistente
que empeora con la respiración profunda y la tos. La inflamación
de la membrana pleural externa es la causa del dolor que generalmente
se siente en la pared del tórax justo en el sitio de la inflamación.
Sin embargo, el dolor se puede sentir también, o solamente, en
el abdomen o en el cuello y en los hombros (dolor reflejo).
La respiración puede ser rápida y
poco profunda porque respirar profundamente produce dolor; los músculos
del lado que duele se mueven menos que los del lado normal. Si se acumula
una gran cantidad de líquido, pueden separarse las capas de la
pleura y de este modo el dolor torácico desaparece. La gran acumulación
de líquido puede causar dificultad en la expansión de
uno o de ambos pulmones al respirar, provocando distrés respiratorio.
| Dos planos de la pleura
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El diagnóstico de la pleuresía es habitualmente
fácil porque el dolor es característico. Al auscultar
al paciente, el médico puede escuchar con el fonendoscopio un
sonido chirriante, llamado roce pleural. Aun cuando no se ve la pleuresía
en la radiografía, puede observarse quizás una fractura
de costilla, una evidencia de una enfermedad pulmonar, o una pequeña
acumulación de líquido en la cavidad pleural.
Tratamiento
El tratamiento de la pleuresía depende
de su causa. Cuando es una infección por bacterias, por ejemplo,
se prescriben antibióticos. Si la causa es una infección
por virus, no se necesita ningún tratamiento para la infección.
Si es una enfermedad autoinmune, su tratamiento suele mejorar la pleuresía.
Los analgésicos como el paracetamol o el
ibuprofeno pueden por lo general aliviar el dolor torácico, independientemente
de la causa de la pleuresía.
La codeína y otros narcóticos son
analgésicos más fuertes, pero no son aconsejables porque
tienden a suprimir la tos, lo que no es recomendable porque la respiración
profunda y la tos ayudan a prevenir la neumonía. Por esa razón,
se
recomienda al paciente con
pleuresía que respire profundamente y tosa tan pronto disminuya
el dolor. La tos puede también ser menos dolorosa cuando el propio
paciente o un ayudante mantienen una almohada firmemente apoyada contra
la parte dolorosa del tórax. Vendar todo el tórax con
bandas elásticas amplias y no adhesivas alivia el dolor torácico
agudo. Sin embargo, el vendaje del tórax para reducir la expansión
durante la respiración aumenta el riesgo de neumonía.
Derrame pleural
El derrame pleural es la acumulación
anormal de líquido en la cavidad pleural.
Normalmente, sólo una capa fina de líquido
separa las dos membranas de la pleura. Una cantidad excesiva de líquido
puede acumularse por varios motivos, como la insuficiencia cardíaca,
la cirrosis hepática y la neumonía.
Los otros tipos de líquido que se pueden
acumular en la cavidad pleural pueden ser sangre, pus, líquido
lechoso y un líquido alto en colesterol.
La sangre en la cavidad pleural (hemotórax)
es generalmente el resultado de una herida en el tórax. En raras
ocasiones, puede un vaso sanguíneo romperse dentro de la cavidad
pleural o una zona dilatada de la aorta (aneurisma aórtico) derramar
sangre en dicha cavidad. La hemorragia puede también ser causada
por la coagulación defectuosa de la sangre. Debido a que la sangre
en la cavidad pleural no se coagula completamente, es relativamente
fácil para un médico extraerla mediante una aguja o un
tubo torácico.
El pus en la cavidad pleural (empiema) puede acumularse
cuando la neumonía o el absceso pulmonar se derrama en la cavidad
pleural. El empiema puede ser una complicación de una neumonía
o bien una consecuencia de una infección de una herida en el
tórax, de una cirugía de tórax, de la rotura del
esófago o de un absceso en el abdomen.
Derrame pleural
Dibujo esquemático de la imagen radiográfica
del derrame pleural (forma de curva cóncava hacia arriba).
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El líquido lechoso
en la cavidad pleural (quilotórax) es causado por una lesión
de los principales conductos linfáticos del tórax (conducto
torácico) o por la obstrucción del conducto causada por
un tumor.
El líquido alto en colesterol en la cavidad
pleural es el resultado de un derrame pleural de mucho tiempo de evolución,
como el causado por la tuberculosis o por la artritis reumatoide.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas más frecuentes,
independientemente del tipo de líquido en la cavidad pleural
o de su causa, son ahogo y dolor de pecho. Sin embargo, muchos individuos
con derrame pleural no manifiestan ningún síntoma.
Una radiografía de tórax, que muestra
el líquido, es generalmente el primer paso para el diagnóstico.
La tomografía computadorizada (TC) muestra más claramente
el pulmón y el líquido y puede revelar la presencia de
una neumonía, un absceso de pulmón o un tumor. Una ecografía
puede ayudar al médico a localizar una pequeña acumulación
de líquido, con el fin de extraerla.
Casi siempre se extrae una muestra de líquido
para su examen mediante una aguja (procedimiento denominado toracocentesis).
El aspecto del líquido puede ayudar a determinar la causa del
derrame. Ciertos exámenes complementarios evalúan la composición
y determinan la presencia de bacterias o de hongos. La muestra se examina
además para establecer el número y los tipos de células
y la presencia de células cancerígenas.
Cuando estas pruebas no pueden identificar la causa
del derrame, es necesario realizar una biopsia de la pleura. Utilizando
una aguja de biopsia, el médico extrae una muestra de la capa
externa de la pleura para su análisis. Si la muestra es demasiado
pequeña para un diagnóstico preciso, se debe tomar una
muestra de tejido con una pequeña incisión en la pared
torácica (procedimiento llamado biopsia pleural abierta). A veces
se obtiene una muestra usando un toracoscopio (un tubo de observación
que permite al médico examinar la cavidad pleural y sacar muestras).
En algunas ocasiones, una broncoscopia (un examen
visual directo de las vías aéreas a través de un
tubo de observación) ayuda al médico a encontrar la fuente
del líquido. En el 20 por ciento de los derrames pleurales, la
causa nunca se encuentra, aun después de numerosas pruebas.
Tratamiento
Un leve derrame pleural puede requerir solamente
el tratamiento de la causa subyacente. Los derrames mayores, especialmente
los que provocan ahogo, pueden requerir la evacuación (drenaje)
del líquido. Por lo general, el drenaje alivia el ahogo de un
modo espectacular. Con frecuencia, se puede extraer líquido utilizando
la toracocentesis, una punción quirúrgica para evacuar
líquido de la pleura por medio de una pequeña aguja (o
catéter) que se introduce en la cavidad pleural. Aunque la toracocentesis
se practica por lo general a efectos de diagnóstico, el médico
puede extraer hasta l,5 litros de líquido a la vez, usando este
procedimiento.
Cuando se debe extraer gran cantidad de líquido,
se puede introducir un tubo a través de la pared del tórax.
Tras haber insensibilizado la zona con anestesia local, el médico
introduce un tubo de plástico dentro del tórax entre dos
costillas. A continuación, conecta el tubo a un sistema de drenaje
sellado que impide que el aire entre en la cavidad pleural. Entonces
se realiza una radiografía de tórax para controlar la
posición del tubo. El drenaje se puede obstruir si el tubo torácico
no se coloca correctamente o si se dobla. Cuando el líquido es
muy espeso o está lleno de coágulos, el procedimiento
puede no ser eficaz.
Una acumulación de pus proveniente de una
infección (empiema) requiere un tratamiento con antibióticos
administrados por vía intravenosa y un drenaje del líquido.
La tuberculosis o la coccidioidomicosis requieren un tratamiento prolongado
con antibióticos. Cuando el pus es muy espeso o se han formado
compartimentos entre zonas fibrosas, el drenaje se dificulta, por lo
que puede ser preciso cortar una parte de la costilla para que se pueda
introducir un tubo más grande. En casos raros, puede ser necesario
efectuar una intervención quirúrgica para quitar la capa
externa de la pleura (decorticación).
La acumulación de líquido provocada
por los tumores de la pleura puede ser difícil de tratar debido
a la rápida y nueva acumulación del líquido. El
drenaje y la administración de fármacos que impiden el
crecimiento de tumores, previenen a veces la ulterior acumulación
de líquido. Pero si el líquido se sigue acumulando, puede
ser útil sellar la cavidad pleural.
Todo el líquido se drena a través
de un tubo, que luego se usa para administrar un irritante pleural,
como una solución de doxiciclina o talco, dentro del espacio.
La sustancia irritante sella las dos capas de la
pleura entre sí, de modo que no quede espacio para que se siga
acumulando el líquido.
En caso de que penetre sangre en la cavidad pleural,
por lo general, lo único que se hace es drenarla a través
de un tubo, siempre y cuando se haya interrumpido la hemorragia.
Los fármacos que ayudan a eliminar los coágulos
sanguíneos, como la estreptoquinasa y estreptodornasa, se pueden
administrar a través del tubo de drenaje. Si la hemorragia continúa
o en caso de no poderse extraer la acumulación de forma adecuada
con un tubo, una intervención quirúrgica puede ser necesaria.
El tratamiento del quilotórax está
dirigido a la reparación de los daños producidos en el
conducto linfático. Dicho tratamiento consiste en la cirugía
o en el tratamiento con fármacos contra un cáncer que
está obstruyendo el flujo linfático.
Neumotórax
Un neumotórax es una acumulación
de aire en la cavidad pleural.
El neumotórax puede producirse por motivos
no identificables; los médicos lo llaman un neumotórax
espontáneo. Un neumotórax puede también ser consecuencia
de una lesión o de un procedimiento clínico que permite
que se introduzca aire dentro de la cavidad pleural, como en el caso
de la toracocentesis. Los respiradores pueden lesionar los pulmones
por la presión que ejercen, produciéndose un neumotórax.
Ello es más frecuente en personas que padecen el síndrome
de distrés respiratorio del adulto, puesto que necesitan un respirador
artificial de alta presión para poder sobrevivir.
Normalmente, la presión en la cavidad pleural
es inferior a la presión interna de los pulmones. Cuando el aire
penetra en la cavidad pleural, la presión en la pleura se vuelve
mayor que la presión interna de los pulmones y el pulmón
se colapsa de forma parcial o completa. A veces, la mayoría de
los colapsos pulmonares produce ahogo inmediato y agudo.
El neumotórax espontáneo simple es
causado, en general, por la rotura de una pequeña zona debilitada
del pulmón. El proceso es más frecuente entre los varones
menores de 40 años. Los casos de neumotórax espontáneo
simple no son, por lo general, consecuencia de un esfuerzo. Algunos
de ellos se producen durante la inmersión o durante el vuelo
a grandes alturas, aparentemente por los cambios de presión en
los pulmones. La mayoría de las personas se recupera totalmente.
Neumotórax
En el neumotórax existe una acumulación
de aire entre las dos capas de la pleura.
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El neumotórax espontáneo
complicado se produce en las personas que padecen una enfermedad pulmonar
extensa. A menudo, este tipo de neumotórax es el resultado de
la rotura de una ampolla (vesícula grande de 2 cm o más
de diámetro), sobre todo en las personas de edad avanzada que
padecen enfisema. El neumotórax espontáneo complicado
puede también presentarse en las personas que padecen otras afecciones
pulmonares, como fibrosis quística, granuloma eosinófilo,
absceso de pulmón, tuberculosis y neumonía por Pneumocystis
carinii. Debido a la enfermedad pulmonar subyacente, los síntomas
y las consecuencias generalmente empeoran en el neumotórax espontáneo
complicado.
El neumotórax a tensión es una forma
grave y potencialmente mortal de neumotórax. En esta enfermedad,
los tejidos que circundan la zona por donde el aire está penetrando
en la cavidad pleural, actúan como una válvula de una
sola vía, permitiendo la entrada de aire pero no su salida. Esta
situación provoca una presión tan elevada en la cavidad
pleural que el pulmón completo se colapsa y el corazón
y otras estructuras del mediastino son empujados hacia el lado opuesto
del tórax. Si el neumotórax a tensión no se trata
rápidamente, puede causar la muerte en pocos minutos.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas varían mucho y
dependen de la cantidad de aire que ha penetrado en la cavidad pleural
y de la porción del pulmón que se ha colapsado. Pueden
consistir en una falta leve de aliento o un dolor torácico o
bien un ahogo grave, un shock y un paro cardíaco potencialmente
mortal. Muy a menudo, comienzan de repente los dolores punzantes de
pecho y el ahogo y, a veces, una tos seca. Se puede sentir dolor en
el hombro, el cuello o el abdomen. Los síntomas tienden a ser
menos importantes en un neumotórax de desarrollo lento que en
uno de desarrollo rápido. Con excepción de un neumotórax
muy grande o de un neumotórax a tensión, los síntomas
generalmente desaparecen a medida que el organismo se adapta al colapso
del pulmón y que éste comienza lentamente a inflarse de
nuevo.
Una exploración física
puede generalmente confirmar el diagnóstico. Con el fonendoscopio
el médico ausculta el tórax y puede notar que una parte
no transmite el sonido normal de la respiración. La tráquea,
una vía respiratoria grande que pasa por la parte anterior del
cuello, puede ser desviada hacia un lado a causa de un colapso de pulmón.
Una radiografía de tórax muestra la acumulación
de aire y el colapso del pulmón.
Tratamiento de un neumotórax
Tratamiento de un neumotórax con un
tubo insertado en el espacio pleural. Este tubo comunica en
uno de sus extremos con un sistema de drenaje constituido por
una botella que contiene cierto volumen de agua. De tal suerte,
el aire contenido en el espacio pleural sale a través
del tubo.
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Tratamiento
Un neumotórax pequeño habitualmente
no requiere tratamiento. Generalmente no provoca trastornos importantes
de la respiración y el aire se absorbe en pocos días.
La absorción completa de un neumotórax más grande
puede llevar de 2 a 4 semanas; sin embargo, se puede extraer el aire
más rápidamente, mediante la inserción de un tubo
torácico en el neumotórax. Cuando el neumotórax
es lo suficientemente grande como para dificultar la respiración,
se necesita un tubo torácico. El tubo se conecta a un sistema
de drenaje sellado o a una válvula de una sola vía que
deja salir el aire sin que refluya. Se puede conectar al tubo una bomba
de aspiración si el aire sigue escapándose a través
de una conexión anormal (fístula) entre una vía
respiratoria y la cavidad pleural.
En algunas ocasiones, es necesaria la cirugía.
Frecuentemente, la cirugía se realiza con un toracoscopio introducido
a través de la pared torácica dentro de la cavidad pleural.
Un neumotórax recidivante puede causar una
incapacidad considerable. En individuos de alto riesgo, por ejemplo
los buzos y los pilotos de avión, la cirugía es la opción
a tomar en cuenta desde el primer episodio de neumotórax. En
personas que padecen de neumotórax incurable o de neumotórax
que se manifiesta dos veces en el mismo lado, se practica una intervención
quirúrgica para eliminar la causa del problema. En un neumotórax
espontáneo complicado con un persistente escape de aire dentro
del espacio pleural o en un neumotórax recidivante, la enfermedad
pulmonar subyacente puede ser una contraindicación para la cirugía.
A menudo, se suele sellar el espacio pleural administrando doxiciclina
a través de un tubo torácico mientras que el aire es evacuado.
En un neumotórax a tensión, la extracción
urgente del aire puede evitar la muerte. El aire se aspira de inmediato
utilizando una jeringa grande que se conecta a una aguja introducida
dentro del tórax. A continuación, se introduce separadamente
un tubo para drenar el aire de forma continua.