SECCION 7 >
TRASTORNOS MENTALES
CAPITULO 82
Trastornos somatoformes
Los trastornos somatoformes engloban varios
trastornos psiquiátricos en los cuales las personas refieren
síntomas físicos pero niegan tener problemas psiquiátricos.
Trastorno somatoforme es un término relativamente
nuevo que se aplica a lo que mucha gente denomina trastorno psicosomático.
En los trastornos somatoformes, los síntomas físicos o
su gravedad y duración no pueden ser explicados por ninguna enfermedad
orgánica subyacente. Los trastornos somatoformes incluyen el
trastorno de somatización, el trastorno de conversión
y la hipocondría.
Los psiquiatras difieren considerablemente en sus
opiniones acerca del valor y la validez del uso de estas categorías
diagnósticas. Sin embargo, esta distinción de los diferentes
trastornos somatoformes ha proporcionado a los psiquiatras un medio
para describir la amplia variedad de síntomas que presentan estos
pacientes y para diferenciar los trastornos sobre la base de estas descripciones.
Las descripciones cuidadosas pueden ayudar a los psiquiatras a ordenar
los diferentes trastornos que así pueden ser mejor estudiados
científicamente.
Los trastornos somatoformes generalmente no tienen
una explicación clara. Los pacientes con un trastorno somatoforme
pueden ser muy diferentes entre sí. Debido a que no se sabe bien
por qué o cómo la gente desarrolla su sintomatología,
no hay modelos de tratamiento específicos y consensuados.
Somatización
La somatización es una enfermedad crónica
y grave caracterizada por la presencia de muchos síntomas físicos,
en particular de una combinación de dolor y de síntomas
de las esferas gastrointestinal, sexual y neurológica.
Las causas de la somatización son desconocidas.
A menudo se presenta como característica familiar. La gente con
este trastorno tiende también a tener trastornos de la personalidad
caracterizados por egocentrismo (personalidad narcisista) y una exagerada
dependencia de los demás (personalidad dependiente).

Los síntomas aparecen por vez primera en
la adolescencia o temprano en la edad adulta y se cree que ocurren predominantemente
en las mujeres. Los familiares varones de las mujeres con este trastorno
tienden a tener una alta incidencia de comportamiento socialmente inapropiado
y de alcoholismo.
Síntomas
Una persona con somatización presenta muchas
quejas difusas de carácter físico. Aunque puede afectar
a cualquier parte del cuerpo, los síntomas se expresan más
frecuentemente como dolores de cabeza, náuseas y vómitos,
dolor abdominal, menstruaciones dolorosas, cansancio, pérdidas
de consciencia, relaciones sexuales dolorosas y pérdida del deseo
sexual. Aunque los síntomas suelen ser primariamente físicos,
también pueden referir ansiedad y depresión. Las personas
con somatización describen sus síntomas de un modo dramático
y emotivo, refiriéndose a ellos a menudo como insoportables,
indescriptibles o lo peor imaginable.
Estas personas muestran una extremada dependencia
en sus relaciones sociales. Piden cada vez más ayuda y apoyo
emocional y pueden enfurecerse cuando sienten que no se satisfacen sus
necesidades. A menudo se les describe como exhibicionistas y seductores.
En un intento de manipular a los demás, pueden amenazar con suicidarse
o incluso intentarlo. A menudo están descontentos con la atención
médica que reciben y van de un médico a otro.
Los síntomas físicos parecen ser un
modo de pedir ayuda y atención. La intensidad y persistencia
de los síntomas reflejan el intenso deseo de la persona de ser
atendida en cada uno de los aspectos de su vida. Los síntomas
también parecen servir a otros propósitos, como permitir
que la persona eluda las responsabilidades de la vida adulta. Los síntomas
tienden a ser incómodos e impiden a la persona implicarse en
proyectos atractivos, lo que sugiere que también padece sentimientos
de incapacidad y de culpabilidad. Los síntomas impiden el disfrute
y a la vez actúan como castigo.
Diagnóstico
Las personas con somatización no son conscientes
de que su problema es básicamente psicológico y por ello
presionan a sus médicos para que les hagan estudios diagnósticos
y tratamientos. El médico se ve obligado a realizar muchas exploraciones
físicas y análisis para determinar si la persona tiene
un trastorno físico que explique los síntomas. Las interconsultas
con especialistas son frecuentes, aun cuando la persona haya desarrollado
una relación razonablemente satisfactoria con su médico.
Una vez que el médico determina que la alteración
es psicológica, la somatización puede ser distinguida
de otros trastornos psiquiátricos similares por su gran cantidad
de síntomas y su tendencia a persistir durante muchos años.
Al diagnóstico se añaden la naturaleza dramática
de las quejas y una conducta exhibicionista, dependiente, manipuladora
y, en ocasiones, suicida.
Pronóstico y tratamiento
La somatización tiende a fluctuar en su gravedad,
pero persiste toda la vida. Es rara la remisión completa de los
síntomas durante períodos largos. Algunas personas se
vuelven más manifiestamente deprimidas con el paso de los años
y sus referencias al suicidio se hacen más amenazadoras. El suicidio
es un riesgo real.
El tratamiento es extremadamente difícil.
La gente con trastorno de somatización tiende a tener sentimientos
de frustración y a encolerizarse ante cualquier sugerencia con
respecto al carácter psicológico de sus síntomas.
Por lo tanto, los médicos no pueden tratar el problema directamente
como de orden psicológico, aun reconociéndolo como tal.
Los fármacos no son de gran ayuda, e incluso aunque la persona
acceda a una consulta psiquiátrica, las técnicas de psicoterapia
específicas tienen pocas posibilidades de éxito. Generalmente,
el mejor tratamiento es una relación médico-paciente relajada,
firme y de apoyo, donde el médico ofrece alivio sintomático
y protege a la persona de posibles procedimientos diagnósticos
o terapéuticos muy costosos y posiblemente peligrosos. Sin embargo,
el médico debe permanecer alerta ante la posibilidad de que la
persona desarrolle una enfermedad orgánica.
Conversión
En la conversión, los síntomas físicos
consecuencia de un conflicto psicológico se asemejan a los de
una enfermedad neurológica u otros problemas.
Los síntomas de la conversión son
claramente causados por el estrés y por los conflictos psicológicos
que las personas, de una manera inconsciente, convierten en síntomas
físicos. Aunque los trastornos de conversión tienden a
producirse durante la adolescencia o temprano en la edad adulta, pueden
aparecer a cualquier edad. Se piensa de alguna manera que esta situación
es más frecuente en mujeres que en varones.
Síntomas y diagnóstico
Por definición, los síntomas de la
conversión se limitan a aquellos que sugieren una disfunción
del sistema nervioso (generalmente la parálisis de un brazo o
de una pierna o la pérdida de sensibilidad en una parte del cuerpo).
Otros síntomas incluyen convulsiones simuladas y la pérdida
de alguno de los sentidos, como la visión o la audición.
Generalmente, el comienzo de los síntomas
se asocia a algún acontecimiento estresante de carácter
social o psicológico. Una persona puede sufrir un solo episodio
o tener episodios esporádicos, pero generalmente son de corta
duración. Cuando las personas con síntomas de conversión
son hospitalizadas, generalmente mejoran en dos semanas. Sin embargo,
de un 20 a un 25 por ciento tiene recaídas al cabo de un año.
El diagnóstico es difícil de realizar
al principio porque la persona cree que los síntomas se originan
en un problema físico y no quiere consultar a un psiquiatra.
Los médicos verifican cuidadosamente que los síntomas
no tienen una causa física.
Tratamiento
Para el tratamiento es esencial una relación
de confianza entre el médico y el paciente. Cuando el médico
descarta un trastorno físico y asegura a la persona que los síntomas
que padece no indican una enfermedad grave subyacente, ésta generalmente
comienza a sentirse mejor y los síntomas disminuyen. Cuando una
situación psicológicamente estresante ha precedido al
comienzo de los síntomas, la psicoterapia puede ser particularmente
eficaz.
Ocasionalmente, los síntomas de conversión
reaparecen con frecuencia e incluso pueden volverse crónicos.
Se han probado varios métodos de tratamiento (y algunos pueden
resultar de utilidad), aunque ninguno ha resultado uniformemente eficaz.
En la hipnoterapia, la persona es hipnotizada y se procede a identificar
y debatir las materias psicológicas que pueden ser responsables
de los síntomas. El debate continúa tras la hipnosis,
cuando la persona se encuentra totalmente alerta. Otros métodos
incluyen el narcoanálisis, que es un procedimiento similar a
la hipnosis excepto en que se administra un sedante para inducir un
estado de semisomnolencia. En algunas personas ha resultado eficaz la
terapia de modificación del comportamiento que incluye las técnicas
de relajación.
Hipocondría
La hipocondría es un trastorno en el cual
una persona refiere síntomas físicos y está especialmente
preocupada porque cree firmemente que corresponden a una enfermedad
grave.
Síntomas y diagnóstico
Las preocupaciones de la persona por la gravedad
de la enfermedad están basadas a menudo en una incorrecta interpretación
de las funciones normales del organismo. Por ejemplo, el ruido de los
intestinos y las sensaciones de distensión y de incomodidad que
a veces ocurren a medida que los fluidos avanzan a través del
tubo digestivo son normales. La gente con hipocondría utiliza
tales síntomas para explicar por qué creen
tener una enfermedad grave. El hecho de ser examinados y tranquilizados
por el médico no alivia sus preocupaciones; ellos tienden a creer
que éste no logró encontrar la enfermedad subyacente.
Se sospecha hipocondría cuando una persona
sana con síntomas menores está preocupada acerca de la
significación de estos síntomas y no reacciona ante explicaciones
tranquilizadoras después de una cuidadosa evaluación.
El diagnóstico de hipocondría se confirma cuando la situación
se mantiene durante años y los síntomas no pueden atribuirse
a la depresión u a otro trastorno psiquiátrico.
Tratamiento
El tratamiento es difícil porque una persona
con hipocondría está convencida de tener algo gravemente
alterado dentro de su cuerpo. Tranquilizarla no alivia estas preocupaciones.
Sin embargo, una relación de confianza con un médico atento
resulta beneficiosa, sobre todo si las visitas regulares se acompañan
de una actitud tranquilizadora hacia el paciente. Si los síntomas
no se alivian adecuadamente, puede consultarse a un psiquiatra para
su evaluación y tratamiento, contando con que continúe
el seguimiento por parte del médico de atención primaria.