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TRASTORNOS MENTALES
CAPITULO 85
Comportamiento suicida
El comportamiento suicida abarca los gestos
suicidas, los intentos de suicidio y el suicidio consumado. Los planes
de suicidio y las acciones que tienen pocas posibilidades de llevar
a la muerte son llamados gestos suicidas. Las acciones suicidas con
intención de muerte pero que no logran su propósito se
llaman intentos de suicidio. Algunas personas que intentan suicidarse
son descubiertas a tiempo y salvadas. Otras personas que intentan suicidarse
tienen sentimientos contradictorios acerca de la muerte y el intento
puede fallar porque en realidad es una petición de ayuda combinada
con un fuerte deseo de vivir. Finalmente, un suicidio consumado tiene
como resultado la muerte. Todos los pensamientos y los comportamientos
suicidas, ya se trate de gestos o de tentativas, deben ser tomados en
serio.
El comportamiento autodestructivo puede ser directo
o indirecto. Los gestos suicidas, los intentos de suicidio y el suicidio
consumado son ejemplos de comportamiento autodestructivo directo. El
comportamiento autodestructivo indirecto implica la participación,
generalmente de modo repetido, en actividades peligrosas sin que exista
una intención consciente de morir. Ejemplos de comportamiento
autodestructivo indirecto incluyen el abuso del alcohol y de las drogas,
el abuso del tabaco, el comer con exceso, el descuido de la propia salud,
la automutilación, el conducir un vehículo de modo temerario
y el comportamiento criminal. De las personas con comportamiento autodestructivo
indirecto se dice que tienen un deseo de muerte, pero generalmente
existen muchas razones para ese comportamiento.
Epidemiología
Como las estadísticas de suicidio se basan
principalmente en los certificados de defunción y en las pesquisas
judiciales, existe seguramente una subestimación de la verdadera
incidencia. Aun así, el suicidio se encuentra entre las 10 primeras
causas de muerte. El suicidio es la causa del 30 por ciento de las muertes
entre los estudiantes universitarios y del 10 por ciento de las muertes
en personas entre 25 y 34 años. Es la segunda causa de muerte
entre los adolescentes. Sin embargo, más del 70 por ciento de
las personas que se suicidan son mayores de 40 años y la frecuencia
aumenta dramáticamente en los mayores de 60 años, sobre
todo en los varones. Las tasas de suicidio son mayores en las áreas
urbanas que en las rurales.
En contraste, los intentos de suicidio son más
frecuentes antes de llegar a la mediana edad. Los intentos de suicidio
son particularmente frecuentes entre las adolescentes solteras y entre
los solteros alrededor de los 30 años. Aunque las mujeres intentan
suicidarse con una frecuencia tres veces mayor que los hombres, éstos
consuman el suicidio en una proporción cuatro veces mayor que
ellas.
Las personas casadas tienen menos probabilidades
de intentar o de llevar a cabo un suicidio que las personas separadas,
divorciadas o viudas que viven solas. Los suicidios son más frecuentes
entre los familiares de quienes han realizado un intento o se han suicidado.
Muchos suicidios ocurren en las cárceles,
particularmente entre los varones jóvenes que no han cometido
crímenes violentos. Estas personas generalmente se ahorcan, a
menudo durante la primera semana de cárcel. Los suicidios en
grupo, tanto si implican un gran número de personas como si sólo
son dos (como un par de enamorados o cónyuges), representan una
forma extrema de identificación con la otra persona. Los suicidios
de grandes grupos de gente tienden a ocurrir en situaciones con una
gran carga emocional o en los fanatismos religiosos que superan el fuerte
instinto de supervivencia.

Las tasas de suicidio entre abogados, dentistas,
médicos (especialmente del sexo femenino) y personal militar
son mayores que en la población general. La intoxicación
con fármacos es una forma frecuente de suicidio entre los médicos,
posiblemente porque pueden obtener los fármacos con facilidad
y saben cuál es la dosis letal.
El suicidio ocurre con menos frecuencia entre los
miembros practicantes de grupos religiosos (particularmente los católicos),
que generalmente se apoyan en sus creencias, tienen lazos sociales cercanos
que les protegen de la autodestrucción y además tienen
prohibido por sus creencias el cometer tal acto. Sin embargo, la afiliación
religiosa y las creencias profundas no impiden necesariamente la realización
de actos suicidas por motivos de frustración, ira y desesperación,
especialmente cuando se acompañan de sentimientos de culpabilidad
o de indignidad.
Una de cada seis personas que se suicida deja una
nota escrita. Las notas a menudo hacen referencia a relaciones personales
o a acontecimientos que deben suceder después de haber muerto
la persona. Las notas escritas por las personas de edad avanzada a menudo
expresan preocupaciones por los que dejan atrás, mientras que
las notas escritas por los jóvenes pueden ser de enfado o de
reivindicación. Una nota dejada por alguien que intenta suicidarse
pero no lo consigue indica que el intento fue premeditado; el riesgo
de que lo vuelva a intentar es, por lo tanto, elevado.
Causas
La conducta suicida generalmente resulta de la interacción
de varios factores:
- Trastornos mentales (fundamentalmente depresión
y abuso de sustancias).
- Factores sociales (desilusión, pérdida
y ausencia de apoyo social).
- Trastornos de la personalidad (impulsividad
y agresión).
- Una enfermedad orgánica incurable.
Más de la mitad de la gente que se suicida
está deprimida. Los problemas matrimoniales, una relación
amorosa rota o problemática o una reciente pérdida personal
(particularmente entre las personas de edad avanzada) pueden precipitar
la depresión. A menudo, un factor como la ruptura de una relación
personal, se considera la gota que desborda el vaso. La depresión
combinada con una enfermedad orgánica puede llevar a intentar
el suicidio. Una minusvalía física, especialmente si es
crónica o dolorosa, tiene mayor probabilidad de acabar en un
suicidio consumado. La enfermedad orgánica, especialmente aquella
que es grave, crónica y dolorosa, tiene un papel importante en
cerca del 20 por ciento de los suicidios entre las personas de edad
avanzada.
El suicidio es a menudo el acto final de una serie
de comportamientos autodestructivos. El comportamiento autodestructivo
es especialmente frecuente entre las personas con experiencias traumáticas
en su niñez, especialmente las que padecieron abusos o negligencia
o el sufrimiento de un hogar monoparental, quizás porque éstas
son más propensas a tener mayores dificultades en establecer
relaciones profundas y seguras. Los intentos de suicidio son más
probables entre mujeres maltratadas, muchas de las cuales también
sufrieron abusos de niñas.
El alcohol incrementa el riesgo de conducta suicida
porque agrava los sentimientos depresivos y disminuye el autocontrol.
Alrededor de la mitad de los que intentan el suicidio están intoxicados
en el momento de hacerlo. Puesto que el alcoholismo por sí mismo,
particularmente si hay ingestión exagerada de forma aguda, causa
a menudo sentimientos profundos de remordimiento en los periodos entre
una ingestión y otra, los alcohólicos son particularmente
propensos al suicidio incluso cuando están sobrios.
La autoagresión violenta puede ocurrir durante
un cambio de humor hacia una depresión profunda pero transitoria.
Los cambios de humor pueden estar causados por fármacos o por
enfermedades graves. Una persona que está experimentando un cambio
de su humor hacia la depresión es, con frecuencia, consciente
sólo de modo parcial, y probablemente después, recuerde
sólo vagamente su intento de suicidio. Los que padecen epilepsia,
especialmente aquellos con epilepsia del lóbulo temporal, con
frecuencia experimentan episodios depresivos breves pero intensos lo
que, unido a la disponibilidad de fármacos para tratar su enfermedad,
incrementa el factor de riesgo para la conducta suicida.
Además de la depresión, existen otros
trastornos mentales que aumentan el riesgo de suicidio. Por ejemplo,
los esquizofrénicos, particularmente los que también están
deprimidos (un problema bastante frecuente en la esquizofrenia), son
más propensos a intentar el suicidio que aquellos que no tienen
dicho trastorno. Los métodos de suicidio que eligen los esquizofrénicos
pueden ser insólitos y con frecuencia violentos. En la esquizofrenia
los intentos de suicidio acaban generalmente en la muerte. El suicidio
puede ocurrir en las primeras fases de la enfermedad y puede ser la
primera indicación clara de que la persona padecía esquizofrenia.
Las personas con trastornos de la personalidad están
también en riesgo de suicidarse, especialmente las inmaduras,
con poca tolerancia a la frustración y que reaccionan al estrés
de modo impetuoso con violencia y agresión. Estas personas pueden
beber alcohol en exceso, abusar de drogas o cometer actos criminales.
La conducta suicida se exacerba a veces por el estrés que inevitablemente
conlleva la ruptura de relaciones problemáticas y las cargas
que supone el establecer nuevas relaciones y estilos de vida. Otro aspecto
importante en los intentos de suicidio es el método de la ruleta
rusa, en el que la gente decide dejar que sea la suerte la que determine
el desenlace. Algunos individuos inestables encuentran emocionantes
las actividades peligrosas que implican flirtear con la muerte, como
conducir un vehículo de modo temerario o los deportes peligrosos.
Métodos
El método escogido por una persona para suicidarse
es a menudo determinado por la disponibilidad y por los factores culturales.
También puede reflejar la seriedad del intento, puesto que algunos
métodos, como saltar desde un edificio alto, hacen que sea virtualmente
imposible sobrevivir, mientras que otros, como la sobredosis farmacológica,
dejan abierta la posibilidad del rescate. Sin embargo, el usar un método
que demuestra no ser mortal no indica necesariamente que el intento
de la persona es menos serio.
La sobredosis de fármacos es el método
usado con más frecuencia en los intentos de suicidio. Dado que
los médicos no prescriben barbitúricos a menudo, ha descendido
el número de sobredosis con estos fármacos; sin embargo,
está aumentando el número de sobredosis con otros fármacos
psicotrópicos como los antidepresivos. La sobredosis de aspirina
ha descendido desde más del 20 por ciento de los casos hasta
aproximadamente el 10 por ciento. En cerca del 20 por ciento de los
suicidios se usan dos métodos o más o una combinación
de fármacos, lo que aumenta el riesgo de muerte.
Entre los suicidios consumados, el arma de fuego
es el método más usado en los países donde su tenencia
es legal. Es un método usado predominantemente por niños
y varones adultos. Las mujeres son más propensas a usar métodos
no violentos, como el envenenamiento (o la intoxicación farmacológica)
y la inmersión, aunque en los últimos años han
aumentado los suicidios por arma de fuego entre las mujeres. Los métodos
violentos, como las armas de fuego o los ahorcamientos, son poco utilizados
por aquellas personas que sólo quieren llamar la atención
porque generalmente conducen a la muerte.
Un acto suicida a menudo contiene evidencias de
agresión hacia otros, como puede verse en los asesinatos seguidos
por un suicidio y en la alta incidencia de suicidios entre los prisioneros
que cumplen condena por crímenes violentos.
Prevención
Cualquier acto o amenaza suicidas deben ser tomados
en serio. El 20 por ciento de las personas que intentan suicidarse repite
el intento en el plazo de un año. Todas las personas que realizan
gestos suicidas o que intentan suicidarse necesitan ser tratadas. Cerca
del 10 por ciento de todos los intentos de suicidio resultan mortales.
Aunque a veces un suicidio consumado o un intento
de suicidio se presenta como algo totalmente sorpresivo o chocante,
incluso para los familiares cercanos, los amigos y los compañeros,
generalmente existen signos premonitorios. En general, los que se suicidan
están deprimidos y por ende el paso práctico más
importante para prevenir el suicidio es diagnosticar y tratar correctamente
la depresión. Sin embargo, el riesgo de suicidio se incrementa
cerca del comienzo del tratamiento de la depresión, cuando la
persona se vuelve más activa y decidida pero aún sigue
deprimida.

Un buen cuidado psiquiátrico y social después
de un intento de suicidio es el mejor modo de prevenir nuevos intentos
de suicidio. Como mucha gente que se suicida ya había previamente
intentado hacerlo, se debe realizar un asesoramiento psiquiátrico
inmediatamente después del intento. El asesoramiento ayuda al
médico a identificar los problemas que contribuyeron al acto
y a planear un tratamiento apropiado.
Tratamiento de los intentos de suicidio
Mucha gente que intenta suicidarse es llevada todavía
inconsciente a un servicio de urgencias. Cuando se sabe que una persona
ha tomado una sobredosis de un fármaco o de un veneno, el médico
sigue los siguientes pasos:
- Retirar la máxima cantidad posible
del fármaco o del veneno del cuerpo de la persona, tratando de
impedir su absorción y acelerando su excreción.
- Controlar los signos vitales y tratar los
síntomas para mantener a la persona viva.
- Administrar un antídoto si se conoce
exactamente el fármaco que ha sido ingerido y si existe ese antídoto.
Aunque por lo general las personas se encuentran
físicamente bastante bien para ser dadas de alta tan pronto se
haya tratado la lesión, a menudo son hospitalizadas para recibir
asesoramiento y tratamiento psiquiátrico. Durante la valoración
psiquiátrica, la persona puede negar todo problema. Con bastante
frecuencia, la depresión grave que condujo al acto suicida es
seguida por un período corto de mejoría del humor, así
que raras veces se producen nuevos intentos suicidas inmediatamente
después del inicial. Sin embargo, el riesgo de otro intento de
suicidio es alto a menos que sean resueltos los problemas de la persona.
Existen variaciones tanto en el tiempo de estancia
en el hospital como en el tipo de tratamiento requerido. El enfermo
psiquiátrico grave generalmente es ingresado en la unidad psiquiátrica
del hospital para un control de forma continuada hasta que se resuelvan
los problemas que lo han inducido al suicidio o hasta que tenga capacidad
de afrontarlos. En caso de necesidad, se puede mantener al paciente
en el hospital aun en contra de sus deseos porque representa un peligro
para sí mismo o para otros.
Impacto del suicidio
Un suicidio consumado tiene un fuerte impacto emocional
en cualquier persona implicada. La familia de la persona, sus amistades
y su médico pueden sentirse culpables, avergonzados y con remordimientos
por no haber podido evitar el suicidio. También pueden sentir
ira contra la persona que se ha suicidado. Finalmente, se dan cuenta
de que no podían estar al corriente de todo o de que no son todopoderosos
y que el suicidio, la mayoría de las veces, no puede impedirse.
Un intento de suicidio tiene un impacto similar.
Sin embargo, los que son más cercanos a la persona tienen la
oportunidad de calmar sus conciencias respondiendo a la llamada de ayuda
de ésta.