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TRASTORNOS MENTALES
CAPITULO 88
Trastornos de la función sexual
La función sexual normal en varones
y en mujeres implica tanto la mente (pensamientos y emociones) como
el cuerpo. El sistema nervioso, circulatorio y endocrino (hormonal)
interactúan de forma conjunta para producir una respuesta sexual,
la cual tiene cuatro etapas: deseo, excitación, orgasmo y resolución.
El deseo es la inclinación a participar en
la actividad sexual. Puede ser desencadenado por pensamientos o señales
visuales o verbales.
La excitación es el estado de agitación
sexual. Durante la excitación, aumenta la cantidad de la sangre
que fluye hacia el área genital, que ocasiona la erección
en los hombres y el agrandamiento del clítoris, congestión
de las paredes de la vagina e incremento de sus secreciones en la mujer.
El orgasmo es el punto máximo o clímax
de la excitación sexual. En los varones, el semen es eyaculado
por el pene. En las mujeres, los músculos que rodean la vagina
se contraen rítmicamente. Durante el orgasmo, tanto los varones
como las mujeres experimentan aumento de la tensión muscular
en todo el cuerpo y contracción de los músculos pélvicos.
Para la mayor parte de las personas el orgasmo es altamente placentero.
La resolución, una sensación de bienestar
y de relajación muscular generalizada, sigue al orgasmo. Durante
la resolución, los hombres no son capaces de tener otra erección
durante algún tiempo. El tiempo entre erecciones (período
refractario) generalmente aumenta con la edad. Por el contrario, las
mujeres son capaces de responder a estimulaciones adicionales casi inmediatamente
después del orgasmo.
La respuesta sexual está controlada por una
interacción delicada y equilibrada entre todas las partes del
sistema nervioso. Una parte del sistema nervioso, llamada sistema nervioso
parasimpático, regula el incremento de flujo sanguíneo
durante la excitación. Otra parte, el sistema nervioso simpático,
controla principalmente el orgasmo. Una anormalidad en el flujo sanguíneo
al pene o a la vagina, el daño físico a cualquiera de
los órganos genitales, un desequilibrio hormonal o el uso de
muchos fármacos pueden interferir con la respuesta sexual, aunque
el sistema nervioso funcione adecuadamente.
La disfunción sexual puede ser consecuencia
de determinados factores físicos o psicológicos; muchos
problemas sexuales resultan de una combinación de ambos. Por
ejemplo, un problema físico puede conducir a problemas psicológicos,
como ansiedad, miedo o estrés y los problemas psicológicos
a menudo agravan un problema físico.
Eyaculación
precoz
La eyaculación precoz es una eyaculación
que ocurre demasiado pronto, generalmente antes, durante o poco después
de la penetración.
El problema es frecuente entre adolescentes y puede
intensificarse si existe el sentimiento de que la relación sexual
es pecaminosa. El miedo a lo desconocido, a provocar un embarazo o a
contraer una enfermedad de transmisión sexual, así como
la ansiedad acerca de su capacidad para realizar la relación
sexual pueden ser factores contribuyentes. Similares preocupaciones
pueden persistir durante la etapa adulta e incluso aumentar por problemas
en una relación. Aunque la eyaculación precoz raramente
tiene una causa física, pueden estar implicados una inflamación
de la próstata o un trastorno del sistema nervioso.
La eyaculación precoz puede ser un problema
significativo para las parejas. Si el hombre eyacula antes de que su
pareja alcance el orgasmo, ésta puede sentirse insatisfecha y
en muchas mujeres se crea un resentimiento.
Tratamiento
Un terapeuta explica los mecanismos de la eyaculación
precoz, transmite tranquilidad y ofrece consejos sencillos. Mediante
la técnica de parada y partida, el hombre aprende a tolerar altos
niveles de excitación sin eyacular. Esta sencilla técnica
implica la estimulación del pene, manualmente o a través
de la relación sexual, hasta que el hombre siente que la eyaculación
es inminente a menos que se detenga el estímulo. Él indica
a su pareja que detenga la estimulación, la cual es reanudada
al cabo de 20 o 30 segundos. La pareja ensaya esta técnica al
principio con estimulación manual y más tarde durante
la relación sexual. Con la práctica, más del 95
por ciento de los hombres aprende a controlar la eyaculación
durante 5 a 10 minutos o incluso más. La técnica también
ayuda a reducir la ansiedad, que a menudo agrava el problema. Algunos
hombres observan que el uso del preservativo ayuda a retardar la eyaculación.
Ocasionalmente, la eyaculación precoz está
causada por problemas psicológicos más graves, para los
cuales la psicoterapia puede resultar apropiada y útil. Cuando
la terapia conductista, como la técnica de parada y partida,
es inapropiada o rechazada por el paciente, o cuando simplemente no
funciona, entonces se pueden tomar los fármacos llamados inhibidores
selectivos de la recaptación de serotonina (como la fluoxetina,
paroxetina o sertralina). Este tipo de fármacos funcionan aumentando
la cantidad de serotonina en el organismo. Pueden ser tomados diariamente
o una hora antes de la relación sexual.
Eyaculación retardada
La eyaculación retardada es una situación
en la cual la erección se mantiene pero la eyaculación
se retarda durante un período prolongado.
La eyaculación retardada es rara. Sin embargo,
a medida que los hombres envejecen, tardan más en alcanzar el
orgasmo. Algunos fármacos, como la tioridacina, la mesoridacina
y algunos hipotensores, pueden alterar la eyaculación. También
puede ser un efecto secundario de ciertos fármacos antidepresivos,
como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.
La diabetes también puede producir este trastorno. Las causas
psicológicas pueden incluir el miedo a la penetración
vaginal o a eyacular en presencia de la pareja.
El tratamiento incluye terapia conductual para reducir
la ansiedad y aprender técnicas para controlar el tiempo de eyaculación.
La pareja femenina primero estimula al hombre a eyacular fuera de la
vagina, luego en los labios vaginales y finalmente dentro de la vagina.
Si esta técnica falla, pueden ayudar otras formas de psicoterapia.
Disminución
del deseo sexual
La disminución del deseo sexual es una pérdida
persistente de las fantasías sexuales y del deseo de realizar
actividades sexuales.
La disminución del deseo sexual ocurre tanto
en hombres como en mujeres. Algunas personas tienen falta de interés
o de deseo sexual durante toda su vida. El trastorno puede estar relacionado
con experiencias traumáticas de la niñez o de la adolescencia,
con supresión de las fantasías sexuales u ocasionalmente
con cifras anormalmente bajas de la hormona testosterona (ya sea en
hombres o en mujeres). Más frecuentemente, el problema se desarrolla
tras años de deseo sexual normal. Las causas incluyen aburrimiento
en una relación, depresión, alteración del equilibrio
hormonal y el uso de sedantes, fármacos ansiolíticos (tranquilizantes)
y ciertos hipotensores.
Síntomas
Una falta de interés en el sexo, incluso
en situaciones eróticas habituales, es el dato característico
de este trastorno. La actividad sexual es generalmente infrecuente y
puede causar discordia en la pareja. Algunas personas continúan
teniendo relaciones con bastante frecuencia porque quieren complacer
a sus parejas o porque son requeridas o forzadas a hacerlo. No tienen
problemas en la realización, pero se sienten continuamente apáticas
con respecto al sexo. Cuando la causa es el aburrimiento, la persona
afectada puede tener poco deseo sexual de su pareja habitual, pero puede
tener deseo sexual normal o incluso intenso de otra.
Diagnóstico y tratamiento
El médico o el terapeuta pregunta a la persona
acerca de su experiencia e intereses sexuales actuales y pasados, intenta
conocer algo acerca de la maduración sexual de la persona y de
cualquier trauma sexual e investiga la posibilidad de depresión,
problemas entre la pareja y otros temas relacionados. Siempre que sea
posible, se entrevista a los dos miembros de la pareja, primero separadamente
y después juntos. El médico evalúa la situación
médica de la persona y cualquier fármaco que esté
tomando que pudiera contribuir a los problemas sexuales. Puede ser necesario
realizar un análisis de sangre para medir la testosterona y los
valores de hormonas tiroideas en los hombres y en las mujeres.
La terapia de asesoramiento o de comportamiento,
así como la técnica focalizada en las sensaciones (los
miembros de la pareja aprenden a lograr una relación sexual íntima),
pueden mejorar la comunicación dentro de la pareja. Para los
pocos varones que tienen deficiencia de testosterona, pueden resultar
de utilidad las inyecciones o los parches de testosterona. Si el responsable
de la disminución del deseo sexual es un fármaco, el problema
se puede remediar disminuyendo la dosis o cambiándolo por otro.
Aversión sexual
La aversión sexual es una aversión
persistente y extrema a prácticamente todo tipo de actividad
sexual, caracterizada por miedo y a veces por ataques de pánico.
La aversión sexual ocasionalmente ocurre
en hombres, pero es mucho más frecuente en mujeres. La causa
puede residir en traumas sexuales como el incesto, el abuso sexual o
la violación, una atmósfera represiva familiar, probablemente
unida a una práctica religiosa muy rígida o dolor durante
los primeros intentos de relación sexual. La actividad sexual
puede recordar a la persona ese dolor aun cuando las relaciones ya no
son físicamente dolorosas.
Tratamiento
El asesoramiento a las parejas puede ayudar a resolver
los problemas en una relación. Las personas que han experimentado
traumas sexuales pueden necesitar psicoterapia. Puede ser eficaz la
terapia de comportamiento, en la cual una persona es gradualmente expuesta
a la actividad sexual, comenzando con actividades que no resulten amenazadoras
y progresando hacia la expresión sexual completa. Los fármacos
pueden ayudar a aliviar los ataques de pánico en relación
con la actividad sexual.
Alteración de la excitación sexual femenina
La alteración de la excitación sexual
femenina es el fracaso repetido en la obtención o el mantenimiento
de la excitación a pesar de una estimulación sexual adecuada.
La alteración de la excitación sexual en mujeres es similar
a la impotencia en los hombres, ambos trastornos tienen causas físicas
o psicológicas.
El problema puede durar toda la vida o, más
frecuentemente, suceder tras un período de funcionamiento normal.
Los factores psicológicos como los conflictos maritales, la depresión
y las situaciones estresantes son las causas predominantes. Una mujer
puede asociar sexo con pecado y placer sexual con sentimientos de culpabilidad.
Puede también ser un componente del trastorno el miedo a la intimidad.
Algunas mujeres o sus compañeros no saben cómo funcionan
los órganos genitales femeninos, especialmente el clítoris,
y puede que no conozcan técnicas de excitación sexual.
Muchos problemas físicos pueden causar la
alteración de la excitación sexual. El dolor de una endometriosis
o de una infección de la vejiga (cistitis) o de la vagina (vaginitis)
pueden afectar a la capacidad de la mujer de excitarse sexualmente.
La deficiencia estrogénica que acompaña a la menopausia
o la extracción quirúrgica de los ovarios generalmente
causa sequedad y adelgazamiento de las paredes vaginales y puede producir
una alteración de la excitación sexual. Una histerectomía
o una mastectomía pueden afectar a la propia imagen sexual de
la mujer.
Otras causas físicas de trastorno de la excitación
sexual incluyen una glándula tiroides hipoactiva; una anatomía
anormal de la vagina a consecuencia de un cáncer, cirugía
o radioterapia; la pérdida de sensibilidad debida a alcoholismo,
diabetes o ciertos trastornos del sistema nervioso como la esclerosis
múltiple; y el uso de fármacos para tratar la ansiedad,
la depresión o la hipertensión.
Diagnóstico y tratamiento
Un historial médico y un examen físico
ayudan al médico a determinar si la causa es primariamente psicológica
o física. Se tratan los problemas físicos. Por ejemplo,
se pueden prescribir antibióticos para una infección de
la vejiga o de la vagina y hormonas para compensar una deficiencia.
Resultan beneficiosos tanto el asesoramiento como la técnica
focalizada en las sensaciones. Los ejercicios de Kegel pueden reforzar
los músculos pélvicos y pueden ayudar a la mujer a sentir
más placer. En estos ejercicios, la mujer contrae fuertemente
los músculos vaginales (como para cerrar el meato urinario) de
diez a quince veces por lo menos tres veces al día durante un
período de dos a tres meses.
Inhibición del orgasmo
La inhibición del orgasmo es un trastorno
en el cual la mujer no tiene orgasmos o, si los tiene, se presentan
con mucho mayor retardo que el requerido por la pareja, o tiene mucha
dificultad para alcanzarlos a pesar de recibir un estímulo apropiado.
El trastorno puede durar toda la vida, se puede
desarrollar tras un período de funcionamiento normal o puede
ocurrir sólo en ciertas situaciones o con ciertas parejas. Cerca
del 10 por ciento de las mujeres no tiene nunca un orgasmo con ninguna
clase de estimulación o en ninguna situación. En general,
las mujeres pueden tener un orgasmo con la estimulación del clítoris,
pero probablemente más de la mitad es a menudo incapaz de tener
un orgasmo durante las relaciones sexuales a menos que el clítoris
sea estimulado durante la penetración vaginal.
Las causas de la inhibición del orgasmo son
similares a las del trastorno de la disminución del deseo sexual.
La relación sexual puede estar completamente terminada para el
compañero antes de que la mujer alcance el orgasmo. Algunas mujeres
pueden no tener ningún problema en desarrollar una adecuada excitación,
pero pueden estar temerosas de dejarse llevar en el curso
del acto sexual. Las razones pueden ser sentimientos de culpabilidad
tras una experiencia placentera o miedo ser dependientes del compañero.
También puede representar un miedo a perder el control.
Tratamiento
Se trata toda causa física que identifique
el médico. Cuando predominan las causas psicológicas,
puede ser beneficioso el asesoramiento individual o en pareja. La técnica
focalizada en las sensaciones es generalmente beneficiosa para las mujeres
inhibidas sexualmente. Sin embargo, la técnica resulta menos
beneficiosa para las mujeres capaces de tener un orgasmo a partir de
la estimulación del clítoris pero no durante una relación
sexual.
Es esencial el conocimiento de la mujer del funcionamiento
de sus órganos sexuales y de sus respuestas. Ella debería
conocer los mejores modos de estimular su clítoris. La sensaciones
vaginales pueden ser aumentadas reforzando el control voluntario de
los músculos que rodean la vagina usando los ejercicios de Kegel.
En estos ejercicios, la mujer contrae fuertemente sus músculos
vaginales (como para cerrar el meato urinario) 10 ó 15 veces
en tres ocasiones a lo largo del día. Generalmente, después
de dos o tres meses, mejoran el tono muscular y la sensibilidad y aumenta
la sensación de control de la mujer.
Dispareunia
La dispareunia es el dolor genital o pélvico
profundo experimentado durante la relación sexual.
La dispareunia puede ocurrir en hombres pero es
muchísimo menos frecuente. La prostatitis, una inflamación
de la próstata, o el uso de ciertos fármacos antidepresivos
como la amoxapina, la imipramina y la clomipramina pueden provocar que
un hombre sufra dolor con el orgasmo.
La dispareunia es más frecuente en las mujeres.
El dolor durante las relaciones sexuales se puede producir en los primeros
intentos de realizar el acto sexual o años más tarde.
Las causas pueden ser físicas o psicológicas.
En una mujer que nunca ha tenido relaciones sexuales,
un pliegue membranoso (el himen) puede cubrir de modo parcial o por
completo la entrada de la vagina. La penetración del pene durante
el primer encuentro sexual puede rasgar el himen, provocando dolor.
La contusión del área genital puede
también producir dolor, así como una inadecuada lubricación
vaginal, resultado generalmente de caricias preliminares insuficientes.
Puede haber dolor debido a una infección o una inflamación
de las glándulas de la región genital (glándulas
de Bartholin o de Skene). Un preservativo o un diafragma colocados inadecuadamente
o una reacción alérgica a las espumas o a los ungüentos
contraceptivos pueden irritar la vagina o el cérvix. Una mujer
puede tener una malformación congénita, como un himen
rígido o un tabique anormal que divida la vagina.
La deficiencia estrogénica, que generalmente
ocurre después de la menopausia, ocasiona sequedad y adelgazamiento
de las paredes vaginales, lo que puede producir dolor durante las relaciones
sexuales. La cirugía para reparar el desgarro de tejidos después
del parto u otros tipos de cirugía que provocan un estrechamiento
de la vagina pueden producir subsecuentemente dolor durante el acto
sexual. A menudo la inflamación y la infección vaginales
(vaginitis) provocan dolor. Otras causas de dispareunia son una infección
del cérvix, útero o trompas de Falopio, una endometriosis,
tumores pélvicos y adherencias (tejido fibroso) formadas tras
una enfermedad pélvica o cirugía previas. La radioterapia
puede producir cambios en los tejidos que hacen que las relaciones sexuales
sean dolorosas.
Una mujer con dispareunia puede desarrollar ansiedad
y miedo a la relación sexual. El odio o la repulsión hacia
la pareja sexual son otros problemas que deben ser tenidos en cuenta.
Diagnóstico y tratamiento
El médico intenta determinar si la causa
es física o psicológica (como el vaginismo) realizando
una historia completa y una exploración pélvica. Es importante
abstenerse de relaciones sexuales hasta que el problema se haya resuelto.
Sin embargo, puede continuar la actividad sexual que no implique penetración
vaginal.
La aplicación de un ungüento anestésico
reduce el dolor. Los baños de asiento resultan útiles.
El dolor y los espasmos musculares pueden prevenirse con la aplicación
generosa de un lubricante antes de mantener relaciones.
Sin embargo, es mejor usar lubricantes hidrosolubles
que vaselina u otros lubricantes liposolubles, ya que estos últimos
tienden a secar la vagina y pueden también dañar los contraceptivos
de látex como los condones y los diafragmas. Dedicar más
tiempo a las caricias preliminares puede aumentar las secreciones vaginales.
Las mujeres que han alcanzado la menopausia pueden
beneficiarse del uso tópico de una crema de estrógenos
o de la toma de estrógenos orales para aumentar la lubricación
vaginal y contrarrestar los efectos del adelgazamiento de las paredes
vaginales. A veces, una posición diferente durante el acto, que
conlleve una penetración menos profunda o que dé a la
mujer más control sobre la penetración colocándose
encima, puede reducir el dolor.
La inflamación y la infección de la
vagina se tratan con los fármacos apropiados. Si la vulva se
hincha y duele, puede ayudar la colocación de compresas húmedas
con una solución de acetato de aluminio. Se puede necesitar cirugía
para remover quistes o abscesos, abrir un himen rígido o reparar
una anormalidad anatómica. Un pesario, accesorio que se inserta
en la vagina para sostener el útero, puede ser de ayuda en algunas
mujeres. Un diafragma que no se ajusta bien debería ser reemplazado
por otro de diferente tipo, modelo o talla o se debería usar
otro método de control de la natalidad. Se pueden necesitar,
en casos raros, analgésicos o sedantes.
Vaginismo
El vaginismo es una contracción involuntaria
de los músculos de la porción inferior de la vagina que
impide la introducción del pene.
El vaginismo es el resultado del deseo inconsciente
de la mujer de impedir la penetración. Una mujer puede desarrollar
vaginismo si las relaciones sexuales han sido dolorosas en el pasado.
Ella puede no querer comprometerse en el acto sexual por miedo a quedarse
embarazada, a ser controlada por el hombre, a perder el control o a
ser herida durante el acto.
Diagnóstico y tratamiento
Una historia médica y un examen físico
a menudo descubren un problema médico o un factor psicológico.
Cualquier problema físico puede ser habitualmente solucionado.
Si el vaginismo persiste, se enseñan técnicas a la mujer
para reducir los espasmos musculares.
En la técnica de dilatación gradual,
la mujer inserta dilatadores lubricados en su vagina. Los dilatadores
son muy pequeños al principio y se aumenta su tamaño a
medida que la tolerancia lo permite. Es útil realizar los ejercicios
para fortalecer los músculos pélvicos, como los de Kegel,
mientras están colocados los dilatadores. En estos ejercicios,
los músculos alrededor de la vagina son contraídos de
forma intensa y después relajados, lo que permite a la mujer
desarrollar una sensación de control sobre ellos. La técnica
de dilatación puede también practicarse en casa usando
los dedos.
Una vez que la mujer puede tolerar el tener grandes
dilatadores insertados sin notar incomodidad, ella y su pareja pueden
intentar mantener relaciones sexuales de nuevo. El asesoramiento a ambos
miembros de la pareja puede facilitar este proceso y aliviar la ansiedad.