SECCION 10 >
TRASTORNOS DEL HIGADO Y DE LA VESICULA BILIAR
CAPITULO 119
Trastornos vasculares del hígado
El hígado recibe una cuarta parte de
su provisión normal de sangre a través de la arteria hepática,
que proviene del corazón; las tres cuartas partes restantes le
llegan desde la vena porta, la cual recoge del intestino la sangre que
está cargada con sustancias alimenticias digeridas para que el
hígado las procese.
En el hígado, la sangre de la arteria hepática
se mezcla con la sangre de la vena porta y sale a través de la
vena hepática. Ésta desemboca en la vena cava, la mayor
vena del cuerpo, que se vacía en el corazón.
Anomalías de la arteria hepática
La arteria hepática es la única que
lleva sangre a ciertas partes del hígado, particularmente a los
tejidos de sustentación y a las paredes de los conductos biliares.
El estrechamiento o la oclusión de la arteria o de sus ramificaciones
puede ocasionar un daño considerable en estas zonas. La circulación
a través de la arteria se puede interrumpir debido a una herida,
por ejemplo de bala, o bien a una lesión durante una intervención
quirúrgica o a un coágulo de sangre. Los coágulos
generalmente se deben a la inflamación de la pared arterial (arteritis)
o a la infusión en la arteria de fármacos anticancerosos
u otras sustancias tóxicas o irritantes.
| Aporte de sangre al hígado |
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Los aneurismas pueden también afectar a la
arteria hepática. Éstos consisten en una dilatación
en un punto débil de una arteria; un aneurisma en la arteria
hepática suele ser debido a una infección, a la arteriosclerosis,
a una herida o a la poliarteritis nudosa. Un aneurisma que presione
sobre un conducto biliar cercano puede comprimirlo e incluso obstruirlo.
Entonces se puede producir ictericia debido a que el flujo de la bilis
retrocede desde el hígado. Un 75 por ciento de estos aneurismas
se rompe, con frecuencia causando hemorragias masivas. Un aneurisma
puede tratarse introduciendo un catéter dentro de la arteria
hepática e inyectando una sustancia irritante que cause su oclusión.
Si este procedimiento (llamado embolización) falla, se lleva
a cabo una intervención quirúrgica para reparar la arteria.
Enfermedad venoclusiva
La enfermedad venoclusiva consiste en la oclusión
de las venas pequeñas del hígado.
La enfermedad venoclusiva puede aparecer a cualquier
edad, pero los niños entre 1 y 3 años de edad son particularmente
vulnerables porque tienen vasos sanguíneos más pequeños.
La oclusión puede ser causada por fármacos u otras sustancias
tóxicas para el hígado, como las hojas de senecio (usadas
en Jamaica para preparar infusiones), la dimetilnitrosamina, la aflatoxina
y los fármacos anticancerosos tales como la azatioprina. La radioterapia
también puede conducir a una oclusión de las venas pequeñas,
al igual que los anticuerpos producidos durante una reacción
de rechazo a un trasplante de hígado.
La oclusión causa un retroceso de la sangre
al interior del hígado, reduciendo el suministro de sangre, lo
que daña las células hepáticas.
Síntomas, pronóstico y tratamiento
La oclusión de las venas pequeñas
hace que el hígado se llene de sangre y sea doloroso al tacto.
El líquido puede desbordar la superficie del hígado, aumentado
de volumen, y acumularse en el abdomen, produciendo una situación
denominada ascitis. El retroceso de sangre al hígado eleva también
la presión en la vena porta (un proceso denominado hipertensión
portal) y en las venas que desembocan en ella. La presión alta
suele causar venas varicosas en el esófago (varices esofágicas),
que pueden romperse y sangrar.
En general, la oclusión desaparece rápidamente
y el paciente se recupera con o sin tratamiento. Sin embargo, algunas
personas mueren de insuficiencia hepática. En otras, la presión
en la vena porta permanece alta y la afección lleva a la cirrosis.
El único tratamiento efectivo consiste en la supresión
de la sustancia o fármaco que está causando la oclusión.
El curso exacto de la enfermedad depende de la extensión del
daño y de la recurrencia o no de la enfermedad. El curso crónico
es el más frecuente, particularmente cuando la causa de la oclusión
se debe al consumo en infusión de hierbas que contengan el alcaloide
tóxico.
Síndrome de Budd-Chiari
El síndrome de Budd-Chiari es un trastorno
raro, generalmente causado por coágulos de sangre que obstruyen,
parcial o completamente, las grandes venas que drenan el hígado.
Síndrome de Budd-Chiari
Obstrucción de las venas suprahepáticas.
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En general, la causa de la aparición del síndrome
de Budd-Chiari no se conoce. En algunos casos existe algún proceso
que aumenta la probabilidad de aparición de coágulos de
sangre, como por ejemplo el embarazo o la drepanocitosis. En otros casos
poco frecuentes, las venas no están en realidad obstruidas, sino
que faltan debido a un defecto congénito. Menos de un tercio
de los afectados por el síndrome de Budd-Chiari sobrevive más
de 1 año sin un tratamiento eficaz.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas del síndrome de Budd-Chiari
pueden comenzar repentinamente y ser devastadores, pero, en general,
se presentan gradualmente. El hígado se llena de sangre y se
vuelve doloroso. El líquido se filtra desde la superficie del
hígado aumentado de volumen hacia la cavidad abdominal. Puede
producirse dolor abdominal y una leve ictericia. La acumulación
de sangre en el hígado aumenta la presión en la vena porta,
aunque las consecuencias de esto, tales como las hemorragias de las
varices en el esófago, pueden tardar semanas o meses en aparecer.
Al cabo de varios meses, suelen presentarse ictericia,
fiebre y otros síntomas de insuficiencia hepática. A veces
los coágulos se agrandan tanto que obstruyen la parte inferior
de la gran vena que penetra en el corazón (vena cava inferior).
Esta oclusión causa un aumento considerable de volumen de las
piernas y del abdomen.
Los síntomas característicos son las
claves principales para el diagnóstico. Las radiografías
de las venas, tras una inyección de una sustancia radiopaca,
permiten determinar la ubicación precisa de la oclusión.
Las imágenes obtenidas con resonancia magnética (RM) pueden
también contribuir a establecer el diagnóstico. Una biopsia
del hígado (en la que una muestra de tejido hepático se
extrae con una aguja para su examen al microscopio) y una ecografía
pueden ayudar a distinguir el síndrome de Budd-Chiari de otras
enfermedades similares.
Tratamiento
Si la vena se ha estrechado más bien que
obstruido, se pueden usar fármacos anticoagulantes (que evitan
los coágulos) o trombolíticos (que disuelven los coágulos).
En algunos casos, se puede realizar una operación para conectar
la vena porta con la vena cava; de este modo se descomprime la vena
porta. El trasplante de hígado puede ser el tratamiento más
eficaz.
Trombosis de la vena porta
La trombosis de la vena porta es una oclusión
de la misma por un coágulo de sangre.
La oclusión puede ser causada por una cirrosis
o por un cáncer de hígado, de páncreas o de estómago.
También puede ser causada por una inflamación de los conductos
biliares (colangitis), una inflamación del páncreas (pancreatitis)
o un absceso hepático. En los recién nacidos, la trombosis
de la vena porta puede ser el resultado de una infección del
ombligo. La trombosis de la vena porta aparece a veces en las mujeres
embarazadas, especialmente en aquellas con eclampsia (un trastorno caracterizado
por un aumento de la presión arterial, proteínas en la
orina, retención de líquidos, convulsiones y, a veces,
coma).
| Trombosis
de la vena porta |
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La trombosis de la vena porta también puede
ocasionarse por cualquier proceso que haga que la sangre retroceda y
se estanque en la vena porta, como el síndrome de Budd-Chiari,
una insuficiencia cardíaca crónica o una pericarditis
constrictiva crónica. Una tendencia anormal de la sangre a coagularse
puede asimismo causar la trombosis de la venta porta. Con frecuencia,
la causa de la trombosis de la vena porta no puede establecerse.
Síntomas y diagnóstico
Dado que la vena porta suministra las tres cuartas
partes de la provisión total de sangre al hígado, una
oclusión parcial o completa de la vena puede dañar las
células hepáticas, dependiendo el daño de la ubicación
del coágulo, de su tamaño y de la velocidad con que se
desarrolle la oclusión. Esta oclusión elevará la
presión en la vena porta y en las otras venas que desembocan
en ella. Las venas del esófago se dilatan. A menudo el primer
síntoma de trombosis de la vena porta es la hemorragia de las
venas varicosas en el extremo inferior del esófago (varices esofágicas).
La hemorragia causa tos o vómitos de sangre.
Otro síntoma típico es el aumento de tamaño del
bazo, particularmente en los niños con esta afección.
El médico percibirá entonces a la palpación un
aumento de tamaño del bazo, que suele ser doloroso.
En alrededor de un tercio de las personas con esta
trombosis, la oclusión evoluciona lentamente, permitiendo el
desarrollo de otros conductos sanguíneos (conductos colaterales)
en torno a la oclusión. A veces, la vena porta vuelve a abrirse.
Sin embargo, la hipertensión de la vena porta puede persistir.
Si la persona tiene una presión elevada en
la vena porta (hipertensión portal) y el examen microscópico
de una muestra de tejido hepático revela que las células
son normales, la trombosis de la vena porta es la causa más verosímil.
La ecografía o una tomografía computadorizada (TC) pueden
mostrar la oclusión. El diagnóstico se confirma mediante
una angiografía, una técnica de rayos X que crea imágenes
de las venas después de haber inyectado una sustancia radiopaca
en la vena porta.
Tratamiento
El tratamiento tiene como objetivo reducir la presión
en la vena porta y prevenir las hemorragias de las venas varicosas del
esófago. El médico intentará cerrar, en primer
lugar, las venas varicosas mediante la aplicación de vendas elásticas
o inyectando en ellas sustancias químicas a través de
un endoscopio (un tubo flexible para explorar los conductos internos
del organismo, con accesorios quirúrgicos). La cirugía
puede ser necesaria para crear una derivación de la vena porta
a la vena cava con el objeto de desviar la circulación de la
sangre del hígado y así reducir la presión en la
vena porta. Sin embargo, una operación derivativa entre la vena
porta y la vena cava aumenta el riesgo de una encefalopatía hepática
(lesión cerebral causada por una enfermedad hepática).
Alteraciones vasculares debidas a otras enfermedades
Una insuficiencia cardíaca grave puede causar
un aumento de presión en las venas que salen del hígado.
La presión acrecentada puede afectar al hígado. El tratamiento
de la insuficiencia cardíaca, con frecuencia permite normalizar
la función hepática.
En la drepanocitosis, glóbulos rojos con
una forma anormal obstruyen los vasos sanguíneos dentro del hígado,
lo que produce una lesión hepática.
La telangiectasia hereditaria hemorrágica
(enfermedad de Rendu-Osler-Weber) es un trastorno hereditario que puede
afectar al hígado. Cuando el hígado está afectado,
aparecen en él pequeñas zonas con vasos sanguíneos
anormalmente grandes (telangiectasias). Estos vasos sanguíneos
anómalos crean circuitos menores (anastomosis) entre las arterias
y las venas. Estas desviaciones pueden causar una insuficiencia cardíaca
grave, que puede, además, dañar y dilatar el hígado.
La circulación sanguínea desviada produce también
un ruido característico continuo (soplo) que se puede escuchar
con un fonendoscopio. Algunas partes del hígado presentan cicatrices
(cirrosis y fibrosis) y tumores no cancerosos, compuestos por vasos
sanguíneos (hemangiomas).