SECCION 12 >
TRASTORNOS DE LA NUTRICION Y DEL METABOLISMO
CAPITULO 136
Equilibrio del agua
Dos tercios del peso corporal corresponden
al agua. Una persona que pesa 68 kilogramos tiene aproximadamente 38
litros de agua en el cuerpo. De éstos, entre 23 y 26 están
en el interior de las células, 7,5 en el espacio que las rodea
y una cantidad ligeramente inferior a 4 litros (aproximadamente el 8
por ciento de la cantidad del agua total) está en la sangre.
Este volumen de agua, relativamente pequeño en la sangre, es
muy importante para el funcionamiento del cuerpo y debe mantenerse constante.
El agua que está fuera de la sangre, actúa como un depósito
para reponer o absorber el exceso de agua de la sangre, en caso necesario.
El agua entra en el cuerpo principalmente por la
absorción desde el aparato digestivo y lo abandona como orina
que excretan los riñones. Éstos pueden excretar varios
litros de orina al día, o bien conservar el agua excretando menos
de 500 mililitros diarios. Alrededor de 750 mililitros de agua, también
se pierden cada día por evaporación a través de
la piel y los pulmones. La sudación intensa, tal como sucede
durante el ejercicio vigoroso o en los climas cálidos, puede
aumentar notablemente el volumen perdido en la evaporación. Normalmente,
se pierde poca agua por el aparato digestivo; sin embargo, puede perderse
una cantidad igual o superior a 4 litros al día por vómitos
prolongados o por una diarrea intensa.
Cuando el consumo de agua compensa la cantidad perdida,
el agua del cuerpo está en equilibrio. Para mantener este equilibrio,
las personas sanas con un funcionamiento normal de los riñones
y que no transpiren excesivamente deben beber al menos un litro de líquido
al día.
Sin embargo, se recomienda a los adultos sanos beber
de 1,5 a 2 litros al día para protegerse de la deshidratación
y del desarrollo de cálculos renales.
Cuando el cerebro y los riñones funcionan
adecuadamente, el organismo puede afrontar cambios extremos en el consumo
del agua. Habitualmente se bebe lo suficiente como para compensar un
exceso de pérdida de agua y, de ese modo, mantener el volumen
sanguíneo y la concentración de las sales minerales disueltas
(electrólitos) en la sangre. Sin embargo, una persona puede deshidratarse
si no bebe la cantidad de agua suficiente para compensar la pérdida
excesiva, como sucede en caso de vómitos prolongados o diarrea
intensa.
La cantidad de agua presente en el organismo está
estrechamente ligada a la cantidad de electrólitos. La concentración
(nivel) de sodio en la sangre es un buen indicador de la cantidad de
agua existente en el organismo. El cuerpo trabaja para mantener el nivel
de agua total y, por lo tanto, para que el valor de sodio en la sangre
sea constante. Cuando éste es demasiado elevado, el cuerpo retiene
agua para diluir el exceso de sodio. Se siente sed y se produce menos
orina.
Cuando la concentración de sodio desciende
demasiado, los riñones excretan más agua para restaurar
el equilibrio de dicha concentración.
Deshidratación
La deshidratación es una deficiencia de agua
en el organismo.
La
deshidratación se produce cuando la eliminación de agua
del cuerpo es mayor que el volumen ingerido. La deficiencia de agua,
por lo general, provoca un aumento de la concentración de sodio
en la sangre. Los vómitos, la diarrea, el uso de diuréticos
(fármacos que provocan la excreción de excesivas cantidades
de sal y de agua por los riñones), el exceso de calor, la fiebre
y una disminución del consumo de agua pueden conducir a la deshidratación.
Ciertas enfermedades, como la diabetes mellitus, la diabetes insípida
y la enfermedad de Addison, pueden ocasionar deshidratación debido
a las excesivas pérdidas de agua con que cursan.
En primer lugar, la deshidratación estimula
los centros de la sed del cerebro, haciendo que se beba más líquido.
Si el consumo no alcanza a compensar el agua que se pierde, la deshidratación
se agrava. La sudación disminuye y se produce menor cantidad
de orina. El agua se desplaza desde el vasto depósito interno
de las células hacia la sangre. Si la deshidratación no
mejora, los tejidos corporales comienzan a secarse. Por último,
las células empiezan a plegarse y a funcionar inadecuadamente.
Las células del cerebro están entre las más propensas
a la deshidratación, de modo que una de las principales señales
de gravedad es la confusión mental, que puede evolucionar hacia
el coma.
Las causas más frecuentes de deshidratación,
como la sudación excesiva, los vómitos y la diarrea, provocan
una pérdida de electrólitos, especialmente sodio y potasio,
además de agua. De ahí que la deshidratación se
acompañe a menudo de una deficiencia de electrólitos.
En ese caso, el agua no se desplaza con facilidad desde el gran depósito
interno de las células hacia la sangre. Por ello, el volumen
de agua circulante en la sangre es todavía menor. Puede producirse
una caída de la presión arterial, provocando ligeros mareos
o sensación de una pérdida inminente de consciencia, especialmente
al ponerse de pie (hipotensión ortostática). Si la pérdida
de agua y electrólitos continúa, la presión arterial
puede descender peligrosamente y provocar un estado de shock con graves
lesiones a muchos órganos internos, como los riñones,
el hígado y el cerebro.
Tratamiento
En caso de deshidratación leve, beber agua
natural puede ser suficiente. Sin embargo, cuando se ha producido una
pérdida de agua y electrólitos, se debe también
reponer la sal (en especial el sodio y el potasio). Se han formulado
algunas bebidas isotónicas para reponer las sales (electrólitos)
perdidas durante el ejercicio intenso. Dichas bebidas se pueden utilizar
para prevenir o curar la deshidratación leve. Beber una gran
cantidad de líquidos y consumir una pequeña cantidad de
sal adicional durante o después del ejercicio es también
un método eficaz. Las personas con problemas cardíacos
o renales deben consultar con su médico la forma más segura
de reponer el líquido antes de empezar la práctica de
cualquier ejercicio.
Si la caída de la presión arterial
causa un estado de shock o amenaza de shock, se administran por vía
intravenosa soluciones que contienen cloruro de sodio. Los líquidos
intravenosos se suministran rápidamente al principio y luego
más lentamente a medida que mejora el estado físico. Siempre
se debe tratar la causa de base de la deshidratación. Por ejemplo,
en caso de diarrea, puede ser necesario tomar fármacos para tratarla
o detenerla, además de reponer líquidos. Cuando los riñones
están excretando demasiada agua debido a una deficiencia de hormona
antidiurética (como puede suceder en caso de diabetes insípida),
puede ser necesario efectuar un tratamiento crónico con hormona
antidiurética sintética. Una vez que se ha solucionado
la causa, los individuos en fase de recuperación son controlados
para asegurarse de que el consumo oral de líquidos es de nuevo
el adecuado para mantener la hidratación.
Hiperhidratación
La hiperhidratación es un exceso de agua
en el cuerpo.
Se produce cuando el consumo de agua es mayor que
su eliminación. Este exceso de agua causa una dilución
excesiva del sodio presente en la sangre. Beber cantidades de agua exageradas
generalmente no causa hiperhidratación, siempre que la hipófisis,
los riñones y el corazón estén funcionando normalmente;
un adulto tendría que beber más de 7,5 litros de agua
al día para exceder la capacidad de excreción del organismo.
La hiperhidratación es mucho más frecuente
cuando los riñones no excretan normalmente el agua, como sucede
en el curso de una enfermedad cardíaca, renal o hepática.
Las personas con estos problemas deben limitar la cantidad de agua que
beben normalmente, así como el consumo de sal.
Del mismo modo que en la deshidratación,
el órgano más propenso a la hiperhidratación es
el cerebro. Cuando se produce lentamente, las células del cerebro
tienen la posibilidad de adaptarse, de manera que se manifiestan pocos
síntomas. Cuando se produce rápidamente, el paciente puede
manifestar confusión mental, convulsiones y coma.
Los médicos tratan de distinguir entre la
hiperhidratación y el exceso del volumen sanguíneo. En
la primera, el exceso de agua se localiza en el interior y alrededor
de las células y, generalmente, no da señales de una acumulación
de líquido. En caso de exceso de volumen sanguíneo, el
cuerpo posee también demasiado sodio y, por consiguiente, no
puede desplazar el agua al depósito interno de las células.
En las situaciones de sobrecarga de volumen, como la insuficiencia cardíaca
y la cirrosis hepática, el líquido se acumula alrededor
de las células en el tórax, el abdomen y la parte inferior
de las piernas. La distinción entre hiperhidratación y
exceso de volumen sanguíneo es a menudo bastante complicada,
dado que la hiperhidratación puede ocurrir aisladamente o junto
con un exceso de volumen de sangre.
Tratamiento
El tratamiento de la hiperhidratación depende
hasta cierto punto de la causa de base. Sin embargo, independientemente
de cuál sea ésta, se debe restringir el consumo de líquidos.
Beber menos de un litro de líquido diario generalmente disminuye
la hiperhidratación al cabo de unos pocos días. Esta restricción
de líquidos se debe realizar solamente bajo supervisión
médica.
A veces los médicos prescriben un diurético
para aumentar la excreción de agua por parte de los riñones.
En general, los diuréticos son más útiles en el
tratamiento del exceso de volumen sanguíneo y, en consecuencia,
su eficacia es mayor cuando la hiperhidratación se acompaña
de un exceso del mismo.