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TRASTORNOS DEL SISTEMA INMUNITARIO
CAPITULO 169
Reacciones alérgicas
Las reacciones alérgicas, también
llamadas reacciones de hipersensibilidad, son reacciones del sistema
inmunitario en las que el tejido corporal normal resulta lesionado.
El mecanismo por el cual el sistema inmunitario defiende al cuerpo es
similar al que produce una reacción de hipersensibilidad que
puede dañarlo. En consecuencia, los anticuerpos, los linfocitos
y otras células, que son componentes protectores del sistema
inmunitario, participan en las reacciones alérgicas tanto como
en las reacciones a las transfusiones sanguíneas, la enfermedad
autoinmune y el rechazo de un órgano trasplantado.
Cuando la gente habla de una reacción alérgica,
está haciendo referencia a las reacciones que involucran a los
anticuerpos de clase inmunoglobulina E (IgE). Los anticuerpos IgE se
unen a células especiales, como los basófilos de la circulación
y las células cebadas de los tejidos. Cuando los anticuerpos
IgE que están unidos a esas células encuentran antígenos,
en este caso llamados alergenos, las células se ven obligadas
a liberar productos químicos que lesionan los tejidos circundantes.
Un alergeno puede ser cualquier cosa (una partícula de polvo,
el polen de una planta, un medicamento o un alimento) que actúe
como antígeno para estimular una respuesta inmune.
En ocasiones se usa el término enfermedad
atópica para describir un grupo de enfermedades, frecuentemente
hereditarias, que están mediadas por la IgE, como la rinitis
alérgica y el asma alérgica. Las enfermedades atópicas
se manifiestan por su tendencia a producir anticuerpos de IgE ante inhalantes
inofensivos, como el polen, el moho, la caspa de los animales y las
partículas de polvo. El eccema (dermatitis atópica) también
es una enfermedad atópica, a pesar de que en este trastorno el
papel de los anticuerpos de IgE es menos claro. Sin embargo, una persona
con una enfermedad atópica no corre riesgos mayores que otras
personas de desarrollar anticuerpos IgE ante alergenos inyectados, como
medicamentos o venenos de insectos.
Las reacciones alérgicas pueden ser leves
o graves. La mayoría de ellas consiste sólo en la molestia
que causa el lagrimeo y el picor en los ojos, además de algunos
estornudos. En el extremo opuesto, las reacciones alérgicas pueden
poner en peligro la vida si causan una repentina dificultad respiratoria,
un mal funcionamiento del corazón y un acusado descenso de la
presión arterial, que puede acabar en shock. Este tipo de reacción,
llamada anafilaxia, puede afectar a las personas sensibles en distintas
situaciones, como poco después de comer ciertos alimentos, tras
la toma de determinados medicamentos o por la picadura de una abeja.
Diagnóstico
Como cada reacción alérgica es desencadenada
por un alergeno específico, el principal objetivo del diagnóstico
es identificar ese alergeno. El alergeno puede ser una planta estacional
o el producto de una planta, como el polen de la hierba o la ambrosía,
o una sustancia como la caspa del gato, ciertos medicamentos o algún
alimento en particular. El alergeno puede causar una reacción
alérgica cuando se deposita sobre la piel o entra en un ojo,
es inhalado, ingerido o inyectado. Con frecuencia, el alergeno puede
ser identificado a través de un cuidadoso trabajo de investigación
llevado a cabo tanto por el médico como por el paciente.
Existen pruebas que pueden ayudar a determinar si
los síntomas están relacionados con la alergia y a identificar
el alergeno implicado. Una muestra de sangre puede mostrar muchos eosinófilos,
un tipo de glóbulo blanco cuyo número suele incrementarse
durante las reacciones alérgicas. La prueba cutánea RAST
(radioalergoabsorbente) mide las concentraciones en sangre de anticuerpos
IgE específicos de un determinado alergeno, lo cual puede ayudar
a diagnosticar una reacción alérgica en la piel, rinitis
alérgica estacional o asma alérgica.
Las pruebas cutáneas son más útiles
para identificar alergenos concretos. Para realizar estas pruebas se
inyectan individualmente en la piel de la persona diminutas cantidades
de soluciones diluidas, hechas con extractos de árboles, hierbas,
polen, polvo, caspa de animales, veneno de insectos y determinados alimentos,
además de algunos fármacos. Si la persona es alérgica
a una o más de esas sustancias, el lugar en el que se ha inyectado
la solución se convierte en una roncha edematosa (una inflamación
con enrojecimiento a su alrededor) en un plazo de 15 a 20 minutos. La
prueba RAST puede ser utilizada en los casos en que no es posible realizar
una prueba cutánea o no resultaría seguro llevarla a cabo.
Ambas pruebas son altamente específicas y precisas, a pesar de
que la prueba cutánea es generalmente un poco más precisa,
suele ser más barata y los resultados se conocen de inmediato.
Tratamiento
Evitar un alergeno es mejor que intentar tratar
una reacción alérgica. Evitar una sustancia puede suponer
dejar de usar un determinado fármaco, instalar aire acondicionado
con filtros, renunciar a tener un animal de compañía en
casa o no consumir cierta clase de alimentos. En ocasiones una persona
alérgica a una sustancia relacionada con un trabajo determinado
se ve obligada a cambiar de empleo. Las personas con fuertes alergias
estacionales pueden considerar la posibilidad de trasladarse a una región
donde no exista ese alergeno.
Otras medidas consisten en reducir la exposición
a un determinado alergeno. Por ejemplo, una persona alérgica
al polvo de la casa puede eliminar todo el mobiliario, las alfombras
y las cortinas que acumulen polvo; cubrir colchones y almohadas con
protectores plásticos; quitar el polvo y limpiar las habitaciones
con un paño húmedo y con bastante frecuencia; usar aire
acondicionado para reducir la alta humedad interior que favorece la
multiplicación de los ácaros del polvo; e instalar filtros
de aire altamente eficientes.
Dado que algunos alergenos, en especial los que
transporta el aire, no pueden evitarse, los médicos suelen utilizar
métodos para bloquear la respuesta alérgica y prescriben
medicamentos para aliviar los síntomas.
Inmunoterapia alergénica
Cuando un alergeno no puede evitarse, la inmunoterapia
alergénica (inyecciones contra la alergia) puede brindar una
solución alternativa. La inmunoterapia consiste en inyectar diminutas
cantidades del alergeno bajo la piel en dosis gradualmente mayores hasta
llegar a un nivel de mantenimiento. Este tratamiento estimula al cuerpo
para que produzca anticuerpos bloqueadores o neutralizantes que puedan
evitar una reacción alérgica. Finalmente, el nivel de
anticuerpos IgE, que reaccionan con el antígeno, también
puede descender. La inmunoterapia debe ser llevada a cabo con cuidado,
porque una exposición demasiado anticipada a una alta dosis de
alergeno puede desencadenar otra reacción alérgica.
A pesar de que muchas personas pueden ser sometidas
a una inmunoterapia alergénica y los estudios demuestran que
es beneficiosa, la relación costo-efectividad y riesgo-beneficio
no siempre es favorable. Algunas personas y ciertas alergias tienden
a responder mejor que otras. La inmunoterapia es más frecuentemente
utilizada por personas alérgicas al polen, a los ácaros
del polvo de la casa, al veneno de los insectos y a la caspa animal.
En el caso de alergia a ciertos alimentos no se recomienda la inmunoterapia
debido al riesgo de anafilaxia.
El procedimiento alcanza su máxima efectividad
cuando se aplican inyecciones de mantenimiento durante todo el año.
Para comenzar, los tratamientos suelen ponerse en práctica una
vez a la semana; la mayoría de las personas puede continuar con
inyecciones de mantenimiento cada 4 o 6 semanas.
Debido a que una inyección de inmunoterapia
puede provocar reacciones adversas, los médicos suelen insistir
en que el paciente permanezca en su consulta durante al menos 20 minutos
después de la inyección. Los estornudos, la tos, el enrojecimiento,
la sensación de hormigueo, el picor, la tensión en el
pecho, el jadeo y la urticaria son todos posibles síntomas de
una reacción alérgica. Si la persona presenta síntomas
leves, la medicación (generalmente antihistamínicos),
como difenhidramina o clorfeniramina) puede ayudar a bloquear la reacción
alérgica. Las reacciones más graves requieren una inyección
de adrenalina.
Antihistamínicos
Los antihistamínicos son los fármacos
más comúnmente usados para tratar las alergias (pero no
se utilizan para tratar el asma). En el cuerpo hay dos tipos de receptores
de histamina: histamina1 (H1) e histamina2 (H2). El término antihistamínico
suele hacer referencia a los medicamentos que bloquean el receptor de
histamina1; la estimulación de este receptor con histamina produce
lesiones en los tejidos. Los bloqueadores de histamina1 no deberían
ser confundidos con los fármacos que bloquean el receptor de
histamina2 (bloqueadores H2), que se utilizan para tratar úlceras
pépticas y los ardores.
Muchos de los efectos desagradables pero de menor
importancia que produce una reacción alérgica (picor en
los ojos, goteo en la nariz y picor en la piel) están causados
por la liberación de histamina. Otros efectos de la histamina,
como el ahogo, la disminución de la presión arterial y
la inflamación de la garganta que puede cortar el paso del aire,
son más peligrosos.
Todos los antihistamínicos tienen efectos
similares; en lo que difieren mucho es en sus indeseados efectos adversos.
Tanto los efectos deseados como los generalmente indeseados varían
considerablemente según el antihistamínico específico
y la persona que lo usa. Por ejemplo, algunos antihistamínicos
tienen un mayor efecto sedante que otros, a pesar de que la susceptibilidad
a este efecto varía considerablemente. En algunos casos los efectos
generalmente indeseados pueden ser utilizados en beneficio de la persona.
Por ejemplo, debido a que algunos antihistamínicos tienen lo
que se llama efectos anticolinérgicos (que secan las membranas
mucosas), pueden ser utilizados para aliviar el goteo de la nariz causado
por un resfriado.
Algunos antihistamínicos pueden adquirirse
sin receta médica (son de venta libre); pueden ser de acción
breve o prolongada y es posible combinarlos con descongestionantes,
que constriñen los vasos sanguíneos y ayudan a reducir
la congestión nasal. Otros antihistamínicos necesitan
una prescripción y supervisión médica.
La mayoría de estos medicamentos tiende a
causar somnolencia. De hecho, debido a su potente efecto sedante, los
antihistamínicos son el ingrediente activo en muchos de los productos
de venta libre que ayudan a conciliar el sueño. La mayoría
de los antihistamínicos también tiene fuertes efectos
anticolinérgicos, que pueden causar confusión, mareo,
sequedad en la boca, estreñimiento, dificultades al orinar y
visión borrosa, en especial en los ancianos. De todos modos,
la mayoría de las personas no experimenta efectos adversos y
puede utilizar medicamentos de venta libre, que cuestan mucho menos
que los antihistamínicos no sedantes que se venden con receta.
La somnolencia y otros efectos secundarios pueden ser minimizados comenzando
con una pequeña dosis y aumentándola gradualmente hasta
llegar a una dosis que consiga controlar los síntomas. En la
actualidad existe un grupo de antihistamínicos no sedantes que
además no causa efectos secundarios anticolinérgicos.
En este grupo están el astemizol, la cetiricina, la loratadina
y la terfenadina.
Tipos de reacciones alérgicas
Los diferentes tipos de reacciones alérgicas
generalmente se clasifican según su causa, la parte del cuerpo
más afectada y otros factores.
La rinitis alérgica es una reacción
alérgica muy común. Se trata de una alergia a las partículas
que transporta el aire (por lo general polen y hierbas, pero en ocasiones
mohos, polvos y caspa de animales) que producen estornudos; picor, goteo
o congestión nasal; picor cutáneo e irritación
en los ojos. La rinitis alérgica puede ser estacional o perenne
(todo el año).
Rinitis alérgica estacional
La rinitis alérgica estacional es una alergia
al polen que transporta el aire, comúnmente llamada fiebre del
heno o polinosis.
Las estaciones del polen varían considerablemente
en diferentes partes de un mismo país. En ocasiones, la alergia
estacional está causada por esporas de mohos.
Síntomas y diagnóstico
En cuanto comienza la estación del polen,
la nariz, el paladar, la parte posterior de la garganta y los ojos comienzan
a picar gradualmente o de forma brusca. Por lo general, los ojos están
llorosos, comienzan los estornudos y suele caer una agüilla clara
por la nariz. Algunas personas tienen dolor de cabeza y tos, y jadean;
están irritables y deprimidas; pierden el apetito y tienen dificultades
para conciliar el sueño. La parte interna de los párpados
y el blanco de los ojos pueden inflamarse (conjuntivitis). El revestimiento
de la nariz puede inflamarse y adoptar un color rojo azulado, que produce
goteo y congestión nasal.
La rinitis alérgica estacional generalmente
es fácil de reconocer. Las pruebas cutáneas y los síntomas
que presenta la persona pueden ayudar al médico a determinar
qué polen está causando el problema.
Tratamiento
Los antihistamínicos constituyen generalmente
el tratamiento inicial para la rinitis alérgica estacional. En
ocasiones se toma un descongestionante como la seudoefedrina o la fenilpropanolamina
por vía oral junto con el antihistamínico, para aliviar
el goteo y la congestión nasal.
Sin embargo, las personas con presión arterial
alta deberían evitar los descongestionantes, a menos que su uso
sea recomendado y controlado por un médico.
El cromoglicato disódico, un aerosol nasal,
es otro fármaco que puede resultar beneficioso. El cromoglicato
necesita prescripción médica y es más caro que
los antihistamínicos comunes; sus efectos generalmente se limitan
a las áreas en las que se aplica, como la nariz y la parte posterior
de la garganta. Cuando los antihistamínicos y el cromoglicato
no consiguen controlar los molestos síntomas alérgicos,
el médico puede prescribir aerosoles de corticosteroides. Éstos
son notablemente eficaces y los de más reciente creación
no presentan efectos adversos. Cuando estas medidas fallan, puede ser
necesario recurrir a los corticosteroides orales durante un breve período
(por lo general menos de 10 días) para poder controlar una situación
difícil.
Las personas que sufren efectos adversos graves
a muchos medicamentos, las que tienen que tomar con frecuencia corticosteroides
orales o las que tienen asma deberían considerar someterse a
la inmunoterapia alergénica, una serie de inyecciones que pueden
ayudar a evitar los síntomas de alergia. La inmunoterapia alergénica
para la rinitis alérgica estacional debe comenzar meses antes
de la época de polinización.
Rinitis alérgica perenne
La rinitis alérgica perenne (todo el año)
produce síntomas similares a los de la rinitis alérgica
estacional, pero varían en intensidad, generalmente de forma
impredecible, durante todo el año.
Los alergenos de la rinitis alérgica perenne
pueden ser los ácaros del polvo de la casa, las plumas, la caspa
animal o el moho. No es habitual que la persona tenga conjuntivitis.
La congestión nasal, que sí es frecuente, puede obstruir
las trompas de Eustaquio de los oídos y causar problemas auditivos,
especialmente en los niños. El médico debe diferenciar
la rinitis alérgica perenne de las infecciones recurrentes de
senos (sinusitis) y de las formaciones anormales que afectan la nariz
(pólipos nasales). La sinusitis y los pólipos nasales
pueden ser complicaciones de la rinitis alérgica.
Algunas personas que padecen inflamación
nasal crónica, sinusitis, pólipos nasales, resultados
negativos en las pruebas cutáneas y que presentan gran cantidad
de eosinófilos (un tipo de glóbulo blanco) en sus secreciones
nasales tienden a presentar reacciones graves con la aspirina u otros
fármacos antiinflamatorios no esteroideos. Dicha reacción
adversa suele manifestarse como un grave ataque de asma difícil
de tratar. Las personas que son propensas a tener esta reacción
deberían evitar el uso de fármacos antiinflamatorios no
esteroideos.
Quienes tienen la nariz crónicamente congestionada
pero no están afectados de sinusitis, pólipos nasales
ni alergia demostrable, pueden tener una enfermedad diferente (rinitis
vasomotora) cuyo origen no es alérgico.
Tratamiento
Si se identifican alergenos específicos,
el tratamiento para la rinitis alérgica perenne es muy similar
al de la rinitis alérgica estacional. A pesar de que, por lo
general, no se recomienda el uso de corticosteroides orales, los aerosoles
nasales de venta con receta pueden ser muy beneficiosos. Las gotas nasales
o los aerosoles descongestionantes de venta libre no deberían
ser utilizados durante más de unos pocos días cada vez,
porque recurrir a ellos continuamente durante una semana o más
puede producir un efecto rebote que puede empeorar o prolongar la inflamación
nasal. En algunos casos es necesaria la cirugía para eliminar
los pólipos nasales o para tratar una infección de los
senos paranasales.
Conjuntivitis
Nótese el aspecto inflamado (hipervascularizado)
de la conjuntiva.
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Conjuntivitis alérgica
La conjuntivitis alérgica es una inflamación
de origen alérgico de la conjuntiva, la delgada membrana que
recubre el interior de los párpados y la superficie externa del
ojo.
En la mayoría de las personas, la conjuntivitis
alérgica es parte de un síndrome alérgico mayor,
como la rinitis alérgica estacional. Sin embargo, puede ser el
único trastorno que afecte a las personas que tienen contacto
directo con ciertas sustancias transportadas por el viento, como el
polen, las esporas fúngicas, el polvo y la caspa de animales.
El blanco del ojo se vuelve rojo y se inflama y los ojos pican y pueden
llorar intensamente. Los párpados pueden hincharse
y enrojecer.
La sensibilización, que es una exposición
a un determinado antígeno que produce una reacción de
hipersensibilidad, también puede ocurrir cuando se utilizan gotas
y pomadas para los ojos, cosméticos como perfilador de ojos y
polvo facial, o productos químicos que llegan a los ojos a través
de los dedos (como puede suceder cuando una persona trabaja con productos
químicos). Estas reacciones, que generalmente afectan a la piel
del párpado y a la que rodea el ojo, son ejemplos de dermatitis
de contacto.
Tratamiento
Los antihistamínicos orales son el principal
tratamiento para la conjuntivitis alérgica. Los antihistamínicos
también pueden administrarse en forma de gotas oculares, que
generalmente se combinan con vasoconstrictores para reducir el enrojecimiento.
Sin embargo, el antihistamínico en sí
mismo, o algún otro componente de la solución, en ocasiones
empeora aún más la reacción alérgica, por
lo que, en general, es preferible recurrir a los antihistamínicos
orales. El cromoglicato, que también se presenta en forma de
gotas oftálmicas, evita los síntomas alérgicos
cuando una persona supone que entrará en contacto con un alergeno.
Las gotas oftálmicas que contienen corticosteroides pueden ser
utilizadas en casos muy serios pero pueden causar complicaciones, como
glaucoma. Un oftalmólogo debe comprobar la presión ocular
con regularidad cuando una persona está siendo tratada con corticosteroides
aplicados directamente sobre los ojos.
Limpiar los ojos con lavados oculares suaves, como
las lágrimas artificiales, puede ayudar a reducir la irritación.
Debería evitarse cualquier sustancia que pudiese estar causando
la reacción alérgica. Durante los episodios de conjuntivitis
no deberían utilizarse lentes de contacto. Cuando otros tratamientos
no producen resultados satisfactorios puede recomendarse la inmunoterapia
alergénica.
Alergia e intolerancia alimentaria
Una alergia alimentaria es una reacción alérgica
a un alimento en particular. Una enfermedad mucho más común,
la intolerancia alimentaria, no es una reacción alérgica,
pero constituye un efecto indeseable producido por la ingestión
de un alimento determinado.
Son
muchas las personas que no pueden tolerar ciertos alimentos por varios
motivos que no son la alergia; por ejemplo, pueden carecer de la enzima
necesaria para digerirlos. Si el sistema digestivo no puede tolerar
ciertos alimentos, el resultado puede ser un trastorno gastrointestinal,
gases, náuseas, diarrea u otros problemas. Por lo general las
reacciones alérgicas no son responsables de estos síntomas.
Existen varias pretensiones controvertidas acerca de la alergia
alimentaria, en las cuales se culpa a ciertos alimentos de problemas
que van de la hiperactividad infantil a la fatiga crónica. Otras
opiniones poco fundadas culpan a la alergia alimentaria de la artritis,
el bajo rendimiento deportivo, la depresión y otros problemas.
Síntomas
Un problema común, que puede ser una manifestación
de alergia alimentaria, comienza en la infancia y surge habitualmente
cuando en la familia existen casos de enfermedades atópicas (como
la rinitis alérgica o el asma alérgica). El primer indicio
de predisposición alérgica puede ser una erupción
cutánea como el eccema (dermatitis atópica). Dicha erupción
puede estar acompañada o no por síntomas gastrointestinales,
como náuseas, vómitos y diarrea, y puede o no estar causada
por una alergia alimentaria. Cuando el niño cumple su primer
año de vida, el eccema ya casi no es un problema. Los niños
con alergias a ciertos alimentos probablemente contraigan otras enfermedades
atópicas a medida que crecen, como asma alérgica y rinitis
alérgica estacional. Sin embargo, en los adultos y los niños
de más de 10 años, es muy poco probable que los alimentos
sean responsables de los síntomas respiratorios, a pesar de que
las pruebas cutáneas (de la piel) resulten positivas.
Algunas personas sufren reacciones alérgicas
muy graves ante potentes alergenos específicos de los alimentos,
en especial las nueces, las legumbres, las semillas y los mariscos.
Las personas alérgicas a estos alimentos pueden reaccionar violentamente
al comer una mínima cantidad de la sustancia en cuestión.
Pueden cubrirse de una erupción por todo el cuerpo, sentir que
su garganta se inflama hasta cerrarse y tener dificultades respiratorias.
Una repentina caída de la presión arterial puede provocar
mareos y un colapso. Esta emergencia, potencialmente mortal, recibe
el nombre de anafilaxia. Algunas personas padecen anafilaxia únicamente
si realizan ejercicios físicos inmediatamente después
de comer el alimento al que son alérgicas.
Los aditivos alimentarios pueden provocar síntomas
como resultado de una alergia o de una intolerancia. Algunos alimentos
contienen toxinas o sustancias químicas (por ejemplo, histamina)
que son responsables de reacciones adversas no alérgicas. Compuestos
tales como el glutamato monosódico (GMS) no producen alergias.
Los sulfitos (por ejemplo el metabisulfito, presente en muchos productos
alimenticios como conservante) y los colorantes (por ejemplo la tartracina,
un colorante amarillo que se usa en los caramelos, las bebidas no alcohólicas,
y muchas comidas comercialmente preparadas) provocan asma y urticaria
en las personas sensibles a esas sustancias. Otras sufren migrañas
después de comer ciertos alimentos.
Las alergias y las intolerancias alimentarias suelen
ser bastante obvias, a pesar de que no siempre es fácil diferenciar
una verdadera alergia de una intolerancia. En los adultos, la digestión
aparentemente evita las respuestas alérgicas ante muchos alergenos
ingeridos oralmente. Un ejemplo es el asma del panadero, en el cual
los trabajadores de las panaderías comienzan a ahogarse cuando
respiran polvo de harina u otros granos, a pesar de que pueden comerlos
sin sufrir ninguna reacción alérgica.
Diagnóstico
Las pruebas cutáneas en algunos casos permiten
diagnosticar una alergia alimentaria; un resultado positivo no necesariamente
significa que una persona sea alérgica a un alimento en particular,
pero un resultado negativo señala que es improbable que sea sensible
a dicho alimento. Después de un resultado positivo en una prueba
cutánea, el alergólogo puede necesitar realizar una prueba
oral para llegar al diagnóstico definitivo. En una prueba de
provocación oral, el alimento sospechoso se oculta en otra sustancia,
como leche o compota de manzana, y el paciente lo ingiere. Si no aparecen
síntomas, la persona no es alérgica a ese alimento. Las
mejores pruebas son las pruebas ciegas; es decir, a veces
el alimento en cuestión efectivamente está mezclado con
otra sustancia, y otras veces no. De esta forma, el médico puede
determinar con certeza si el paciente presenta alergia a ese alimento
en especial.
Una dieta de eliminación puede ayudar a identificar
la causa de una alergia. La persona deja de ingerir los alimentos que
presumiblemente están provocando los síntomas. Más
tarde comienzan a introducirse en la dieta de uno en uno. El médico
puede sugerir la dieta con la cual se debe comenzar, que hay que respetar
estrictamente y que sólo debe contener productos puros. No es
fácil seguir esta dieta, porque muchos productos alimenticios
están ocultos formando parte, como ingredientes, de otros alimentos.
Por ejemplo, el pan de centeno común contiene un poco de harina
de trigo. No pueden consumirse más alimentos ni bebidas que los
especificados en la dieta inicial. No es recomendable comer en restaurantes,
ya que la persona (y el médico) debe conocer cada ingrediente
de todo plato que coma.
Tratamiento
No existe otro tratamiento específico para
las alergias alimentarias más que dejar de comer los alimentos
que las producen. Las personas gravemente alérgicas que sufren
erupciones, hinchazón (urticaria) en los labios y la garganta,
o bien no pueden respirar, deben tomar la precaución de evitar
los alimentos que les perjudican.
La desensibilización, que se realiza comiendo
pequeñas cantidades de un alimento o colocando gotas de extracto
de alimentos bajo la lengua, no ha dado buenos resultados. Los antihistamínicos
resultan poco prácticos como terapia de prevención, pero
pueden ser beneficiosos en reacciones generales agudas con urticaria
y en la urticaria gigante (angioedema).
Anafilaxia
La anafilaxia es una reacción alérgica
aguda, generalizada, potencialmente grave y en ocasiones mortal que
se produce en personas que han sido previamente sensibilizadas mediante
la exposición a un alergeno y que entran en contacto directo
con el mismo alergeno una vez más.
La anafilaxia puede estar causada por un alergeno.
Los más frecuentes son los medicamentos, las picaduras de insectos,
ciertos alimentos y las inyecciones de inmunoterapia alergénica.
La anafilaxia no ocurre en la primera exposición a un alergeno.
Por ejemplo, la primera exposición a la penicilina o la primera
picadura de abeja no desencadenan la anafilaxia, pero la siguiente sí
puede hacerlo. De todos modos, muchas personas no recuerdan haber tenido
una primera exposición.
Una reacción anafiláctica comienza
cuando el alergeno entra en el flujo sanguíneo y reacciona con
un anticuerpo de clase inmunoglobulina E (IgE). Esta reacción
incita a las células a liberar histamina y otras sustancias que
participan en las reacciones inmunes inflamatorias. Como respuesta,
las vías respiratorias de los pulmones pueden cerrarse y provocar
ahogo; los vasos sanguíneos pueden dilatarse y hacer que la presión
arterial descienda; las paredes de los vasos sanguíneos pueden
dejar escapar líquido, provocando hinchazón y urticaria.
El corazón puede funcionar mal, latir de forma irregular y bombear
sangre de forma inadecuada. La persona puede entrar en estado de shock.
Las reacciones anafilactoides se parecen a las anafilácticas
pero pueden tener lugar después de la primera inyección
de ciertos fármacos (por ejemplo polimixina, pentamidina, opioides
o medios de contraste utilizados en los estudios radiológicos).
En el mecanismo no participan los anticuerpos IgE y, en consecuencia,
no se trata de una reacción alérgica. La aspirina y otros
medicamentos antiinflamatorios no esteroideos pueden causar reacciones
anafilácticas en algunas personas, en particular, aquellas con
rinitis alérgica perenne y pólipos nasales.
Síntomas
Los síntomas comienzan inmediatamente o casi
siempre en las dos horas posteriores a la exposición a la sustancia
perjudicial. La persona puede sentirse inquieta, estar agitada y tener
palpitaciones, hormigueo, piel enrojecida y picor, palpitaciones en
los oídos, tos, estornudos, urticaria, hinchazones o una mayor
dificultad para respirar debido al asma o a la obstrucción de
la tráquea. El colapso cardiovascular puede producirse sin síntomas
respiratorios. Por lo general, un episodio incluye síntomas respiratorios
o cardiovasculares, no ambos, y la persona repite el mismo cuadro de
síntomas en episodios subsiguientes. No obstante, la anafilaxia
puede evolucionar tan rápidamente que puede producir un colapso,
convulsiones, incontinencia de la orina, inconsciencia o un ataque cerebral
súbito en el término de uno o dos minutos. La anafilaxia
puede ser fatal a menos que se instaure un tratamiento de emergencia
de forma inmediata.
Prevención
Una persona que ha padecido anafilaxia a partir
de una picadura de abeja probablemente repita la experiencia si vuelve
a ser picada. Lo mismo sucede ante una repetida exposición a
otros alergenos, como un medicamento. Hacer pruebas cutáneas
cada vez que se deba administrar dicho medicamento no resulta práctico.
Sin embargo, a las personas que tienen antecedentes de alergia al suero
animal (por ejemplo, la antitoxina del tétanos procedente de
caballo) o a la penicilina se las somete a pruebas antes de recibir
estos productos.
La inmunoterapia alergénica prolongada evitará
la anafilaxia en personas alérgicas a sustancias imposibles de
evitar, como las procedentes de las picaduras de insectos. No se recurre
a la inmunoterapia cuando la sustancia perjudicial puede ser evitada,
como la penicilina y otros fármacos.
Sin embargo, si una persona necesita un medicamento
en particular (como penicilina o una antitoxina procedente del suero
de caballo), es posible llevar a cabo la desensibilización rápidamente
con un control estricto en la consulta del médico o bien en un
hospital.
Algunas personas tienen antecedentes de reacciones
anafilácticas a los colorantes (medios de contraste) inyectados
para ciertos estudios radiológicos. A pesar de que los médicos
intentan evitar su uso en pacientes con estas características,
algunos trastornos no se pueden diagnosticar sin ellos. En esos casos
pueden utilizarse medios de contraste especiales que reducen la incidencia
de las reacciones. Además, los medicamentos que bloquean las
reacciones anafilácticas, como la prednisona, la difenhidramina
o la efedrina, pueden ser beneficiosos si se administran antes de inyectar
el contraste.
Tratamiento
El primer tratamiento para la anafilaxia es una
inyección de adrenalina. Las personas alérgicas a las
picaduras de insectos o a ciertos alimentos, en especial las que han
tenido ya un ataque de anafilaxia, siempre deberían llevar consigo
una jeringa autoinyectable de adrenalina para un tratamiento de emergencia.
Por lo general este tratamiento detiene las reacciones
anafilácticas. No obstante, toda persona que tenga una reacción
anafiláctica debería acudir al servicio de urgencias de
un hospital a la mayor brevedad posible, porque puede ser necesario
realizar un cuidadoso control de los sistemas cardiovascular y respiratorio,
además de poder disponer de un tratamiento rápido y complejo.
Urticaria
La urticaria es una reacción de la piel caracterizada
por la presencia de pequeñas elevaciones de color claro o bien
rojizos (ronchas).
Existe una enfermedad llamada angioedema que está
relacionada con la urticaria y que a veces coexiste con ésta;
afecta a zonas mucho más grandes y tejidos más profundos
bajo la piel. La urticaria y el angioedema son reacciones de tipo anafiláctico
que se limitan a la piel y los tejidos subyacentes. Pueden desencadenarse
por alergenos u otros agentes, o bien no tener una causa conocida. Los
alergenos más frecuentes son los medicamentos, las picaduras
de insectos, las inyecciones contra la alergia y ciertos alimentos,
en particular huevos, mariscos, nueces y frutas. En ocasiones la urticaria
surge de improviso poco después de que la persona ingiere una
ínfima cantidad de un determinado alimento. En otros casos la
urticaria aparece sólo después de comer grandes cantidades
de un alimento en particular (por ejemplo, fresas). En ciertos casos,
la urticaria también aparece tras infecciones víricas,
como la hepatitis, la mononucleosis infecciosa y la rubéola.
La urticaria que recurre a lo largo de semanas o
meses suele ser difícil de explicar; es posible que nunca se
encuentre una causa específica. Es muy raro que la causa sea
una alergia, a pesar de que el uso prolongado e indiscriminado de un
aditivo alimentario, un medicamento u otro producto químico puede
ser el responsable. Como ejemplo figuran los conservantes, los colorantes
y otros aditivos alimentarios; los ínfimos rastros de penicilina
en la leche (utilizada por los granjeros para tratar las infecciones
de las vacas); y algunos medicamentos de venta libre. Muy raramente,
la urticaria se asocia a una enfermedad crónica concurrente (lupus
eritematoso sistémico, policitemia vera, linfoma, hipertiroidismo
o una infección). A pesar de que se suele sospechar de ciertos
factores psicológicos, rara vez son identificados.
Determinados fármacos, como la aspirina,
pueden agravar los síntomas. Una persona con urticaria causada
por la aspirina puede reaccionar de forma similar ante otros medicamentos
antiinflamatorios no esteroideos, como el ibuprofeno, o bien ante la
tartracina, un colorante amarillo utilizado para dar color a algunos
alimentos y medicamentos. El angioedema que recurre y que no se acompaña
de signos de urticaria común puede ser un trastorno llamado angioedema
hereditario.
Síntomas y diagnóstico
El picor es generalmente el primer síntoma
de la urticaria, rápidamente seguido de ronchas (áreas
de la piel ligeramente elevadas, lisas, de color más rojizo o
claro que la piel que las rodea, y que suelen tener un reducido tamaño,
menos de 1,5 cm de diámetro). Cuando las ronchas son mayores
(hasta 20 cm de diámetro), las zonas centrales suelen tener un
color más claro y forman anillos. Por lo general, los brotes
de urticaria aparecen y desaparecen; una roncha puede durar varias horas,
para luego desaparecer y volver a surgir en otro sector.
En el caso del angioedema, la inflamación
suele cubrir áreas de mayor superficie y extenderse por debajo
de la piel. Puede afectar una parte o la totalidad de las manos, los
pies, los párpados, los labios o los genitales, o incluso el
revestimiento de la boca, la garganta y las vías respiratorias,
lo que dificulta la respiración.
Cuando la urticaria aparece de pronto y desaparece
rápidamente sin recurrir, por lo general no se necesita revisión
médica; rara vez revela una causa diferente de lo que resultaba
obvio desde un principio. Pero cuando el angioedema o la urticaria recurren
sin explicación, por lo general es aconsejable consultar a un
médico.
Tratamiento
La urticaria que aparece de improvisto por lo general
desaparece sin tratamiento en el transcurso de días o, a veces,
de minutos. Si la causa no es obvia, la persona afectada debería
dejar de tomar todos los medicamentos no esenciales hasta que dicha
reacción remita. Tomar antihistamínicos como difenhidramina,
clorfeniramina o hidroxicina alivia parcialmente el picor y reduce la
inflamación. Tomar prednisona, un corticosteroide, durante varios
días puede reducir una inflamación y un picor muy intensos.
Si la persona sufre un colapso o tiene dificultades
para tragar o respirar debe recibir tratamiento urgentemente. Se aplica
una inyección de adrenalina junto con el antihistamínico
lo antes posible. Lo ideal es continuar el tratamiento en el servicio
de urgencias de un hospital, donde será posible controlarlo cuidadosamente
y ajustarlo de acuerdo con las necesidades.
La urticaria crónica también puede
aliviarse con antihistamínicos. El antidepresivo doxepina resulta
efectivo en algunos adultos. Debido a que el uso de corticosteroides
durante más de 3 a 4 semanas causa varios efectos adversos, sólo
se prescriben en caso de síntomas graves y cuando todos los demás
tratamientos han fallado, y deben administrarse durante el menor tiempo
posible. En aproximadamente la mitad de los casos, la urticaria crónica
desaparece en dos años. Controlar el estrés suele ayudar
a reducir la frecuencia y la gravedad de los ataques.
Angioedema hereditario
El angioedema hereditario es un trastorno genético
asociado con una deficiencia del inhibidor C1, una proteína de
la sangre.
El inhibidor C1 es parte del sistema del complemento,
un grupo de proteínas que participan en algunas reacciones alérgicas
e inmunes. La deficiencia o la actividad anormal del inhibidor C1 produce
episodios de inflamación en zonas locales de piel y en el tejido
que se encuentra debajo, así como en membranas mucosas que cubren
orificios del cuerpo como la boca, la garganta y el tracto gastrointestinal.
Las lesiones o las enfermedades víricas suelen precipitar los
ataques, que pueden agravarse con el estrés emocional. Por lo
general, los ataques producen zonas de inflamación que, a su
vez, causan dolor en lugar de picor, y están acompañadas
de urticaria. Muchas personas tienen náuseas, vómitos
y calambres. La complicación más grave es la inflamación
de las vías respiratorias superiores, que puede dificultar la
respiración. El diagnóstico se establece mediante análisis
de sangre que miden las concentraciones o la actividad del inhibidor
C1.
Tratamiento
Un fármaco llamado ácido aminocaproico
en ciertos casos puede acabar con un ataque de angioedema hereditario.
Suele administrarse adrenalina, antihistamínicos y corticosteroides,
a pesar de que no existe certeza absoluta de que estos medicamentos
sean eficaces. La respiración puede quedar rápidamente
bloqueada, y es posible que durante un ataque agudo sea necesario colocar
un tubo respiratorio en la tráquea.
Ciertos tratamientos pueden contribuir a evitar
un ataque. Por ejemplo, antes de someterse a un procedimiento quirúrgico
o dental menor, la persona afectada de angioedema hereditario puede
recibir una transfusión de plasma fresco para elevar la concentración
de inhibidor C1 en la sangre. Administrar inhibidor C1 purificado puede
evitar ataques de angioedema hereditario, pero aún no está
disponible para uso general. Para una prevención prolongada,
los anabólicos esteroides orales (andrógenos) como el
estanozolol o el danazol pueden hacer que el cuerpo produzca más
inhibidor C1. Como estos fármacos pueden tener efectos secundarios
masculinizantes, las dosis se evalúan y controlan cuidadosamente
cuando quien los utiliza es una mujer.
Mastocitosis
La mastocitosis es un trastorno en el que las células
cebadas, células productoras de histamina que participan en las
reacciones inmunes, se acumulan en los tejidos de la piel y, en ocasiones,
en otras partes del cuerpo.
La forma más frecuente de mastocitosis puede
limitarse a la piel, especialmente en los niños, o afectar a
otros órganos, como el estómago, los intestinos, el hígado,
el bazo, los ganglios linfáticos y los huesos. Las formas más
raras de mastocitosis pueden estar asociadas a un grave trastorno de
la sangre (como la leucemia aguda, el linfoma, la neutropenia o un trastorno
mieloproliferativo) o a enfermedades muy graves llamadas leucemia de
células cebadas y mastocitosis agresiva. Alrededor del 90 por
ciento de las personas con mastocitosis común y menos del 50
por ciento de personas con otras formas de mastocitosis padece urticaria
pigmentosa (pequeños puntos de color marrón rojizo dispersos
por todo el cuerpo, que suelen producir urticaria y enrojecimiento cuando
se friccionan o rascan).
Se ignora cuál es la causa de la mastocitosis.
Con el paso de los años se acumulan cada vez más células
cebadas, y ello produce un gradual incremento de la sintomatología,
que, de todos modos, se puede controlar durante décadas con medicación.
Algunas personas afectadas de mastocitosis tienen dolor en las articulaciones
y los huesos y tienden a sufrir graves reacciones alérgicas,
incluyendo síntomas similares a los de la anafilaxia. También
pueden desarrollar úlceras pépticas y diarrea crónica
porque su estómago produce demasiada histamina.
Tratamiento
El tratamiento de la mastocitosis requiere dos tipos
de antihistamínicos: bloqueadores de los receptores de histamina1,
los que se toman para las alergias, y bloqueadores de los receptores
de histamina2, que se utilizan para las úlceras pépticas.
Si la mastocitosis está asociada a algún grave trastorno,
el tratamiento es mucho más complicado.
Alergia física
La alergia física es una enfermedad en la
que los síntomas alérgicos aparecen en respuesta a un
estímulo físico, como el frío, la luz solar, el
calor o una lesión poco importante.
El picor, las manchas en la piel y la urticaria
son los síntomas más comunes de la alergia física.
En algunas personas, las vías respiratorias que llegan a los
pulmones se constriñen y entonces se hace difícil respirar.
Una fuerte reacción a la luz solar (fotosensibilidad) puede producir
urticaria y manchas inusuales en la piel. La fotosensibilidad también
puede derivar del uso simultáneo de varios medicamentos o sustancias
aplicadas a la piel.
Las personas especialmente sensibles al calor pueden
contraer una enfermedad llamada urticaria colinérgica: pequeñas
zonas de urticaria que pican intensamente, rodeadas por un aro de piel
enrojecida. La urticaria colinérgica también aparece a
causa del ejercicio físico, el estrés emocional o cualquier
otra actividad que produzca sudación. Las personas particularmente
sensibles al frío pueden presentar urticaria, inflamación
de la piel, asma, o goteo y congestión nasal cuando se exponen
al frío.
Tratamiento
La mejor forma de afrontar una alergia física
es prevenirla evitando lo que tiende a causarla. Las personas que presentan
síntomas alérgicos deberían dejar de usar cosméticos
y cremas para la piel, lociones y aceites durante un tiempo, con el
fin de comprobar si una de estas sustancias está agravando la
alergia. Antihistamínicos como difenhidramina, ciproheptadina
o hidroxicina suelen aliviar el picor. La ciproheptadina tiende a funcionar
mejor en casos de urticaria provocada por el frío y la hidroxicina
para la urticaria causada por el estrés. Las personas muy sensibles
a la luz solar deberían usar cremas protectoras y evitar al máximo
la exposición al sol.
Reacciones alérgicas inducidas por el ejercicio
físico
En algunas personas, el ejercicio físico
puede producir un episodio de asma o una reacción anafiláctica
aguda.
El asma es un tipo de reacción anormal inducida
por el ejercicio físico. Esta clase de asma inducida por la actividad
física suele afectar a las personas que normalmente tienen asma,
pero en otros casos el asma sólo se manifiesta con el ejercicio.
Se experimenta una sensación de tensión en el pecho, asociada
con jadeos y dificultades respiratorias, tras 5 o 10 minutos de ejercicio
físico intenso, generalmente una vez que el ejercicio ha finalizado.
El asma inducida por el ejercicio físico suele aparecer con mayor
facilidad cuando el aire es frío y seco.
Una enfermedad mucho más rara es la anafilaxia
inducida por el ejercicio, que puede ocurrir tras una actividad física
intensa. Algunas personas la padecen sólo si ingieren un alimento
específico antes de realizar dicha actividad física.
Tratamiento
En los casos de asma inducida por el ejercicio físico,
el objetivo del tratamiento es hacer posible el ejercicio sin que aparezcan
los síntomas. Por lo general, ello puede lograrse inhalando un
fármaco betaadrenérgico alrededor de 15 minutos antes
de comenzar con los ejercicios. En algunas personas el cromoglicato
da buenos resultados. Para las personas que tienen asma, controlar su
enfermedad suele evitarles también la forma inducida por el ejercicio.
Quienes padecen anafilaxia inducida por el ejercicio
deberían evitar el ejercicio físico o bien el alimento
que desencadena los síntomas cuando se combina con aquél.
Algunas personas descubren que el hecho de incrementar poco a poco el
grado y la duración de la actividad física les permite
tolerarla más. Siempre deberían llevar consigo una jeringa
autoinyectable con adrenalina para un tratamiento de urgencia.