SECCION 18 >
ENFERMEDADES DE LA PIEL
CAPITULO 190
Biología de la piel
La piel no es sólo una capa protectora.
Es un sistema que regula la temperatura corporal, percibe los estímulos
de dolor y placer, no permite que determinadas sustancias entren en
el organismo y representa una barrera protectora frente a los efectos
perjudiciales del sol. El color, la textura y los pliegues de la piel
contribuyen a identificar a los individuos. Cualquier alteración
en el funcionamiento o en la apariencia de la piel puede tener consecuencias
importantes para la salud física y mental.
Cada estrato de la piel cumple con una tarea específica.
La capa exterior, la epidermis, es más fina, en la mayor parte
del cuerpo, que una película de plástico. La parte superior
de la epidermis, el estrato córneo, contiene queratina, está
formada por restos de células muertas y protege la piel de las
sustancias nocivas. En la parte inferior de la epidermis se hallan los
melanocitos, células que producen melanina (el pigmento oscuro
de la piel).
Qué hay bajo la piel
Este corte transversal muestra las capas
de la piel y las estructuras que se encuentran debajo de su
superficie.
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Debajo de la epidermis se localiza la dermis, que
contiene receptores táctiles y del dolor, cuyas ramificaciones
llegan hasta la superficie de la piel y a diversas, glándulas
funcionales de la misma: las glándulas sudoríparas, que
producen el sudor, las glándulas sebáceas, que producen
sebo, y los folículos pilosos, que dan origen al pelo. También,
en el interior de la dermis, se encuentran vasos sanguíneos que
proporcionan nutrientes y calor a la piel, así como nervios que
se ramifican entre las diferentes capas de la misma.
Por debajo de la dermis se encuentra un estrato
de grasa que ayuda a aislar al cuerpo del calor y del frío.
En las diversas regiones del cuerpo varían
el espesor y el color de la piel, así como el número de
glándulas sudoríparas, glándulas sebáceas,
folículos pilosos y nervios. La parte superior de la cabeza tiene
gran cantidad de folículos pilosos, mientras que las palmas de
las manos y las plantas de los pies carecen de ellos. Las capas de epidermis
y queratina son más gruesas en las plantas de los pies y de las
palmas de las manos. Las yemas de los dedos de las manos y de los pies
están muy inervadas y son extremadamente sensibles al tacto.
La piel tiende a sufrir cambios a lo largo de la
vida de una persona. La piel de un bebé tiene una capa más
gruesa de grasa y una mucho más fina de queratina protectora.
A medida que las personas envejecen pierden la grasa del estrato subcutáneo,
la dermis y la epidermis se vuelven más delgadas, las fibras
elásticas de la dermis se fragmentan y la piel tiende a arrugarse.
La irrigación sanguínea de la piel también disminuye
con la edad, por lo que las lesiones cutáneas curan más
lentamente en las personas mayores. Las pieles más envejecidas
producen menos sebo protector y por ello la piel se seca con mayor facilidad.
Diagnóstico de las enfermedades de la piel
Los médicos pueden identificar muchas enfermedades
de la piel a través de una simple exploración visual.
Las características reveladoras incluyen tamaño, forma,
color y localización de la anomalía, además de
la presencia o ausencia de otros signos o síntomas. Algunas veces
el médico debe extraer una pequeña porción de piel
para examinarla al microscopio; este método se denomina biopsia.
Para esta simple operación, el médico, por lo general,
insensibiliza una pequeña zona de piel con una anestesia local
y, utilizando un bisturí (escalpelo) o un sacabocados circular
(punzón para biopsias), extrae una porción de piel de
aproximadamente tres milímetros de diámetro. A menudo
el médico cierra el corte con un punto y detiene la hemorragia.
Cuando los médicos sospechan que la piel
pueda estar infectada, efectúan un raspado del material y lo
envían a un laboratorio, donde se siembra la muestra en un medio
de cultivo. Si la muestra contiene bacterias, hongos o virus, éstos
crecen en el cultivo, pudiendo así ser identificados.
Otros análisis de laboratorio pueden también
servir a los médicos en el diagnóstico de las infecciones
de la piel. En un examen con luz de Wood, una frecuencia de luz ultravioleta
(negra), se hacen visibles algunos hongos, así como ciertas anomalías
de la pigmentación. El análisis de Tzanck ayuda a diagnosticar
infecciones víricas de la piel tales como el herpes. Con un pequeño
escalpelo, el médico raspa la superficie de la piel inflamada
y la examina al microscopio. Si se evidencia un agrandamiento o una
agrupación de las células, ello puede indicar una infección
vírica. La muestra de piel también puede ser enviada a
un laboratorio para realizar un cultivo para virus.

Muchos de los problemas que se presentan en la piel
quedan limitados a la misma. Sin embargo, en algunos casos, la piel
indica una alteración de cualquier parte del cuerpo. Por ejemplo,
las personas que tienen lupus eritematoso sistémico presentan
una erupción rojiza inusual en sus mejillas, generalmente tras
una exposición al sol. En consecuencia, los médicos deben
considerar varias causas posibles cuando evalúan los problemas
de la piel. Examinar la superficie de la piel en su totalidad y buscar
determinados tipos de erupción puede ayudarlos a identificar
cualquier enfermedad. Para examinar la distribución de un problema
cutáneo, el médico puede pedir al paciente que se desvista
completamente, aunque el paciente sólo note anomalías
en una pequeña zona de la piel. Los médicos también
pueden solicitar análisis de sangre u otras pruebas de laboratorio
aunque la persona aparentemente tenga un problema que se limite sólo
a la piel.