SECCION 19 >
TRASTORNOS DEL OIDO, LA NARIZ Y LA GARGANTA
CAPITULO 211
Trastornos del oído externo
El oído externo está formado
por la parte externa del oído (pabellón de la oreja) y
por el canal auditivo (conducto auditivo externo). Los trastornos del
oído externo incluyen obstrucciones, infecciones, lesiones y
tumores.
Obstrucciones
La cera del oído (cerumen) puede obstruir
el canal auditivo y causar picor, dolor y una pérdida de la audición
temporal. El médico puede eliminar la cera lavando suavemente
el canal con agua caliente (irrigación).
Sin embargo, en caso de secreción anterior
por el oído, de tímpano perforado, o de infecciones recurrentes
en el oído externo, no se utiliza el sistema de irrigación.
Cuando el tímpano está perforado, el agua puede entrar
en el oído medio y empeorar una infección crónica.
En estas situaciones, el médico puede eliminar la cera con un
instrumento sin punta, un instrumento con un extremo curvado o un dispositivo
de vacío. Estos procedimientos son menos complicados y más
cómodos que la irrigación. El médico no suele utilizar
disolventes porque irritan la piel del canal auditivo, provocan reacciones
alérgicas y no disuelven la cera de forma adecuada.
Los niños pueden llegar a colocarse toda
clase de objetos extraños en el canal auditivo, particularmente
bolitas, gomas de borrar y semillas. Por lo general, el médico
extrae estos elementos con una especie de gancho sin punta.
Los objetos que penetran en el canal son más
difíciles de sacar debido al riesgo de lesionar el tímpano
y los huesecillos del oído medio. En ocasiones, las bolitas de
vidrio o de metal pueden ser extraídas mediante irrigación,
pero el agua hace que algunos objetos, como las semillas, se hinchen,
volviendo así más difícil su extracción.
Cuando el niño no coopera o la extracción resulta particularmente
difícil se usa anestesia general.
Algunos insectos pueden entrar en el canal auditivo.
Llenar el canal con aceite mineral mata al insecto y el alivio es inmediato,
al mismo tiempo que facilita su extracción.
Otitis externa
La otitis externa es una infección del canal
auditivo.
La infección puede afectar a todo el canal,
como en la otitis externa generalizada, o sólo una zona reducida,
como por ejemplo un furúnculo. La otitis externa, comúnmente
llamada mal del nadador, es más frecuente durante el verano,
cuando se practica natación.
Causas
Una variedad de bacterias o, rara vez, de hongos
puede causar otitis externa generalizada; la bacteria estafilococo suele
producir furúnulos. Ciertas personas, como las que padecen alergias,
psoriasis, eccema o dermatitis del cuero cabelludo, son particularmente
propensas a contraer otitis externa. Las lesiones que se producen en
el canal auditivo al limpiarlo o bien por causa de entrada de agua o
de irritantes como el spray de cabello o el tinte, suelen producir una
otitis externa.
El canal auditivo se limpia por sí mismo
desplazando las células cutáneas muertas desde el tímpano
hasta el exterior, como si estuviesen en una cinta transportadora. El
hecho de intentar limpiar el canal con bastoncitos con punta de algodón
interrumpe este mecanismo de autolimpieza y puede empujar el material
de desecho hacia el tímpano, donde se acumula. Los desechos acumulados
y la cera tienden a retener el agua que entra en el canal cuando la
persona se ducha o nada. Como resultado final, la piel mojada y blanda
del canal auditivo contrae infecciones bacterianas o fúngicas
con más facilidad.
Síntomas
Los síntomas de la otitis externa generalizada
son picor, dolor y una secreción maloliente. Si el canal auditivo
se hincha o se llena con pus y desechos, la audición empeora.
Por lo general, el canal se resiente y duele si se tira del oído
externo (oreja) o si se ejerce presión sobre el pliegue de piel
que se encuentra frente al canal. Cuando se observa el interior del
canal auditivo a través de un otoscopio (un instrumento para
visualizar el canal y el tímpano), se ve que la piel del canal
está roja, hinchada y cubierta de pus y desechos.
Los furúnculos producen mucho dolor. Cuando
se rompen, es posible que salga del oído una pequeña cantidad
de sangre y de pus.
Tratamiento
Para tratar la otitis externa generalizada, el médico
primero elimina el material de desecho infectado que se encuentra en
el canal mediante aspiración o con hisopos (bastoncitos con punta
de algodón). Una vez que el canal auditivo está limpio,
la audición suele volver a la normalidad.
Por lo general, la persona tiene que instilarse
gotas de antibiótico varias veces al día durante un período
máximo de una semana. Algunas gotas óticas también
contienen un corticosteroide para reducir la inflamación. En
ciertos casos se prescriben gotas que contienen ácido acético
diluido para que ayuden a recuperar la acidez del canal auditivo. Los
analgésicos como el paracetamol o la codeína pueden ayudar
a reducir el dolor durante las primeras 24 a 48 horas, hasta que la
inflamación comience a remitir. Si la infección se ha
extendido más allá del canal auditivo (celulitis) se puede
tratar con un antibiótico administrado por vía oral.
Se deja que los furúnculos drenen por sí
solos porque el hecho de abrirlos puede diseminar la infección.
Las gotas óticas con antibiótico no son eficaces. Para
aliviar el dolor y acelerar la curación se puede aplicar una
almohadilla eléctrica sobre la zona durante un tiempo corto y
tomar analgésicos.
Pericondritis
La pericondritis es una infección del cartílago
del oído externo.
Pueden causar pericondritis las lesiones, las picaduras
de insectos o un furúnculo abierto con bisturí en el oído.
El pus se acumula entre el cartílago y la capa de tejido conectivo
que lo rodea (pericondrio). En ocasiones el pus interrumpe el suministro
de sangre que llega al cartílago, destruyéndolo y provocando
una deformación. A pesar de que es destructiva y duradera, la
pericondritis suele provocar sólo síntomas leves.
El médico realiza una incisión para
drenar el pus, permitiendo que la sangre llegue de nuevo al cartílago.
Para las infecciones leves se indican antibióticos por vía
oral, e intravenosos, si las infecciones son graves. La elección
del antibiótico depende de la gravedad de la infección
y de la bacteria que la provoca.
Eccema
El eccema de oído es una inflamación
de la piel del oído externo y del canal auditivo caracterizada
por picor, enrojecimiento, descamación y una secreción
por el oído.
Este trastorno puede producir una infección
del oído externo y del canal auditivo. El tratamiento consiste
en aplicar una solución que contenga acetato de aluminio (solución
de Burow) directamente sobre el área. Una crema o ungüento
con corticosteroide puede reducir el picor y la inflamación.
Si el área inflamada se infecta, se pueden aplicar antibióticos
directamente sobre la piel afectada. Esta afección tiende a recurrir.
Irrigación del canal auditivo
Se introduce en el canal auditivo el extremo
de una jeringa llena de agua tibia y se instila en su interior
para eliminar la cera. Este procedimiento debe ser realizado
por un médico o una enfermera.
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Lesiones
Una lesión, como por ejemplo un golpe violento
en el oído externo, puede causar una herida entre el cartílago
y la capa de tejido conectivo que lo rodea (pericondrio). Cuando la
sangre se acumula en esta zona, el oído externo se convierte
en una masa deformada y de color rojo púrpura. La sangre acumulada
(hematoma) puede cortar el suministro de sangre que llega al cartílago,
haciendo que la oreja se deforme. Esta deformación, llamada oído
en coliflor, es común entre los luchadores y boxeadores. Por
lo general, el médico recurre a la aspiración para eliminar
el hematoma, y este procedimiento se continúa hasta que desaparece
toda evidencia de hematoma, generalmente en un plazo de 3 a 7 días.
El tratamiento permite a la piel y al pericondrio volver a sus posiciones
iniciales y por consiguiente a la sangre llegar de nuevo al cartílago.
Si un corte (laceración) afecta a todo el
oído, la piel se cose y se adhiere una tablilla al cartílago
para favorecer la curación.
Un puñetazo dirigido a la mandíbula
puede fracturar los huesos que rodean el canal auditivo y distorsionar
su forma, generalmente estrechándolo. Esta deformación
puede corregirse con cirugía bajo anestesia general.
Tumores
Los tumores del oído pueden ser no cancerosos
(benignos) o cancerosos (malignos).
En el canal auditivo pueden formarse tumores no
cancerosos, que lo bloquean y producen un exceso de cera además
de una pérdida de la audición. Estos tumores pueden ser
quistes sebáceos (pequeños sacos llenos de secreciones
de la piel), osteomas (tumores óseos) y queloides (producción
excesiva de tejido cicatricial después de una lesión).
El mejor tratamiento es la eliminación del tumor. Después
del tratamiento, la capacidad auditiva vuelve a la normalidad.
El ceruminoma (cáncer de las células
que producen la cera del oído) se forma en el tercio externo
del canal auditivo y puede extenderse. El tratamiento consiste en extirpar
quirúrgicamente el cáncer y el tejido circundante.
Los cánceres de células basales y
escamosas (V. página 1026) son cánceres de piel
frecuentes que suelen formarse en el oído externo después
de una repetida y prolongada exposición al sol. Cuando estos
cánceres aparecen por primera vez, pueden tratarse con éxito
extirpándolos o aplicándoles radioterapia. Los cánceres
más avanzados pueden requerir la excisión quirúrgica
de un área más amplia del oído externo. Cuando
el cáncer ha invadido el cartílago de la oreja, la cirugía
es más eficaz que la radioterapia.
Los cánceres de células basales
y escamosas también pueden desarrollarse en el canal auditivo
o extenderse hasta allí. El tratamiento consiste en extirpar
quirúrgicamente el cáncer y un amplio margen de tejido
circundante, seguido por radioterapia.