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TRASTORNOS DEL OIDO, LA NARIZ Y LA GARGANTA
CAPITULO 212
Trastornos del oído medio y del oído
interno
El oído medio está formado por
el tímpano (membrana timpánica) y una cámara llena
de aire que contiene una cadena de tres huesos pequeños (huesecillos)
que conectan el tímpano con el oído interno. El oído
interno, que está lleno de líquido (y recibe el nombre
de laberinto), está formado por dos partes principales: la cóclea
(el órgano de la audición) y los canales semicirculares
(el órgano del equilibrio). Los trastornos del oído medio
e interno producen muchos síntomas semejantes, y un trastorno
del oído medio puede afectar al oído interno y viceversa.
Trastornos del oído medio
Los trastornos del oído medio producen síntomas
como malestar, dolor y una sensación de que el oído está
tapado o que existe una presión en su interior, así como
una salida de líquido o de pus, una pérdida de la audición,
tinnitus (zumbido en los oídos) y vértigo (sensación
de dar giros). Estos síntomas pueden estar causados por una infección,
una lesión o una presión en el oído medio cuya
causa es una obstrucción en la trompa de Eustaquio (el tubo que
conecta el oído medio con la parte posterior de la nariz). Cuando
la causa es una infección, algunos síntomas adicionales,
como fiebre y debilidad, pueden afectar a todo el organismo.
Perforación del tímpano
El tímpano puede perforarse (punzado) por
objetos colocados en el oído, como un bastoncito con punta de
algodón, u objetos que entran accidentalmente en el oído,
como una ramita o un lápiz. El tímpano también
puede perforarse por la acción de un repentino ascenso de la
presión (como el causado por una explosión, un golpe o
un accidente al nadar o al zambullirse) o un brusco descenso de la presión.
Un objeto que penetra en el tímpano puede dislocar la cadena
de huesecillos del oído medio o puede fracturar el estribo (uno
de esos huesecillos). Partes de los huesecillos rotos o del objeto mismo
pueden penetrar en el oído interno.

Síntomas
La perforación del tímpano puede causar
un dolor agudo, seguido de una hemorragia en el oído, pérdida
de la audición y tinnitus (zumbidos en el oído). La pérdida
de audición es más grave si la cadena de huesecillos se
ha roto o el oído interno ha resultado lesionado. La lesión
del oído interno también puede provocar vértigo.
El oído puede comenzar a drenar pus en un plazo de 24 a 48 horas,
particularmente si entra agua en el oído medio.
Tratamiento
Por lo general se administra un antibiótico
por vía oral para evitar la infección. El oído
se mantiene seco. Si el oído se infecta pueden utilizarse gotas
óticas con antibiótico. Por lo general, el tímpano
se cura sin más tratamiento, pero si no lo hace al cabo de 2
meses, puede ser necesario recurrir a la cirugía para repararlo
(timpanoplastia).
Una persistente pérdida de audición
conductiva sugiere una rotura en los huesecillos, que puede ser reparada
quirúrgicamente. Una pérdida de audición neurosensorial
o una sensación de vértigo que persista más de
unas pocas horas después de una lesión sugiere que algo
ha penetrado en el oído medio. En este caso, suele realizarse
un procedimiento llamado timpanotomía para inspeccionar el área
y reparar la lesión.
Barotitis media
La barotitis media (aerotitis) es una lesión
en el oído medio causada por una presión desigual de aire
en uno y otro lado del tímpano.
Presión en el oído medio
La trompa de Eustaquio ayuda a mantener
una misma presión de aire a ambos lados del tímpano
permitiendo que el aire entre en el oído medio. Si la
trompa está obstruida, el aire no puede llegar al oído
medio, por lo que la presión disminuye. Cuando la presión
de aire es menor en el oído medio que en el canal auditivo,
el tímpano se abomba hacia dentro. La diferencia de presión
puede causar dolor y lesionar o romper el tímpano.
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El tímpano separa el canal auditivo del oído
medio. Si en el canal auditivo la presión del aire proveniente
del exterior es distinta a la presión del aire en el oído
medio, el tímpano puede lesionarse. Normalmente, la trompa de
Eustaquio, que conecta el oído medio con la parte posterior de
la nariz, ayuda a mantener igualada la presión en ambos lados
del tímpano, permitiendo que el aire del exterior entre en el
oído medio. Cuando la presión del aire del exterior aumenta
de repente (por ejemplo, durante el descenso de un avión o al
zambullirse a determinada profundidad) el aire debe atravesar la trompa
de Eustaquio para igualar la presión en el oído medio.
Si la trompa de Eustaquio está parcial o
completamente obstruida debido a una cicatrización, una infección
o alergia, el aire no llega al oído medio y la diferencia de
presión puede dañar el tímpano o incluso hacer
que se rompa y que sangre. Si la diferencia de presión es muy
grande, la ventana oval (la entrada al oído interno desde el
oído medio) puede romperse, permitiendo que el líquido
del oído interno escape hacia el oído medio. La pérdida
de audición o el vértigo que tienen lugar durante una
zambullida profunda sugiere que se está produciendo dicho escape.
Los mismos síntomas que ocurren durante un ascenso, sugieren
que se ha formado una burbuja de aire en el oído interno.
Los cambios repentinos de presión que se
producen durante un vuelo hacen que la persona sienta dolor o que su
oído está tapado. La presión en el oído
medio se puede igualar respirando con la boca abierta, mascando chicle
o tragando. Las personas que tienen una infección o una alergia
que afecte a la nariz y a la garganta pueden sentir molestias cuando
viajan en avión o se zambullen. Sin embargo, si cualquiera de
las dos actividades es necesaria, un descongestivo como gotas nasales
o spray de fenilefrina alivia la congestión y ayuda a abrir las
trompas de Eustaquio, igualando la presión a cada lado de los
tímpanos.
Miringitis infecciosa
La miringitis infecciosa es una inflamación
del tímpano por infección bacteriana o vírica.
En el tímpano aparecen pequeñas ampollas
llenas de líquido (vesículas). El dolor comienza de improviso
y dura de 24 a 48 horas. Si una persona tiene fiebre y pérdida
de la audición, la infección es probablemente bacteriana.
Esta infección suele tratarse con antibióticos.
Se administran analgésicos o bien se rompen las vesículas
para aliviar el dolor.
Otitis media aguda
La otitis media aguda es una infección bacteriana
o vírica que se produce en el oído medio.
A pesar de que este trastorno puede presentarse
en personas de todas las edades, es muy común en los niños
pequeños, particularmente entre los 3 meses y los 3 años
de edad. Por lo general, aparece como una complicación de un
resfriado común. Los virus o las bacterias de la garganta pueden
llegar al oído medio a través de la trompa de Eustaquio
u ocasionalmente a través del flujo sanguíneo. La otitis
media vírica suele seguirse de una otitis media bacteriana.
Síntomas
Por lo general, el primer síntoma es un dolor
de oído persistente y fuerte. Puede producirse una pérdida
temporal de la audición. Los niños pequeños pueden
tener náuseas, vómitos, diarrea y fiebre de hasta 40,5
ºC. El tímpano se inflama y puede hincharse. Si el tímpano
se rompe, la secreción del oído puede contener sangre
al principio y luego tornarse en un líquido claro hasta finalmente
convertirse en pus.
Las complicaciones graves abarcan las infecciones
del hueso circundante (mastoiditis o petrositis), la infección
de los canales semicirculares (laberintitis), parálisis facial,
pérdida de la audición, inflamación de la membrana
que recubre el cerebro (meningitis) y abscesos cerebrales. Las señales
de complicación son dolor de cabeza, una profunda y repentina
pérdida de la audición, vértigo, escalofríos
y fiebre.
Diagnóstico
y tratamiento
El médico examina el oído para establecer
el diagnóstico. Si sale pus del oído o alguna otra secreción,
se envía una muestra al laboratorio, donde se examina para identificar
el agente que causa la infección.
La infección se trata con antibióticos
administrados por vía oral. La amoxicilina suele ser el primer
antibiótico que se emplea en personas de todas las edades, pero
para los adultos puede prescribirse penicilina en grandes dosis. También
se pueden utilizar otros antibióticos. Tomar medicamentos contra
el resfriado que contengan fenilefrina puede ayudar a mantener abierta
la trompa de Eustaquio, y los antihistamínicos son de gran ayuda
para las personas alérgicas. Si una persona tiene un dolor agudo
o persistente, fiebre, vómitos o diarrea, o bien si el tímpano
se inflama, el médico puede realizar una miringotomía,
en la que se realiza una apertura a través del tímpano
para permitir que el líquido salga del oído medio. Esta
apertura, que no afecta a la audición, cura por sí sola.
Otitis media secretoria
La otitis media secretoria es un trastorno en el
cual el líquido se acumula en el oído medio a raíz
de una otitis media aguda que no ha curado por completo o bien debido
a la obstrucción de la trompa de Eustaquio.
El líquido suele contener bacterias, aunque
no siempre. Este trastorno es frecuente en los niños porque sus
estrechas trompas de Eustaquio pueden obstruirse fácilmente debido
a reacciones alérgicas, crecimiento de adenoides o inflamación
de nariz y garganta.
Por lo general, la presión en el oído
medio se nivela tres o cuatro veces por minuto, cada vez que la trompa
de Eustaquio se abre al tragar. Si la trompa de Eustaquio está
bloqueada, la presión en el oído medio tiende a disminuir
porque, a pesar de que el oxígeno es absorbido por el flujo sanguíneo
desde el oído medio como es habitual, no se reemplaza. A medida
que la presión disminuye, el líquido se acumula en el
oído medio, reduciendo la capacidad de movimiento del tímpano.
En consecuencia se produce una pérdida de la audición
de tipo conductivo.
El médico examina el oído para establecer
el diagnóstico. Por lo general recurre a la timpanometría,
una simple prueba de audición, para cuantificar la presión
en ambos lados del tímpano.
Tratamiento
El tratamiento suele comenzar con antibióticos.
Otros fármacos, como por ejemplo fenilefrina, efedrina y antihistamínicos
(por ejemplo, la clorfeniramina), se administran por vía oral
para reducir la congestión y contribuir a abrir la trompa de
Eustaquio. La baja presión en el oído medio puede aumentar
temporalmente al forzar el paso del aire por una trompa de Eustaquio
obstruida. Para hacerlo, la persona puede espirar con la boca cerrada
y los orificios nasales apretados con los dedos. El médico puede
realizar una miringotomía, que consiste en realizar una apertura
a través del tímpano para permitir que el líquido
salga del oído medio. Un tubo delgado se inserta en la apertura
del tímpano para favorecer la salida del líquido y permitir
que entre aire en el oído medio.
El trastorno que causa la obstrucción de
la trompa de Eustaquio, como por ejemplo una alergia, también
debe tratarse. En los niños, puede ser necesario extirpar los
adenoides.
Mastoiditis aguda
La mastoiditis aguda es una infección vírica
de la apófisis mastoides, el hueso prominente que se encuentra
detrás del oído.
Este trastorno suele ocurrir cuando una otitis media
no tratada o tratada inadecuadamente se extiende desde el oído
medio hasta el hueso que lo circunda (la apófisis mastoides).
Otitis media e infección de la
mastoides
La otitis media puede extenderse y producir
una infección de la mastoides.
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Síntomas
Por lo general, los síntomas aparecen al
cabo de dos o más semanas de haberse desarrollado la otitis media
aguda, a medida que la infección diseminada destruye la parte
interna de la apófisis mastoides. Es posible que se forme un
absceso en el hueso. La piel que recubre la apófisis mastoides
puede tornarse roja, hinchada y dolorosa, y el oído externo se
desplaza hacia un lado y abajo.
Otros síntomas son fiebre, dolor alrededor
del oído y en su interior una secreción profusa y cremosa
por el oído, todo lo cual suele empeorar. El dolor tiende a ser
persistente y pulsátil. La pérdida de la audición
es progresiva.
La tomografía computadorizada (TC) demuestra
que las celdillas (los espacios en el hueso que normalmente contienen
aire) de la apófisis mastoides están llenas de líquido.
A medida que la mastoiditis avanza, los espacios se agrandan. Una mastoiditis
mal tratada puede producir sordera, infección de la sangre (sepsis),
meningitis, abscesos cerebrales o la muerte.
Tratamiento
El tratamiento suele comenzar con un antibiótico
que se administra de forma intravenosa. Se examina una muestra de la
secreción proveniente del oído para identificar el agente
que causa la infección y se determinan los antibióticos
que, con más probabilidad, eliminarán dicho agente. A
continuación, el tratamiento con antibiótico se ajusta
y se continúa durante al menos dos semanas. Si se ha formado
un absceso en el hueso, se drena quirúrgicamente.
Otitis media crónica
La otitis media crónica es una infección
duradera causada por una lesión permanente (perforación)
del tímpano.
La perforación del tímpano puede estar
causada por una otitis media aguda, el bloqueo de la trompa de Eustaquio,
una lesión causada por un objeto que entra en el oído,
los cambios bruscos en la presión del aire o las quemaduras causadas
por calor o productos químicos.
Los síntomas dependen de la parte del tímpano
que esté perforada. Si el tímpano presenta una perforación
central (un orificio en el centro), la otitis media crónica puede
exacerbarse después de una infección de la nariz y de
la garganta, como en el resfriado común, o después de
que haya entrado agua en el oído medio durante un baño
o al nadar. Por lo general, estas exacerbaciones están causadas
por bacterias y producen una secreción indolora de pus, que puede
oler mal, proveniente del oído. Las exacerbaciones persistentes
pueden provocar la formación de protuberancias llamadas pólipos,
que se extienden desde el oído medio, atraviesan la perforación
y llegan hasta el canal auditivo. La infección persistente puede
destruir partes de los huesecillos, los pequeños huesos del oído
medio que conectan los sonidos captados por el oído externo con
el oído interno, causando una pérdida auditiva de tipo
conductivo.
La otitis media crónica causada por perforaciones
marginales (orificios cercanos al borde) del tímpano también
puede provocar una pérdida auditiva conductiva y empeorar la
secreción del oído. Algunas complicaciones graves como
la inflamación del oído interno (laberintitis), la parálisis
facial y las infecciones cerebrales son más probables en los
casos de perforaciones marginales que en los de perforaciones centrales.
Las perforaciones marginales suelen estar acompañadas de colesteatomas
(acumulaciones de material blanco similar a la piel) en el oído
medio. Los colesteatomas, que destruyen el hueso, incrementan en gran
medida la posibilidad de presentar una complicación grave.
Tratamiento
Cuando se desarrolla una otitis media crónica,
el médico limpia completamente el canal auditivo y el oído
medio mediante aspiración e hisopos (bastoncitos con punta de
algodón), y luego instila una solución de ácido
acético con hidrocortisona en el oído. Las exacerbaciones
importantes se tratan con un antibiótico, como la amoxicilina,
administrado por vía oral. Una vez que se identifican las bacterias
que causan la infección, se ajusta el tratamiento antibiótico.
Por lo general, el tímpano puede ser reparado
en un procedimiento llamado timpanoplastia. Si la cadena de huesecillos
ha resultado dañada, puede ser reparada al mismo tiempo. Los
colesteatomas se extirpan quirúrgicamente. Si no se eliminan,
puede resultar imposible reparar el oído medio.
Otosclerosis
La otosclerosis es un trastorno en el cual el hueso
que rodea el oído medio e interno crece en exceso, inmovilizando
el estribo (el hueso del oído medio unido al oído interno)
e impidiendo la correcta transmisión de los sonidos.
La otosclerosis, una enfermedad hereditaria, es
la causa más común de pérdida auditiva conductiva
en los adultos cuyos tímpanos son normales. También puede
producir una pérdida auditiva neural si el crecimiento del hueso
perfora y daña los nervios que conectan el oído interno
con el cerebro. Alrededor del 10 por ciento de los adultos presenta
alguna evidencia de otosclerosis, pero sólo el uno por ciento
desarrolla una pérdida auditiva conductiva como consecuencia
de ello. Este trastorno resulta evidente por primera vez al final de
la adolescencia o en los primeros años de la edad adulta.
El hecho de extirpar el estribo mediante microcirugía
para reemplazarlo por uno artificial restablece la capacidad auditiva
en la mayoría de los casos. Algunas personas pueden optar por
usar un dispositivo que facilite la audición en vez de someterse
a la cirugía.
Trastornos del oído interno
Los trastornos del oído interno producen
síntomas tales como pérdida auditiva, vértigo (sensación
de girar), tinnitus (zumbido en el oído) y congestión.
Estos trastornos pueden tener varias causas como infecciones, traumatismos,
tumores y el uso de ciertos fármacos; la causa es, a veces, desconocida.
Enfermedad de Ménière
La enfermedad de Ménière es un trastorno
caracterizado por ataques recurrentes de vértigo incapacitante,
pérdida auditiva y acufenos (tinnitus).
Su causa es desconocida. Los síntomas incluyen
ataques repentinos de vértigo, náuseas y vómitos
que duran de 3 a 24 horas y remiten gradualmente. Periódicamente,
la persona puede sentir el oído tapado o presión en el
mismo. La audición del oído afectado tiende a fluctuar
pero empeora progresivamente con el paso de los años. Los acufenos,
que pueden ser constantes o intermitentes, pueden ser peores en coincidencia
con un ataque de vértigo, antes, después o durante el
mismo. Este trastorno afecta sólo a un oído en la mayoría
de las personas y a los dos en el 10 al 15 por ciento.
En una variedad de la enfermedad de Ménière,
la pérdida auditiva y los acufenos preceden el primer ataque
de vértigo en meses o incluso años. Una vez que comienzan
los ataques de vértigo, la audición puede mejorar.
Tratamiento
El vértigo puede aliviarse temporalmente
con fármacos administrados por vía oral, como la escopolamina,
los antihistamínicos, los barbitúricos o el diazepam.
La escopolamina también se encuentra en forma de parches cutáneos.
Existen varios procedimientos quirúrgicos
para las personas que presentan incapacitantes y frecuentes ataques
de vértigo. Cortar los nervios conectados a los canales semicirculares
(la parte del oído interno involucrada en el equilibrio) alivia
el vértigo, por lo general sin dañar el oído. Este
procedimiento recibe el nombre de neurectomía vestibular. Cuando
el vértigo es incapacitante y la audición ya se ha deteriorado
mucho, la cóclea (la parte del oído interno implicada
en la audición) y los canales semicirculares pueden ser extirpados
con un procedimiento llamado laberintectomía.
Neuronitis vestibular
La neuronitis vestibular es un trastorno caracterizado
por un fuerte y repentino ataque de vértigo, causado por la inflamación
de los nervios conectados a los canales semicirculares.
Este trastorno probablemente está causado
por un virus. El primer ataque de vértigo es fuerte, está
acompañado de náuseas y vómitos y dura de 7 a 10
días. Los ojos se mueven involuntariamente hacia el lado afectado
(un síntoma llamado nistagmo). Este trastorno desaparece por
sí solo. Puede manifestarse como un único ataque aislado
o bien como una serie de ataques a lo largo de 12 a 18 meses. Cada ataque
es más breve y menos grave que el anterior. La capacidad auditiva
no resulta afectada.
Para establecer el diagnóstico es necesario
realizar pruebas de audición y otras para el nistagmo en las
que se recurre a la electronistagmografía, un método en
el que se registran electrónicamente los movimientos oculares.
La prueba del nistagmo consiste en instilar una ínfima cantidad
de agua helada en cada canal auditivo y registrar los movimientos oculares
de la persona. Puede realizarse una resonancia magnética (RM)
de la cabeza para asegurarse de que los síntomas no son producidos
por otro trastorno.
El tratamiento del vértigo es el mismo que
el de la enfermedad de Ménière. Si los vómitos
continúan durante mucho tiempo, la persona puede necesitar líquidos
y electrólitos por vía intravenosa.
Vértigo postural
El vértigo postural (vértigo posicional)
es un vértigo violento que dura menos de 30 segundos y desencadenado
por ciertas posiciones de la cabeza.
Esta clase de vértigo puede estar causado
por condiciones que dañan los canales semicirculares (la parte
del oído interno implicada en el equilibrio). Por ejemplo, el
vértigo postural puede estar causado por una lesión en
el oído interno, otitis media, cirugía de oído
o por un bloqueo de la arteria que llega al oído interno.
El vértigo aparece cuando la persona se apoya
sobre un oído o bien inclina la cabeza hacia atrás para
mirar hacia arriba. También se produce un movimiento anormal
de los ojos (nistagmo). Por lo general, el vértigo postural remite
tras algunas semanas o meses, pero puede reaparecer meses o años
después.
Diagnóstico y tratamiento
El médico intenta desencadenar un ataque
pidiéndole a la persona que se apoye sobre la mesa de examen
con la cabeza girada hacia un lado y colgando del borde de la mesa.
Tras algunos segundos, aparecen un vértigo intenso, que por lo
general dura de 15 a 20 segundos, y nistagmo.
La persona debería evitar la posición
que le produce vértigo. Si el vértigo postural persiste
con el paso de los años, se pueden cortar los nervios conectados
a uno de los canales semicirculares del oído afectado, lo que
habitualmente alivia los síntomas.
Herpes zoster del oído
El herpes zoster del oído (síndrome
de Ramsay Hunt) es una infección del nervio auditivo producida
por el virus herpes zoster, que causa dolor agudo de oído, pérdida
de audición y vértigo.
En el oído externo y en el canal auditivo
se forman algunas pequeñas ampollas llenas de líquido
(vesículas). Dichas ampollas también pueden formarse en
la piel de la cara o del cuello cuyos nervios están infectados.
Si el nervio facial se encuentra comprimido porque está infectado
e hinchado, los músculos de un lado de la cara pueden quedar
paralizados temporal o permanentemente. La pérdida auditiva puede
ser permanente, aunque en algunos casos la audición puede volver
de forma parcial o total. El vértigo dura desde algunos días
a varias semanas.
El tratamiento preferencial es el fármaco
antivírico aciclovir. Se administran analgésicos para
aliviar el dolor y diazepam para eliminar el vértigo. Cuando
el nervio facial se encuentra comprimido, puede acudirse a la cirugía
para aumentar el orificio de salida del cráneo (descompresión
quirúrgica). Este procedimiento suele aliviar la parálisis
facial.
Sordera repentina
La sordera repentina es una grave pérdida
auditiva, por lo general en un solo oído, que se presenta en
pocas horas.
Cada año, una de, aproximadamente, cada 5
000 personas sufre sordera repentina. Por lo general se debe a una enfermedad
vírica como la parotiditis, el sarampión, la gripe, la
varicela o la mononucleosis infecciosa. Con menos frecuencia, ciertas
actividades extenuantes, como el levantamiento de peso, ejercen una
gran presión sobre el oído interno, dañándolo
y provocando una repentina o fluctuante pérdida auditiva y vértigo.
En el oído afectado puede oírse un sonido explosivo cuando
el daño se produce por primera vez. A veces, no se identifica
ninguna causa.
Por lo general, la pérdida auditiva es grave.
Sin embargo, la mayoría de las personas recuperan completamente
la audición, por lo general en un período de 10 a 14 días,
y otras lo hacen de forma parcial. El tinnitus y el vértigo pueden
acompañar la sordera repentina. El vértigo suele remitir
tras algunos días, pero el tinnitus persiste en la mayoría
de los casos.
Ningún tratamiento ha resultado útil.
Por lo general se prescriben corticosteroides por vía oral, y
se recomienda reposo en cama. En ciertos casos, procedimientos quirúrgicos
pueden ser útiles.
Pérdida auditiva causada por el ruido
La exposición a ruidos fuertes, como los
producidos por los equipos de carpintería, sierras en cadena,
motores de explosión, maquinaria pesada, disparos o aviones pueden
causar una pérdida de la audición porque destruyen los
receptores auditivos (células peludas) del oído interno.
Otras causas frecuentes son el uso de cascos para escuchar música
a gran volumen y el hecho de estar cerca de altavoces en bailes y conciertos.
A pesar de que la sensibilidad al ruido varía considerablemente
de una persona a otra, casi todas pierden algo de audición si
se exponen a un ruido intenso durante un tiempo suficientemente prolongado.
Cualquier ruido que supere los 85 decibelios es perjudicial. Las lesiones
por expansión sonora debido a explosiones (trauma acústico)
causan el mismo tipo de pérdida auditiva.
Este tipo de pérdida de audición es
permanente. Por lo general, está acompañada de un tinnitus
(zumbido en los oídos) de alta frecuencia.
Prevención y tratamiento
La pérdida de audición puede evitarse
limitando la exposición al ruido intenso, reduciendo el nivel
de ruido siempre que sea posible y permaneciendo alejado de las fuentes
de ruido. Cuanto más fuerte es el ruido, menos tiempo debería
pasarse cerca de él. Se puede reducir la exposición al
ruido usando protectores de oído, como tapones de plástico
que se colocan en los canales auditivos o bien almohadillas llenas de
glicerina que cubren las orejas.
Un dispositivo de audición es habitualmente
útil para las personas que tienen una pérdida auditiva
grave inducida por el ruido.
Efectos de los trastornos auditivos
sobre el nervio facial
Los trastornos auditivos pueden afectar al
nervio facial debido a que éste tiene un trayecto zigzagueante
por el interior del oído. Por ejemplo, el herpes zoster
del oído puede afectar al nervio facial al igual que
al nervio auditivo. Entonces el nervio facial se inflama y queda
comprimido en el orificio del cráneo por el cual pasa.
La presión sobre este nervio puede causar parálisis
facial temporal o permanente.
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Pérdida de audición relacionada con la
edad
La pérdida de audición relacionada
con la edad (presbiacusia) es la pérdida auditiva neurosensorial
que se produce como parte del envejecimiento normal.
Esta clase de pérdida auditiva comienza después
de los 20 años y primero afecta a las frecuencias más
altas y gradualmente llega a las más bajas. De todos modos, el
grado de pérdida auditiva varía considerablemente. Algunas
personas están casi completamente sordas a los 60 años,
mientras que otras tienen una capacidad auditiva excelente a los 90.
Los varones resultan afectados con más frecuencia y con más
gravedad. La pérdida auditiva parece estar parcialmente relacionada
con el grado de exposición al ruido.
Ningún tratamiento puede evitar o revertir
la pérdida de audición relacionada con la edad. Sin embargo,
esta pérdida puede ser compensada por la lectura de los labios,
el hecho de aprender a reconocer signos no auditivos como el lenguaje
corporal, y la amplificación de los sonidos gracias a un dispositivo
de audición.
Lesión del oído debida a medicamentos
Algunos medicamentos, como ciertos antibióticos,
diuréticos (particularmente el ácido etacrínico
y la furosemina), la aspirina y las sustancias similares a la aspirina
(salicilatos) y la quinina, pueden dañar el oído. Éstos
afectan tanto a la audición como al equilibrio, si bien la más
afectada es la capacidad auditiva.
Casi todos los medicamentos son eliminados del cuerpo
a través de los riñones. Por ello, cualquier deterioro
en el funcionamiento renal incrementa la posibilidad de que los fármacos
se acumulen en la sangre y alcancen concentraciones que puedan causar
lesiones.
De todos los antibióticos, la neomicina es
el de efecto más tóxico sobre la audición, seguido
por la kanamicina y la amikacina. La viomicina, la gentamicina y la
tobramicina pueden afectar tanto a la audición como al equilibrio.
La estreptomicina afecta al equilibrio más
que a la capacidad auditiva. El vértigo y la pérdida de
equilibrio derivados del uso de estreptomicina tienden a ser temporales.
Sin embargo, la pérdida de equilibrio puede ser grave y permanente,
y causar dificultades al andar en la oscuridad y dar la sensación
de que el entorno se mueve a cada paso (síndrome de Dandy).
El ácido etacrínico y la furosemida
han provocado pérdida auditiva permanente o transitoria cuando
se han administrado de forma intravenosa a personas con insuficiencia
renal que también tomaban antibióticos.
Si la aspirina se toma en grandes dosis durante
un período prolongado, puede provocar pérdida de audición
y tinnitus, habitualmente de forma temporal. La quinina puede causar
una pérdida permanente de la audición.
Precauciones
Los fármacos que pueden dañar el oído
no se aplican directamente sobre el mismo cuando el tímpano está
perforado porque pueden mezclarse con el líquido del oído
interno.
Los antibióticos que perjudican la audición
no están indicados en las mujeres embarazadas. Tampoco se prescriben
a los ancianos o a quienes tienen una pérdida auditiva previa,
a menos que no se pueda disponer de otros fármacos.
Si bien la susceptibilidad a estos fármacos
varía en cierta forma de persona a persona, es posible evitar
la pérdida auditiva si la concentración del fármaco
en la sangre se mantiene dentro del límite recomendado. En consecuencia,
esta concentración debe ser controlada con frecuencia. En la
medida de lo posible, se controla la audición antes y durante
el tratamiento.
Por lo general, el primer signo de lesión
es la incapacidad de percibir frecuencias altas. Puede aparecer tinnitus
de alta frecuencia o vértigo.
Fractura del hueso temporal
El hueso temporal (el hueso del cráneo que
contiene parte del canal auditivo, el oído medio y el oído
interno) puede fracturarse a causa de un golpe en el cráneo.
Una hemorragia en el oído o una magulladura (hematoma) en la
piel en la parte posterior de la oreja, tras una lesión en la
cabeza, sugieren una fractura del hueso temporal. Si sale un líquido
claro del oído, es posible que esté brotando líquido
cefalorraquídeo, lo que indica que el cerebro puede infectarse.
Las fracturas del hueso temporal rompen frecuentemente el tímpano,
causando parálisis facial y una profunda pérdida de audición
neurosensorial. Por lo general, una tomografía computadorizada
(TC) puede detectar la fractura.
Se administra en estos casos un antibiótico
por vía intravenosa para evitar la infección de la membrana
que cubre el cerebro (meningitis). En ciertos casos, la parálisis
facial persistente causada por presión sobre el nervio facial
puede aliviarse con cirugía. Las lesiones en el tímpano
y el oído medio se recuperan semanas o meses más tarde.
Tumores del nervio auditivo
Un tumor en el nervio auditivo (neuroma acústico,
neurinoma acústico, schwannoma vestibular, tumor del octavo par
craneal) es un tumor benigno que se origina en las células de
Schwann (células que envuelven el nervio).
Los tumores del nervio auditivo representan el 7
por ciento de todos los tumores que se desarrollan en el cráneo.
La pérdida de audición, el tinnitus,
el mareo y la falta de equilibrio son los primeros síntomas.
Pueden desarrollarse otros síntomas si el tumor aumenta de tamaño
y comprime el cerebro u otros nervios, como el nervio facial, o el nervio
trigeminal que inerva los ojos, la boca y la mandíbula. El diagnóstico
rápido se basa en una resonancia magnética (RM) y pruebas
de audición, incluyendo la respuesta auditiva del tronco cerebral,
que analiza el trayecto de los impulsos nerviosos hacia el cerebro.
Los tumores pequeños se eliminan mediante
microcirugía para evitar daños al nervio facial. Los tumores
de gran tamaño necesitan una cirugía más extensa.