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SECCION 20 > TRASTORNOS OCULARES
 
CAPITULO 217

Trastornos de la refracción

Normalmente, el ojo crea una imagen clara porque la córnea y el cristalino desvían (refractan) los rayos de luz que penetran para centralizarlos en la retina. La forma de la córnea es fija, pero el cristalino cambia de forma para enfocar objetos situados a distintas distancias del ojo. La forma del globo ocular también ayuda a crear una clara imagen sobre la retina.

Las personas hipermétropes tienen dificultades para ver objetos de cerca y las miopes no consiguen enfocar los objetos distantes. Cuando las personas llegan a los 40 años, el cristalino se torna cada vez más rígido, por lo que no puede enfocar los objetos cercanos, una enfermedad llamada presbiopía. Si a una persona se le ha extirpado el cristalino para tratar sus cataratas, pero no se le ha implantado otro cristalino, los objetos le parecerán borrosos sea cual sea la distancia; la ausencia de cristalino recibe el nombre de afaquia. Una córnea de forma imperfecta puede causar distorsión visual (astigmatismo).

Todo el mundo debería someterse a exámenes visuales por parte de su médico, sea internista, oftalmólogo u optometrista. Se examinan los dos ojos simultáneamente y también cada uno de manera independiente. El examen visual también suele incluir evaluaciones no relacionadas con los errores de refracción, como por ejemplo una prueba de capacidad para distinguir los colores.

Tratamiento

El tratamiento habitual para los errores de refracción es el uso de lentes correctoras. Sin embargo, ciertos procedimientos quirúrgicos y tratamientos con láser, que cambian la forma de la córnea, también pueden corregir errores de refracción.

Lentes correctoras

Los errores de refracción pueden ser corregidos con lentes de cristal o de plástico, montadas sobre un marco (gafas), o mediante pequeñas piezas de plástico colocadas directamente sobre la córnea (lentes de contacto). Para la mayoría de las personas, la elección es una cuestión de estética, conveniencia y comodidad.

Las lentes de plástico para las gafas son más ligeras, pero se rayan con facilidad; las lentes de cristal duran más, pero corren más riesgo de romperse. Ambas pueden ser de color o estar tratadas con un producto químico que las oscurece automáticamente ante la exposición a la luz solar. Las lentes también pueden ser de mayor espesor para reducir la cantidad de luz ultravioleta potencialmente nociva que llega al ojo. Las bifocales contienen dos lentes, una superior que corrige la miopía y otra inferior que corrige la hipermetropía.

Muchas personas creen que las lentes de contacto son más atractivas (elegantes) que las gafas y también que con ellas la visión es más natural. Sin embargo, las lentes de contacto requieren más cuidado que las gafas, pueden dañar el ojo y en algunas personas pueden no corregir la visión de forma tan adecuada como las gafas. Los ancianos y las personas con artritis pueden tener dificultades para manipular las lentes de contacto y colocárselas en los ojos.

Las lentes de contacto duras (rígidas) son finos discos hechos con plástico rígido. Hay lentes que son permeables al aire, hechas de silicona y otros compuestos; son rígidas, pero permiten una mejor llegada de oxígeno a la córnea. Las lentes de contacto blandas hidrófilas, hechas de plástico flexible, son más grandes y cubren la totalidad de la córnea. Las lentes más blandas no hidrófilas están hechas con silicona. Los ancianos en general consideran que las lentes blandas son más fáciles de manipular porque son más grandes. También tienen menos probabilidades que las lentes rígidas de salirse o de atrapar el polvo y otras partículas debajo de ellas. Además, las lentes de contacto blandas resultan generalmente cómodas desde la primera vez que se usan. Sin embargo, requieren un cuidado escrupuloso.

En general es necesario usar el primer par de lentes de contacto rígidas durante una semana antes de sentirse a gusto con ellas durante un período prolongado. Las lentes se usan durante un número gradualmente mayor de horas al día. A pesar de que pueden resultar incómodas al principio, no deberían provocar dolor. El dolor indica que se han colocado incorrectamente.

La mayoría de las lentes de contacto deben quitarse y limpiarse a diario. Como alternativa, la persona puede usar lentes desechables, algunas de las cuales se reemplazan una o dos veces por semana, mientras que otras deben cambiarse todos los días. El uso de las lentes desechables evita la necesidad de limpiarlas y guardarlas, ya que cada lente se sustituye por una nueva.

El uso de cualquier clase de lentes de contacto acarrea un riesgo de sufrir graves y dolorosas complicaciones, como úlceras de córnea provocadas por una infección, que pueden acabar en una pérdida de la visión. Los riesgos pueden ser mucho menores si se siguen las instrucciones del fabricante y el oftalmólogo, y se usa el sentido común. Todas las lentes de contacto de uso frecuente deben ser esterilizadas y desinfectadas; la limpieza con enzimas no puede sustituir la esterilización y la desinfección. El riesgo de sufrir infecciones graves aumenta al limpiar las lentes de contacto con una solución salina casera, con saliva o con agua del grifo o destilada, y al nadar con las lentes de contacto colocadas. No es recomendable dormir con las lentes de contacto blandas (sean de uso diario, de uso prolongado o las desechables) por la noche, a menos que exista una razón especial para hacerlo. Si una persona siente malestar, un lagrimeo excesivo, cambios en la visión o enrojecimiento del ojo, debe quitarse las lentes de inmediato. Si los síntomas no desaparecen rápidamente, debe ponerse en contacto con un oftalmólogo.

Cirugía y terapia con láser

La refracción
Estas ilustraciones muestran cómo la córnea y el cristalino centran la luz sobre la retina cuando la visión es normal y anormal y, en éste último caso, sin corregir y corregida con ayuda de gafas o lentes de contacto.

Para corregir la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo pueden utilizarse ciertos procedimientos quirúrgicos y con láser (cirugía refractiva). Sin embargo, estas alternativas no siempre corrigen la visión tan bien como las gafas y las lentes de contacto. Antes de decidirse por un determinado procedimiento, la persona debería discutir el tema seriamente con un oftalmólogo y considerar con gran cuidado los riesgos y los beneficios.

Los mejores candidatos para la cirugía refractiva son las personas cuya visión no puede corregirse con gafas o lentes de contacto y las que no pueden tolerar su uso. No obstante, muchas personas se someten a esta cirugía por conveniencia y fines estéticos y muchas se sienten satisfechas con los resultados.

Queratotomía radial y astigmática: la queratotomía es una intervención quirúrgica utilizada para tratar la miopía y el astigmatismo. En la queratotomía radial, el cirujano realiza pequeñas incisiones radiales (o en forma de radio) en la córnea. En general, se realizan de cuatro a ocho cortes. En la queratotomía astigmática, que se utiliza para corregir el astigmatismo de origen natural y el astigmatismo posterior a una cirugía de cataratas, el cirujano realiza cortes perpendiculares. Como la córnea tiene un espesor de sólo medio milímetro, la profundidad de los cortes debe ser determinada con precisión. El cirujano determina dónde realizar cada corte tras analizar la forma de la córnea y la agudeza visual de la persona.

La cirugía aplana la córnea, para que pueda centralizar mejor la luz que entre en la retina. Este cambio mejora la visión y alrededor del 90 por ciento de quienes se someten a la cirugía pueden funcionar bien y conducir sin gafas ni lentes de contacto. A veces son necesarios un segundo o un tercer retoque para mejorar suficientemente la visión.

Ninguna intervención quirúrgica está exenta de riesgos, pero el riesgo de la queratotomía radial y astigmática no es considerable. Los mayores riesgos son la corrección excesiva o insuficiente de la visión. Debido a que la corrección excesiva no puede ser tratada de forma eficaz, el cirujano intenta evitar hacer demasiadas correcciones en una sola sesión. Como ya se ha mencionado, la corrección insuficiente puede completarse con una segunda o tercera intervención. La complicación más grave es la infección, que tiene lugar en mucho menos del 1 por ciento de los casos. Cuando aparece, debe ser tratada con antibióticos.

Queratotomía fotorrefractiva: esta intervención quirúrgica con láser vuelve a dar forma a la córnea. La queratotomía fotorrefractiva se vale de un rayo de luz altamente concentrado para eliminar pequeñas porciones de la córnea y en consecuencia modificar su forma. Al igual que las intervenciones quirúrgicas, la modificación de la forma de la córnea concentra mejor la luz dentro de la retina y mejora la visión.

A pesar de que la cirugía con láser parece prometedora para corregir la visión deficiente, presenta ciertos problemas. Por ejemplo, el período de recuperación es más prolongado y doloroso que los otros procedimientos quirúrgicos refractivos. Sin embargo, los riesgos son similares a los de la queratotomía radial y astigmática.


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