SECCION 20 >
TRASTORNOS OCULARES
CAPITULO 219
Trastornos de la cavidad ocular
Los huecos de los ojos (órbitas) son
las cavidades óseas que los contienen y protegen. Los trastornos
que afectan las órbitas son las fracturas, la celulitis orbitaria,
la trombosis del seno cavernoso y el exoftalmos.
Fracturas
Una lesión en la cara puede fracturar uno
o varios de los huesos que forman las órbitas. A pesar de que
una fractura facial en general no afecta la visión, ciertas fracturas
sí pueden hacerlo.
La sangre que se acumula después de una fractura
puede generar presión en el ojo o en los nervios y vasos sanguíneos
que llegan y salen de él. La fractura también puede afectar
la función de los músculos que mueven el ojo, produciendo
una visión doble o dificultando el movimiento ocular hacia la
derecha, izquierda, arriba o abajo. En raras ocasiones, un fragmento
de hueso roto presiona o corta un nervio, un vaso sanguíneo o
un músculo, perjudicando la visión.
Cuando una fractura atrapa nervios o músculos
o empuja el globo ocular hacia atrás, puede ser necesario reparar
los huesos faciales (en general mediante cirugía). Tras asegurarse
de que la fractura no ha dañado estructuras vitales, el cirujano
vuelve a colocar los huesos en su posición correcta, empleando
pequeñas placas de metal y tornillos o cables.
Celulitis orbitaria
La celulitis orbitaria es una infección de
los tejidos que rodean el globo ocular.
La infección puede extenderse desde los senos
paranasales, los dientes o el flujo sanguíneo, o bien desarrollarse
tras una cirugía del ojo. Los síntomas de la celulitis
orbitaria son ojos salidos, menor movimiento ocular e inflamación
y oscurecimiento del globo ocular. Si no se trata de forma adecuada,
la celulitis orbitaria puede provocar ceguera, infección del
cerebro y de la médula espinal y coágulos de sangre en
el cerebro.
Diagnóstico y tratamiento
Los médicos en general pueden reconocer la
celulitis orbitaria sin recurrir a las pruebas diagnósticas.
Sin embargo, para determinar la causa puede ser necesaria una evaluación
más exhaustiva, que incluya una revisión dental y de la
boca así como radiografías o una tomografía computadorizada
(TC) para analizar los senos. Con frecuencia, los médicos obtienen
muestras del revestimiento del ojo y de la piel, sangre, garganta o
senos y las envían al laboratorio para su cultivo. Estas pruebas
ayudan a determinar qué tipo de bacteria está causando
la infección y qué tratamiento debería utilizarse.
Los antibióticos orales se administran para
los casos leves; los antibióticos intravenosos se aplican en
casos graves. El antibiótico que se use al comienzo puede cambiarse
si los resultados del cultivo sugieren que otro resultará más
efectivo. En ocasiones, se recurre a la cirugía para drenar un
foco de infección (absceso) o un seno infectado.
Trombosis del seno cavernoso
La trombosis del seno cavernoso es la obstrucción
de una vena grande que se encuentra en la base del cerebro (el seno
cavernoso), generalmente causada por la diseminación de bacterias
a partir de la infección de un seno paranasal o de una infección
alrededor de la nariz.
Una infección puede extenderse desde un seno
paranasal o el área de la piel que rodea la nariz o los ojos
hasta el cerebro, tanto de forma directa como a través de las
venas. Esta infección provoca la protrusión de los ojos,
fuertes dolores de cabeza, coma, ataques epilépticos y otras
anormalidades del sistema nervioso, además de mucha fiebre.
Afortunadamente, la trombosis del seno cavernoso
es muy poco común. Alrededor del 30 por ciento de las personas
que la padecen mueren, y muchas de las que sobreviven presentan serios
trastornos mentales o trastornos neurológicos graves a pesar
del tratamiento médico.
Diagnóstico y tratamiento
Para diagnosticar una trombosis del seno cavernoso
e identificar las bacterias que causan la infección, el médico
toma muestras de sangre y de secreciones, mucosidad o pus, de la garganta
y la nariz y las envía al laboratorio para su cultivo. Así
mismo, se lleva a cabo una tomografía computadorizada (TC) de
los senos paranasales, los ojos y el cerebro.
De inmediato se administran altas dosis de antibióticos
intravenosos. Si el proceso no mejora tras 24 horas de tratamiento con
antibióticos, el seno puede drenarse quirúrgicamente.
| Exoftalmos |
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Exoftalmos
El exoftalmos es la protrusión anormal de
uno o ambos ojos
No todas las personas con ojos protuberantes necesariamente
padecen de exoftalmos. Algunas simplemente tienen ojos saltones, con
más parte blanca a la vista de lo normal. El grado de protrusión
puede medirse en el consultorio de un especialista (oftalmólogo)
con una regla común o con un instrumento llamado exoftalmómetro.
Otras pruebas diagnósticas pueden incluir una tomografía
computadorizada (TC) y pruebas de funcionamiento del tiroides.
Muchas son las enfermedades que pueden causar exoftalmos.
En algunas clases de enfermedad del tiroides, especialmente la enfermedad
de Graves, los tejidos de la cavidad del ojo se hinchan, y ciertos depósitos
de material inusual empujan el globo ocular hacia adelante. El exoftalmos
puede aparecer de improviso a partir de una hemorragia detrás
del ojo o por una inflamación en la cavidad del mismo. Determinados
tumores, sean o no cancerosos, pueden desarrollarse en la cavidad del
ojo y empujarlo de atrás hacia adelante. El crecimiento inusual
de un tejido (seudotumor) puede producir exoftalmos en 2 o 3 semanas.
La trombosis del seno cavernoso produce un estancamiento de la sangre
de las venas que salen del ojo. Ciertas conexiones anormales de las
arterias y las venas (malformaciones arteriovenosas) por detrás
del ojo pueden provocar exoftalmos pulsátil, en el que el ojo
protruye hacia adelante y late al ritmo del corazón.
Tratamiento
El tratamiento depende de la causa. Si el problema
es una anomalía entre las arterias y las venas, puede ser necesario
recurrir a la cirugía. Si se está produciendo un exceso
de hormona tiroidea (hipertiroidismo), la hinchazón puede remitir
cuando se controla el hipertiroidismo. Ocasionalmente, sin embargo,
el exoftalmos persiste aun cuando la enfermedad del tiroides ha sido
controlada. Si el nervio óptico está siendo comprimido,
se recurre a los corticosteroides orales, la radioterapia local o la
cirugía para aliviar la presión. Si los párpados
no cubren correctamente el globo ocular, la cirugía reparadora
de los mismos puede ayudar a proteger la córnea de la sequedad
y las infecciones. Los corticosteroides pueden contribuir a tratar los
seudotumores y la hinchazón. Si ciertos tumores amenazan la integridad
del ojo empujándolo hacia adelante, es posible que deban ser
extirpados.