SECCION 20 >
TRASTORNOS OCULARES
CAPITULO 221
Trastornos de la conjuntiva
La conjuntiva es el revestimiento delgado
y fuerte que cubre la parte posterior del párpado y se prolonga
hacia atrás para cubrir la esclerótica (el blanco del
ojo). La conjuntiva ayuda a proteger el ojo de cuerpos extraños
e infecciones, pero puede sufrir irritación debido a ciertos
productos químicos, reacciones alérgicas o infecciones
por virus o bacterias. Estas situaciones en general producen dolor,
picor y enrojecimiento en la superficie del ojo.
Conjuntivitis
La conjuntivitis es una inflamación de la
conjuntiva, generalmente causada por virus, bacterias o una alergia.
La conjuntiva puede resultar inflamada debido a
una reacción alérgica al polvo, el moho, la caspa animal
o el polen, y puede verse irritada por la acción del viento,
el polvo, el humo y otras clases de agentes que producen polución
del aire. También puede sufrir irritación debido a un
resfriado común o un brote de sarampión. La luz ultravioleta
de una soldadura eléctrica de arco, una lámpara solar
o incluso la intensa luz solar reflejada en la nieve pueden irritar
la conjuntiva.
En ciertos casos, la conjuntivitis puede durar meses
o años. Esta clase de conjuntivitis puede ser causada por procesos
en los que el párpado se tuerce hacia fuera (ectropión)
o hacia dentro (entropión), problemas con los conductos lagrimales,
sensibilidad a ciertos productos químicos, exposición
a sustancias irritantes e infección causada por una bacteria
en especial (típicamente la clamidia).
Síntomas y diagnóstico
Cuando está irritada, la conjuntiva se ve
enrojecida por la sangre y suele aparecer una secreción en el
ojo. En la conjuntivitis bacteriana, la secreción puede ser espesa
y blanca o cremosa. En la conjuntivitis vírica o alérgica,
la secreción es en general clara. El párpado puede hincharse
y picar intensamente, en especial en casos de conjuntivitis alérgicas.
En general, la conjuntivitis resulta fácilmente
reconocible porque suele tener lugar junto con un resfriado o una alergia.
A veces, sin embargo, la conjuntivitis semeja una iritis, una inflamación
ocular más grave, o incluso un glaucoma agudo (procesos graves
que pueden ocasionar la pérdida de la visión). El médico
generalmente puede diferenciar estas enfermedades. En los procesos oculares
más graves, los vasos sanguíneos más cercanos a
la parte coloreada del ojo (el iris) se ven muy inflamados. A pesar
de que la conjuntivitis puede provocar una sensación de quemazón,
suele ser menos dolorosa que los procesos más graves. La conjuntivitis
casi nunca afecta la visión, a menos que la secreción
cubra temporalmente la córnea.
Tratamiento
El tratamiento para la conjuntivitis depende de
su causa. Los párpados deberían lavarse suavemente con
agua del grifo y un paño limpio para mantenerlos limpios y libres
de secreción. Si la causa es una infección bacteriana,
pueden recetarse gotas o una pomada con antibiótico. En ocasiones,
el médico toma una pequeña muestra de la secreción
con un bastoncito con punta de algodón, para analizarla en un
laboratorio y luego prescribir el tratamiento según los resultados
de la prueba. Las gotas oftálmicas con corticosteroides no se
utilizan junto con los antibióticos y nunca deberían ser
utilizadas por un paciente que pudiera tener una infección por
herpes, porque los corticosteroides tienden a empeorar esta infección.
Los antibióticos no alivian la conjuntivitis
alérgica o vírica. Los antihistamínicos orales
pueden aliviar el picor y la irritación. Si no es así,
las gotas con corticosteroides pueden resultar beneficiosas.
Como la conjuntivitis infecciosa es muy contagiosa,
el paciente debería lavarse las manos antes y después
de lavarse el ojo o aplicarse la medicación. Además, debería
evitar tocar el ojo sano después de tocarse el ojo infectado.
Las toallas y los paños que se utilicen para limpiar el ojo no
deberían mezclarse con las otras toallas y paños.
A veces se necesita recurrir a la cirugía
para corregir la alineación de los párpados o para abrir
los conductos lagrimales obstruidos.
Conjuntivitis gonocócica
Los recién nacidos pueden contraer una infección
de la conjuntiva por gonococos de su madre mientras pasan por la vagina.
Por esta razón, en muchos países se exige que todos los
recién nacidos reciban gotas para los ojos (en general de nitrato
de plata, yodo de povidona o una pomada con antibióticos como
la eritromicina) para matar las bacterias que pudiesen causar conjuntivitis.
Los adultos pueden contraer conjuntivitis gonocócica durante
la actividad sexual si, por ejemplo, el semen infectado entra en el
ojo. En general sólo un ojo se ve afectado.
Entre 12 y 48 horas después de comenzar la
infección, el ojo se vuelve rojo y provoca dolor. Si la infección
no se trata, pueden formarse úlceras en la córnea, abscesos,
el globo ocular puede perforarse e incluso puede producirse ceguera.
Las tabletas, inyecciones o gotas oftálmicas con antibiótico
curan la conjuntivitis gonocócica.
Tracoma
El tracoma (conjuntivitis granular, oftalmía
egipcia) es una infección prolongada de la conjuntiva causada
por la bacteria Chlamydia trachomatis.
El tracoma es frecuente en las regiones secas y
calurosas del Mediterráneo así como en el Extremo Oriente.
El tracoma es contagioso en sus primeras etapas y puede ser transmitido
por el contacto entre la mano y el ojo, por ciertas moscas o por artículos
contaminados como toallas y pañuelos.
Síntomas y tratamiento
En las primeras fases de la enfermedad, la conjuntiva
se inflama, enrojece e irrita, al tiempo que aparece una secreción.
En las fases más avanzadas, la conjuntiva y la córnea
cicatrizan, haciendo que las pestañas se curven hacia dentro
y la visión disminuya.
Cuando se sospecha un tracoma, el médico
limpia el ojo o raspa el área para obtener una muestra, que se
envía al laboratorio para identificar el organismo infectante.
El tratamiento consiste en aplicar pomadas antibióticas que contengan
tetraciclina o eritromicina durante 4 a 6 semanas. Estos antibióticos
pueden también ser administrados por vía oral. Si esta
enfermedad causa deformaciones en el párpado, la conjuntiva o
la córnea, puede ser necesario recurrir a la cirugía.
Conjuntivitis de inclusión
La conjuntivitis de inclusión es una variedad
de conjuntivitis causada por la bacteria Chlamydia trachomatis.
Los recién nacidos pueden resultar infectados
por su madre mientras atraviesan la vagina; los adultos pueden resultar
infectados por una exposición a secreciones genitales que contengan
la bacteria.
Síntomas y tratamiento
De 5 a 14 días después del nacimiento,
el niño infectado desarrolla una conjuntivitis grave con hinchazón
de los párpados y la conjuntiva. Una secreción pegajosa
de pus sale de los ojos. Los adultos suelen infectarse en un solo ojo.
Los ganglios linfáticos próximos al oído pueden
inflamarse. En raras ocasiones, esta enfermedad daña la córnea,
generando áreas opacas y el crecimiento de vasos sanguíneos.
En general los antibióticos no revierten semejante daño,
pero pueden ayudar a prevenirlo si se administran a tiempo.
La mitad de los niños que tienen esta enfermedad
también presentan una infección por clamidias de la garganta
y la nariz y alrededor del 10 por ciento desarrolla neumonía.
Al margen del alcance de la infección, la eritromicina en general
logra curarla. En los adultos, la eritromicina u otros antibióticos,
como la tetraciclina y la doxiciclina, también pueden utilizarse.
La madre de un niño infectado o la pareja sexual de un adulto
infectado también deberían someterse a tratamiento.
Queratoconjuntivitis vernal (primaveral)
La queratoconjuntivitis vernal es una inflamación
recurrente de la conjuntiva, generalmente presente en ambos ojos, que
puede dañar la superficie de la córnea.
Como esta enfermedad tiene un origen típicamente
alérgico, suele presentarse de manera recurrente en la primavera
o el verano. La queratoconjuntivitis vernal es más común
en los niños; suele comenzar antes de la pubertad y desaparece
antes de los 20 años.
Síntomas y tratamiento
Los síntomas consisten en un intenso picor,
ojos rojos y llorosos, sensibilidad a la luz solar y una secreción
espesa y pegajosa. En una de las variedades de esta enfermedad, la conjuntiva
que se encuentra debajo del párpado superior resulta más
afectada, pues se hincha y se torna de color rosa pálido a grisáceo,
mientras que el resto de la conjuntiva se vuelve de color blanco lechoso.
En otra de sus variedades, la conjuntiva que cubre el globo ocular se
vuelve gruesa y grisácea. En ocasiones resulta dañada
una pequeña área de la córnea, lo que causa dolor
y una extrema sensibilidad a la luz. En general todos los síntomas
desaparecen con el clima frío y se mitigan con el paso de los
años.
Las gotas oftálmicas antialérgicas
como el cromoglicato, la lodoxamida, el ketorolaco y la levocabastina
son los tratamientos más seguros. Los antihistamínicos
orales también pueden ayudar. Los corticosteroides son más
potentes pero no deberían ser utilizados durante más de
unas pocas semanas sin un control exhaustivo, porque pueden inducir
aumento de la presión ocular, formación de cataratas y
desarrollo de infecciones oportunistas.
Queratoconjuntivitis seca
La queratoconjuntivitis seca es una sequedad muy
prolongada de ambos ojos que puede derivar en la deshidratación
de la conjuntiva y la córnea.
Los ojos secos pueden ser un síntoma de enfermedades
como la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico o
el síndrome de Sjögren. Acompañando o no a estas
enfermedades, los ojos secos son más comunes en las mujeres adultas.
Síntomas, diagnóstico y tratamiento
Una disminución de la producción de
lágrimas o la pérdida de las lágrimas debido a
la evaporación provoca irritación en el ojo y causa una
sensación de quemazón.
Las lesiones diseminadas por la superficie del ojo
aumentan la sensación de incomodidad y la sensibilidad a la luz
intensa. En las fases más avanzadas de esta enfermedad, la superficie
del ojo puede espesarse y desarrollar úlceras y cicatrices, y
pueden formarse vasos sanguíneos. Si la cicatrización
afecta a la córnea, la visión puede empeorar.
A pesar de que el médico en general puede
diagnosticar la sequedad en los ojos sólo por los síntomas,
la prueba de Schirmer (en la cual se coloca una banda de papel de filtro
en el ángulo externo del párpado) puede medir la cantidad
de humedad que baña el ojo. Los médicos examinan los ojos
con una lámpara de hendidura (un microscopio que magnifica las
estructuras del ojo) para determinar si se ha producido alguna lesión.
Las lágrimas artificiales (gotas para los
ojos preparadas con sustancias que semejan las lágrimas reales)
aplicadas a cortos intervalos de tiempo, en general pueden controlar
el problema. Puede recurrirse a la cirugía para bloquear el flujo
de lágrimas hacia la nariz y aumentar así la cantidad
de lágrimas que bañen los ojos. En las personas con ojos
muy secos, los párpados pueden coserse parcialmente para disminuir
la evaporación de las lágrimas.
Episcleritis
La episcleritis es una inflamación de la
esclerótica, una capa de tejido que se encuentra debajo de la
conjuntiva.
En general, la inflamación afecta sólo
a una pequeña porción del globo ocular y produce un área
amarilla, ligeramente elevada. La episcleritis no se asocia generalmente
a ninguna otra enfermedad y tiende a desaparecer y aparecer de forma
recurrente. A pesar de que con frecuencia no se precisa tratamiento,
se pueden aplicar gotas con corticosteroides.
Escleritis
La escleritis es una inflamación profunda
y extremadamente dolorosa de la esclerótica, que adopta un color
púrpura, y que puede dañar gravemente la visión.
La escleritis puede acompañar a la artritis
reumatoide y otras enfermedades relacionadas con ésta. En casos
muy graves, esta inflamación produce la perforación del
globo ocular y la pérdida del ojo.
La escleritis debe ser tratada, generalmente con
medicamentos antiinflamatorios no esteroideos o con corticosteroides.
Si una persona sufre de artritis reumatoide o no responde a los corticosteroides,
existen fármacos que inhiben el sistema inmunológico,
como la ciclofosfamida o la azatioprina, que pueden ser necesarios en
estos casos.
Tumores no cancerosos
En la conjuntiva pueden aparecer dos clases de tumores
no cancerosos (benignos). La pinguécula, una formación
blanco-amarillenta que crece junto a la córnea, es estéticamente
desagradable pero en general no provoca ningún problema grave
y no necesita ser extirpada.
El pterigión, una formación carnosa
de la conjuntiva dentro de la córnea, puede expandirse a través
de esta última y distorsionar su forma, posiblemente causando
astigmatismo y otros cambios en la visión. El pterigión
es más común en climas calurosos y muy secos. Cualquiera
de estos tumores puede ser extirpado por un especialista (oftalmólogo).