SECCION 24 >
ACCIDENTES Y LESIONES
CAPITULO 277
Quemaduras
Una quemadura es una lesión del tejido
producida por efecto del calor, los productos químicos o la electricidad.
La mayoría de la gente cree que el calor
es la única causa de quemaduras, pero algunas sustancias químicas
y la corriente eléctrica también pueden producirlas. A
pesar de que la piel es generalmente la parte del cuerpo que se quema,
los tejidos que se encuentran por debajo también pueden verse
afectados e incluso, a veces, pueden quemarse los órganos internos
pero no la piel. Por ejemplo, el hecho de beber un líquido muy
caliente o una sustancia cáustica como el ácido puede
quemar el esófago y el estómago. La inhalación
de humo y aire caliente provenientes del fuego de un edificio en llamas
puede quemar los pulmones.
Los tejidos quemados pueden morir. Cuando los vasos
sanguíneos resultan dañados por una quemadura, escapa
líquido de su interior y ello produce hinchazón. En una
quemadura extensa, la gran pérdida de líquido a partir
del funcionamiento anormal de los vasos sanguíneos puede causar
un shock. En esta grave situación, la presión arterial
disminuye tanto que llega muy poca sangre al cerebro y a otros órganos
vitales.
Las quemaduras producidas por electricidad pueden
ser debidas a temperaturas de más de 5000 ºC, generadas
por el paso de una corriente eléctrica desde la fuente de energía
al cuerpo; este tipo de quemaduras, en ocasiones llamadas quemaduras
de arco eléctrico, suelen destruir y carbonizar completamente
la piel en el punto por el que la corriente entra en el cuerpo. Como
la resistencia (capacidad del cuerpo para detener o desa-celerar el
flujo de corriente) es alta donde la piel entra en contacto con la fuente
de electricidad, gran parte de esta energía se convierte en calor
y, en consecuencia, quema la superficie. La mayoría de las quemaduras
causadas por la electricidad también dañan gravemente
los tejidos localizados bajo de la piel. Estas quemaduras varían
en extensión y profundidad y pueden afectar a un área
mucho mayor que la que indica la piel quemada. Los grandes shocks eléctricos
pueden paralizar la respiración y alterar el ritmo cardíaco,
provocando latidos peligrosamente irregulares (arritmias).
Las quemaduras por agentes químicos pueden
ser causadas por irritantes y venenos, incluyendo ácidos y álcalis
fuertes, fenoles y cresoles (disolventes orgánicos), gas mostaza
y fósforo. Estas lesiones son capaces de provocar la muerte del
tejido, que puede avanzar lentamente durante horas incluso después
de la quemadura.
Síntomas
La gravedad de una quemadura depende de la cantidad
de tejido afectado y de la profundidad de la lesión, que se describe
como de primero, segundo o tercer grado.
Las quemaduras de primer grado son las menos graves.
La piel quemada se torna roja, dolorosa, muy sensible al tacto y húmeda
o hinchada. El área quemada se vuelve blanca al tocarla ligeramente,
pero no se forman ampollas.
Las quemaduras de segundo grado producen un daño
más profundo. Se forman ampollas en la piel, cuya base puede
ser de color rojo o blanco y que están llenas de un líquido
claro y espeso. La lesión, dolorosa al tacto, puede volverse
blanca al tocarla.
Las quemaduras de tercer grado producen un daño
aún más profundo. La superficie cutánea puede ser
blanca y blanduzca o negra, carbonizada y endurecida. Como la zona quemada
puede tener una coloración pálida, se la puede confundir
con piel normal en las personas de cutis claro, si bien no se blanquea
al tacto. Los glóbulos rojos dañados de la zona lesionada
pueden hacer que la misma adquiera un color rojo intenso. En ciertos
casos, en la piel quemada aparecen ampollas y los pelos de esta zona
suelen arrancarse fácilmente de raíz. El área afectada
pierde la sensibilidad al tacto. Generalmente, las quemaduras de tercer
grado no duelen, porque las terminaciones nerviosas de la piel resultan
destruidas.
La distinción entre las quemaduras de segundo
grado profundas y las de tercero es difícil hasta que pasan varios
días después de la lesión.
Pronóstico
La curación depende de la profundidad y de
la localización de la quemadura. En las quemaduras superficiales
(quemaduras de primer grado y de segundo grado superficiales), las capas
de piel muerta se desprenden, y la más externa (epidermis) vuelve
a crecer para cubrir las inferiores. Una nueva capa de epidermis puede
crecer rápidamente desde la base de una quemadura superficial
sin dejar ninguna cicatriz o, a lo sumo, una pequeña. Estas quemaduras
no destruyen los estratos profundos de la piel (dermis), que no es capaz
de regenerarse.
Las quemaduras profundas producen daños permanentes
en la dermis. Una nueva capa de epidermis crece lentamente desde los
bordes de la zona quemada o desde cualquier remanente de epidermis.
En consecuencia, la regeneración es muy lenta y se forman cicatrices
considerables. El área quemada también tiende a retraerse,
distorsionando la piel e interfiriendo su funcionamiento.
Las quemaduras leves en el esófago, el estómago
y los pulmones suelen curarse sin problemas. Sin embargo, las más
graves pueden producir cicatrices y estrechamientos, llamados estenosis.
Éstas pueden obstruir el paso de alimentos por el esófago
e interferir la transferencia de oxígeno desde el aire a la sangre
en los pulmones.
Tratamiento
Alrededor del 85 por ciento de las quemaduras son
de poca importancia y pueden ser tratadas en el domicilio, en la consulta
del médico, o en la sala de urgencias de un hospital. Es necesario
desvestir al quemado (especialmente si lleva ropa que arda rápidamente,
como camisas de fibras sintéticas, o que esté cubierta
de alquitrán caliente o empapada con algún producto químico),
ya que así se ayuda a detener la progresión de la quemadura
y se evitan nuevas lesiones. Los productos químicos, como los
ácidos, los álcalis y los compuestos orgánicos,
se limpian de la superficie cutánea con abundante agua lo antes
posible.
La hospitalización del quemado es más
aconsejable en las siguientes situaciones:
- Quemaduras de la cara, las manos, los genitales
o los pies.
- Dificultades en el tratamiento a domicilio.
- El quemado es menor de 2 años o mayor de
70.
- Daños en algunos órganos internos.
Quemaduras leves
Siempre que sea posible, las quemaduras leves deberían
sumergirse de inmediato en agua fría. Las quemaduras con productos
químicos, deberían ser lavadas con grandes cantidades
de agua repetidas veces. En la consulta del médico o en la sala
de urgencias, la quemadura se limpia cuidadosamente con agua y jabón
para eliminar la suciedad. Si hay polvo adherido a la superficie de
la piel, se puede anestesiar la zona y eliminarlo con un cepillo. Las
ampollas que han reventado o que podrían hacerlo con facilidad
suelen ser extirpadas. Una vez limpia la zona, se aplica una crema con
un antibiótico como sulfadiacina de plata.
A continuación, se coloca una venda, generalmente
hecha de gasa, para proteger la zona quemada del polvo y de otras posibles
lesiones. Mantener el área limpia es extremadamente importante,
porque si la capa superior de la piel (epidermis) resulta dañada,
puede sobreinfectarse. Los antibióticos pueden ayudar a evitar
la infección, pero no siempre son necesarios. Si la inmunización
de la persona no está actualizada, se aplica una dosis de refuerzo
de vacuna antitetánica.
Un brazo o una pierna quemados suelen mantenerse
a una altura más elevada que la del corazón para reducir
la hinchazón. Mantener esta posición sólo es posible
en el hospital, donde parte de la cama puede elevarse o es posible recurrir
a la tracción. Si la quemadura afecta a una articulación
y es de segundo o tercer grado, puede que deba ser inmovilizada con
una férula, ya que el movimiento podría empeorar la herida.
Muchos quemados necesitan analgésicos, por lo general derivados
opiáceos, durante al menos unos días.
| Injerto de piel |
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Quemaduras graves
Las quemaduras más graves que ponen en peligro
la vida requieren atención inmediata, preferiblemente en un hospital
equipado para tratar quemaduras. El personal de rescate o de las ambulancias
suele administrar oxígeno a las víctimas de incendios
utilizando una mascarilla facial, con el fin de ayudarles a superar
los efectos del monóxido de carbono, un gas venenoso que suele
formarse en los incendios. En la sala de urgencias, los médicos
y las enfermeras se aseguran de que la persona pueda respirar bien,
comprueban que las otras heridas no pongan en peligro su vida y comienzan
el tratamiento para reponer los líquidos perdidos y para evitar
las infecciones. Para tratar las quemaduras graves en ciertos casos
se usa la terapia con oxígeno hiperbárico, en la cual
el paciente es colocado en una cámara especial con oxígeno
a una presión más elevada de lo habitual. Sin embargo,
debe ponerse en práctica en las primeras 24 horas tras haberse
producido la quemadura y no todos los centros de atención disponen
de la misma.
Si durante un incendio las vías respiratorias
y los pulmones se han lesionado, se coloca un tubo en la garganta para
asistir la respiración. La decisión de colocar dicho tubo
(intubar) depende de factores como el ritmo respiratorio, puesto que
el hecho de respirar demasiado deprisa o con mucha lentitud impide que
los pulmones se llenen suficientemente y llegue una cantidad adecuada
de oxígeno a la sangre. Puede ser necesario intubar cuando se
ha producido una lesión directamente en la cara o cuando la hinchazón
de la garganta amenaza la respiración. En ciertos casos se intuba
cuando el médico sospecha que existe una lesión respiratoria
antes de que resulte obvia; por ejemplo, cuando la víctima ha
estado expuesta a un tipo de fuego que, por lo general, daña
las vías respiratorias (especialmente un incendio en un espacio
cerrado o una explosión), cuando se encuentra hollín en
la nariz o en la boca, o bien cuando los pelos de las fosas nasales
están quemados. Si la respiración es normal, basta con
administrar oxígeno mediante una mascarilla facial.
Una vez limpia la zona, se aplica una crema o ungüento
con antibiótico; seguidamente, se cubre con vendas estériles.
Este vendaje suele cambiarse dos o tres veces al día. Como las
quemaduras extensas son extremadamente susceptibles a las infecciones
graves, se administran antibióticos por vía intravenosa.
Dependiendo del estado de las vacunas previas del quemado, también
puede aplicarse una dosis de refuerzo de la antitetánica.
Deben evitarse las situaciones de peligro
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Las quemaduras extensas pueden producir una pérdida
de líquidos capaz de poner en peligro la vida de la persona.
También se administran fluidos por vía intravenosa para
reponer las pérdidas. Las quemaduras profundas pueden causar
mioglobinuria, una situación en la que los músculos lesionados
liberan la proteína mioglobina, que daña los riñones.
Puede producirse insuficiencia renal a menos que se administre suficiente
líquido.
La piel quemada se convierte en una superficie engrosada
y costrosa llamada escara, que puede retraerse, endurecerse e impedir
que la sangre llegue normalmente a la zona. La disminución del
suministro de sangre puede resultar peligrosa si la quemadura abarca
completamente un brazo o una pierna. El médico tal vez necesite
cortar la escara (escarotomía) para así conseguir aliviar
la presión que se ejerce sobre el tejido sano que se encuentra
por debajo.
Una quemadura profunda puede curarse por sí
sola si la zona afectada es pequeña (no mayor que una moneda)
y se mantiene meticulosamente limpia. Sin embargo, si la dermis subyacente
ha sufrido un daño importante, por lo general, se necesita un
injerto de piel para cubrir la zona lesionada. Un injerto es una porción
de piel sana que se extrae de otras zonas del cuerpo de la víctima
(autoinjerto), de otra persona viva o muerta (aloinjerto), o de otras
especies (xenoinjerto), por lo general de los cerdos, porque su piel
es muy similar a la humana. Los autoinjertos son permanentes, pero los
injertos de piel de otras personas o animales son temporales y protegen
la zona mientras el organismo se recupera, hasta que, al cabo de 10
o 14 días, son rechazados por el organismo.
Por lo general, es necesario recurrir a la fisioterapia
y a la terapia ocupacional para reducir al mínimo la cantidad
de cicatrices y mantener, en lo posible, el funcionamiento de las zonas
afectadas. Para mantener las articulaciones extendidas y evitar que
los músculos y la piel se tensen y contraigan, deben colocarse
férulas lo antes posible. Estas férulas no deben retirarse
hasta que la zona esté completamente curada.
Antes de realizar un injerto de piel, las articulaciones
afectadas son movilizadas de forma que se vaya incrementando su capacidad
de movimiento hasta conseguir un nivel normal. Una vez realizado el
injerto, el médico suele inmovilizar la articulación entre
5 y 10 días para asegurarse de que está bien fijado antes
de volver a empezar los ejercicios.
Las víctimas de quemaduras necesitan consumir
una adecuada cantidad de calorías y nutrientes para que las lesiones
se curen. Quienes no puedan comer lo suficiente pueden beber suplementos
nutricionale, o bien recibirlos a través de un tubo introducido
por la nariz hasta el estómago (sonda nasogástrica). Si
los intestinos no funcionan debido a una lesión o a operaciones
sucesivas, es posible administrar los nutrientes por vía intravenosa.
Como las quemaduras graves tardan mucho en curarse,
a veces años, una persona que las sufra puede desarrollar una
depresión. La mayoría de centros para quemados brindan
apoyo psicológico a sus pacientes a través de asistentes
sociales, psiquiatras y otros profesionales.