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ACCIDENTES Y LESIONES
CAPITULO 279
Lesiones causadas por la radiación
Las lesiones por radiación son el daño
producido en los tejidos a causa de una exposición a radiaciones.
Por lo general, la radiación se refiere a
ondas o partículas de alta energía emitidas por fuentes
naturales o artificiales (generadas por el hombre). Las lesiones de
los tejidos pueden ser causadas por una breve exposición a altos
valores de radiación, o bien por una exposición prolongada
a bajos niveles. Algunos efectos adversos de la radiación sólo
duran poco tiempo; otros producen enfermedades crónicas. Los
primeros efectos de dosis elevadas resultan obvios en cuestión
de minutos o en los días posteriores a la exposición.
Otros efectos no resultan evidentes hasta semanas, meses e incluso años
después. Las mutaciones del material genético celular
de los órganos sexuales pueden resultar evidentes sólo
si una persona expuesta a la radiación tiene hijos; estos niños
pueden nacer con defectos genéticos.
Causas
En el pasado, las fuentes perjudiciales de radiación
incluían sólo los rayos X y los materiales radiactivos
naturales como el uranio y el radón. Los rayos X que se utilizan
en la actualidad para las pruebas de diagnóstico causan mucho
menos efectos radiactivos que los utilizados en el pasado. Las fuentes
más comunes de exposición a altos valores de radiación
son los materiales radiactivos elaborados por el hombre que se utilizan
en diversos tratamientos médicos, laboratorios científicos,
industrias y reactores de energía nuclear.
Se han escapado accidentalmente grandes cantidades
de radiación de las plantas de energía nuclear, como la
de Three Mile Island en Pennsylvania (EE.UU) en 1 979 y la de Chernobyl
(Ucrania) en 1 986. El accidente de Three Mile Island no provocó
una gran exposición radiactiva; de hecho, las personas que vivían
a una distancia aproximada de 1,5 km de la planta recibieron menos radiación
que la cantidad de rayos X que recibe una persona, por término
medio, en 1 año. Sin embargo, las personas que vivían
cerca de la planta de Chernobyl fueron expuestas a mucha más
radiactividad. Más de 30 afectados murieron y muchos otros sufrieron
heridas. La radiación de ese accidente llegó a Europa,
Asia y los Estados Unidos.
En total, la exposición a la radiación
generada por reactores en los primeros 40 años de uso de la energía
nuclear, excluyendo Chernobyl, ha provocado 35 exposiciones graves con
10 muertos, aunque ningún caso se asoció a las plantas
de energía. En los países industrializados, los reactores
de energía nuclear deben cumplir estrictas medidas gubernamentales
que limitan la cantidad de material radiactivo liberado a valores extremadamente
bajos.
La radiación se mide en unidades diferentes.
El roentgen (R) mide la cantidad de ésta en el aire. El gray
(Gy) es la cantidad de energía realmente absorbida por cualquier
tejido o sustancia tras una exposición a la radiación.
Como algunos tipos de radiación pueden afectar a unos organismos
biológicos más que a otros, para describir la intensidad
de los efectos que la radiación produce sobre el cuerpo, a cantidades
equivalentes de energía absorbida, se utiliza el sievert (SV).
Los efectos perjudiciales de la radiación
dependen de la cantidad (dosis), la duración y el grado de exposición.
Una única dosis rápida de radiación puede ser mortal,
pero la misma dosis total aplicada en un lapso de semanas o meses puede
producir efectos mínimos. La dosis total y el grado de exposición
determinan los efectos inmediatos sobre el material genético
de las células.
Se llama dosis a la cantidad de radiación
a la que está expuesta una persona durante un determinado período
de tiempo. La dosis de radiación ambiental que resulta inevitable
es baja, alrededor de 1 a 2 miligrays (1 miligray equivale a 1/1000
gray) al año, y no produce efectos detectables sobre el organismo.
Por otra parte, los efectos de la radiación son acumulativos,
es decir, cada exposición se suma a las anteriores hasta determinar
la dosis total y su probable efecto sobre el organismo. De la misma
forma, a medida que aumenta la proporción de la dosis o la dosis
total, también aumenta la probabilidad de que se produzcan efectos
detectables.
Los efectos de la radiación también
dependen del porcentaje del organismo que resulta expuesto. Por ejemplo,
más de 6 grays suelen causar la muerte cuando la radiación
se distribuye sobre toda la superficie corporal. Sin embargo, cuando
se restringe a un área pequeña, como sucede en la terapia
contra el cáncer, es posible aplicar tres o cuatro veces esta
cantidad sin que se produzcan daños graves en el organismo. La
distribución de la radiación en el cuerpo también
es importante. Las partes del mismo en las que las células se
multiplican rápidamente, como el intestino y la médula
ósea, resultan más dañadas por la radiación
que los tejidos cuyas células se multiplican más lentamente,
como los músculos y los tendones. Durante la radioterapia contra
el cáncer se hace todo lo posible por proteger las partes más
vulnerables del organismo, con el fin de pasar a utilizar dosis más
elevadas.
Síntomas
La exposición a la radiación produce
dos tipos de lesiones: agudas (inmediatas) y crónicas (retardadas).
Los síndromes de radiación agudos pueden afectar a diferentes
órganos.
El síndrome cerebral se produce cuando la
dosis total de radiación es extremadamente alta (más de
30 grays). Siempre resulta mortal. Los primeros síntomas, náuseas
y vómitos, se siguen de apatía, somnolencia y, en algunos
casos, coma. Estos síntomas están causados, muy probablemente,
por la inflamación del tejido cerebral. En pocas horas se producen
estremecimientos (temblores), convulsiones, incapacidad para caminar
y finalmente, la muerte.
El síndrome gastrointestinal se produce a
partir de dosis menores de radiación pero igualmente altas (4
grays o más) . Los síntomas consisten en náuseas,
vómitos y diarreas graves, que causan gran deshidratación.
Inicialmente, el síndrome es causado por la muerte de las células
que recubren el tracto gastrointestinal (mucosa). Los síntomas
persisten debido al desprendimiento progresivo del revestimiento mucoso
y al desarrollo de infecciones bacterianas. Finalmente, las células
que absorben nutrientes quedan completamente destruidas y se produce
pérdida de sangre desde la zona lesionada hacia el interior del
intestino, por lo general, en grandes cantidades. Entre 4 y 6 días
después de la exposición a la radiación pueden
crecer nuevas células. Pero, aunque así sea, las víctimas
que padecen este síndrome probablemente mueran a causa de una
insuficiencia de la médula ósea, entre 2 y 3 semanas más
tarde.
El síndrome hematopoyético afecta
a la médula ósea, al bazo y a los ganglios linfáticos,
que son los principales centros de producción de células
sanguíneas (hematopoyesis). Se manifiesta tras una exposición
de 2 a 10 grays de radiación y se inicia con pérdida de
apetito (anorexia), apatía, náuseas y vómitos.
Estos síntomas son más graves al cabo de 6 a 12 horas
después de la exposición y pueden remitir completamente
entre 24 y 36 horas más tarde. Durante este período en
que no hay síntomas, las células productoras de sangre
localizadas en los ganglios linfáticos, el bazo y la médula
ósea comienzan a desgastarse, a disminuir y no se forman de nuevo,
lo que conlleva una grave carencia de glóbulos blancos y rojos.
La falta de glóbulos blancos (que combaten las infecciones) suele
producir infecciones graves.
Si la dosis total de radiación es de más
de 6 grays, las insuficiencias hematopoyéticas y gastrointestinales
suelen ser mortales.
El
síndrome radiactivo de tipo agudo se produce en una pequeña
proporción de pacientes después de un tratamiento con
radiación (radioterapia), especialmente si ha sido aplicada sobre
el abdomen. Los síntomas comprenden náuseas, vómitos,
diarrea, pérdida de apetito, dolor de cabeza, sensación
de malestar general y un ritmo cardíaco acelerado (taquicardia).
Suelen remitir en un lapso de horas o de pocos días. La causa
de este síndrome no se conoce con precisión.
Una exposición prolongada o repetida a bajas
dosis de radiación proveniente de implantes radiactivos o de
fuentes externas puede provocar la interrupción de los períodos
menstruales (amenorrea), así como una menor fertilidad tanto
en los hombres como en las mujeres. También puede aparecer un
menor impulso sexual (libido), cataratas y una disminución en
la cantidad de glóbulos rojos (anemia), glóbulos blancos
(leucopenia) y plaquetas (trombocitopenia). Las dosis muy elevadas aplicadas
sobre zonas limitadas del cuerpo causan la caída del cabello,
debilitamento de la piel y formación de llagas abiertas (úlceras),
callos y venas aracniformes (pequeñas áreas enrojecidas
que contienen vasos sanguíneos dilatados que se encuentran bajo
la piel, o arañas vasculares). Con el tiempo, este tipo de exposiciones
puede provocar cáncer de células escamosas (una variedad
de cáncer). Años después de la ingestión
de ciertos compuestos radiactivos, como las sales de radio, pueden formarse
tumores óseos.
En algunos casos, cierto tiempo después de
finalizada la radioterapia contra el cáncer, se producen graves
lesiones en los órganos que estuvieron expuestos a la misma.
La función renal puede alterarse tras un
período (período latente) de 6 meses a 1 año tras
una exposición a dosis extremadamente altas de radiación;
también puede aparecer anemia y un aumento de la presión
arterial.
En los músculos, la acumulación de
grandes dosis puede causar una enfemedad dolorosa que incluye debilitamiento
muscular (atrofia) y la formación de depósitos de calcio.
En pocas ocasiones estos cambios provocan tumores musculares malignos.
La radiación aplicada sobre los tumores pulmonares puede causar
inflamación de los mismos (neumonitis radiactiva) y una gran
dosis causaría graves cicatrizaciones (fibrosis) en el tejido
pulmonar, lo cual puede ser mortal. El corazón y su envoltura
(pericardio) pueden inflamarse despuésde una radiación
extensa sobre el esternón y el tórax. Grandes dosis acumuladas
sobre la columna dorsal pueden causar un daño gravísimo,
que puede acabar en parálisis. La radiación sobre el abdomen
(contra el cáncer de ganglios linfáticos, testículos
u ovarios) puede provocar úlceras crónicas, cicatrización
y perforación intestinal. La radiación altera el material
genético de las células que se multiplican. En las células
que no pertenecen al sistema reproductor, estas alteraciones pueden
causar anomalías en el crecimiento celular, como cáncer
o cataratas.
Cuando los ovarios y los testículos son expuestos
a la radiación, la posibilidad de que la descendencia presente
anomalías genéticas (mutaciones) aumenta en los animales
de laboratorio, pero este efecto no ha sido aún debidamente comprobado
en los seres humanos.
Algunos investigadores afirman que la radiación
resulta inofensiva por debajo de cierta dosis (umbral), mientras que
otros opinan lo contrario y piensan que cualquier índice de radiación
sobre los ovarios o los testículos puede ser perjudicial. Como
todavía no hay datos definitivos al respecto, la mayoría
de las autoridades sanitarias recomiendan que la exposición a
radiación médica y laboral no sobrepase un determinado
nivel. En cualquier caso, la posibilidad de contraer enfermedades o
mutaciones genéticas relacionadas con la radiación está
estimada en 1 entre 100 por cada gray de exposición, y cada persona
recibe sólo una media de 0,002 grays de radiación al año.
Diagnóstico y pronóstico
Debe temerse una lesión por radiación
cuando una persona comienza a sentirse mal tras haber sido sometida
a radioterapia, o después de haber estado expuesta a una radiación
accidental. No existen pruebas específicas para diagnosticar
esta enfermedad, a pesar de que se pueden utilizar diversos análisis
para detectar inflamaciones o el mal funcionamiento de algún
órgano. El pronóstico depende de la dosis, de la cantidad
de radiación y su distribución en el cuerpo. Los análisis
de sangre y de la médula ósea pueden ofrecer información
adicional acerca de la gravedad de la lesión.
Cuando se presenta el síndrome cerebral o
gastrointestinal, el diagnóstico es claro y el pronóstico
poco alentador. El síndrome cerebral resulta mortal en un período
de tiempo que oscila entre horas y pocos días y el síndrome
gastrointestinal, por lo general, resulta mortal en un lapso de 3 a
10 días, a pesar de que algunas personas sobreviven algunas semanas.
El síndrome hematopoyético suele causar la muerte en períodos
de 8 a 50 días; la muerte puede producirse por una infección
grave en un lapso de 2 a 4 semanas o por una masiva pérdida de
sangre (hemorragia) de 3 a 6 semanas tras la exposición.
El diagnóstico de lesiones crónicas
por radiación resulta difícil o imposible si se desconoce
o se pasa por alto el origen de la exposición. Si se sospecha
que existe una lesión por radiación, el médico
investiga sobre posibles exposiciones laborales, quizás consultando
los archivos de las instituciones estatales o gubernamentales que mantienen
registros de las exposiciones radiactivas. El médico también
puede examinar periódicamente los cromosomas, que contienen el
material genético celular, en busca de determinadas anomalías
que suelen tener lugar tras una significativa exposición radiactiva.
Sin embargo, los resultados de estos exámenes no suelen ser concluyentes.
Si los ojos han estado expuestos a radiación, deben examinarse
periódicamente en busca de cataratas.
Tratamiento
La piel contaminada por materiales radiactivos debería
lavarse de inmediato con abundante agua y, si es posible, con una solución
específicamente fabricada a tal fin.
Cualquier herida, por pequeña que sea, debería
limpiarse enérgicamente para eliminar toda partícula radiactiva,
aunque el hecho de frotarlas produzca dolor. Si la persona ha tragado
material radiactivo momentos antes, debería provocarse el vómito.
Las personas expuestas a una excesiva radiación pueden ser controladas
con análisis del aire espirado y de orina en busca de señales
de radiactividad.
Como el síndrome cerebral agudo siempre es
mortal, el tratamiento tiene la finalidad de evitar el sufrimiento aliviando
el dolor, la ansiedad y las dificultades respiratorias. También
se aplican sedantes para controlar las convulsiones.
Los síntomas de tipo agudo de la enfermedad
por radiación, causada por radioterapia abdominal, pueden mitigarse
tomando fármacos contra las náuseas y los vómitos
(antieméticos) antes de iniciar la radioterapia.
El síndrome gastrointestinal puede aliviarse
administrando antieméticos, sedantes y una dieta blanda. Deben
reemplazarse todos los líquidos necesarios. Durante los primeros
4 o 6 días después de la exposición también
se realizan transfusiones de sangre y se administran antibióticos
para mantener viva a la persona, hasta que comiencen a crecer nuevas
células en el tracto gastrointestinal.
En los casos de síndrome hematopoyético,
las células sanguíneas se reponenmediante transfusiones.
Los esfuerzos por evitar las infecciones incluyen el tratamiento con
antibióticos y el aislamiento, para que el paciente se mantenga
alejado de otros posibles portadores de microorganismos que produzcan
enfermedades. En ciertos casos se realiza un trasplante de médula
ósea, pero el índice de éxito es bajo, a menos
que el donante sea un gemelo idéntico.
Para tratar los efectos más tardíos
de la exposición crónica, el primer paso es eliminar la
fuente de radiación. Ciertas sustancias radiactivas, como el
radio, el torio y el estroncio, pueden ser eliminadas del cuerpo con
medicamentos que se adhieren a estas sustancias y luego son excretadas
por la orina. Sin embargo, dichos medicamentos consiguen mejores resultados
si se administran poco después de la exposición. Las llagas
y los cánceres se extirpan o reparan quirúrgicamente.
El tratamiento de la leucemia provocada por radiación es el mismo
que para cualquier caso de leucemia (quimioterapia). Las células
sanguíneas se reponenmediante transfusiones, pero esta medida
sólo es temporal, porque es muy poco probable que la médula
ósea dañada por radiación se regenere. Ningún
tratamiento puede revertir la esterilidad, pero el funcionamiento ovárico
y testicular anormal que produce bajas concentraciones de hormonas sexuales
puede tratarse con la administración de dichas hormonas.