SECCION 24 >
ACCIDENTES Y LESIONES
CAPITULO 286
Intoxicaciones
La intoxicación es el efecto perjudicial
que se produce cuando una sustancia tóxica es ingerida, inhalada
o entra en contacto con la piel, los ojos o las membranas mucosas como
las de la boca, la vagina o el pene.
Entre los más de 12 millones de productos
químicos conocidos, menos de 3000 causan la mayoría de
las intoxicaciones accidentales y deliberadas. Sin embargo, prácticamente
toda sustancia ingerida en grandes cantidades puede ser tóxica.
Las fuentes más comunes de tóxicos son: los medicamentos,
los productos de limpieza, los productos para la agricultura, las plantas,
los productos químicos industriales y las sustancias alimenticias.
Para que el tratamiento sea eficaz, es fundamental identificar el tóxico
y determinar exactamente los peligros que comporta. Existen centros
de información en caso de intoxicaciones cuyos números
de teléfono suelen aparecer en las guías locales o se
pueden conseguir sin dificultad. Estos centros proporcionan información
sobre el tratamiento de una intoxicación.
La intoxicación puede ser accidental o intencionada
en el caso de un asesinato o suicidio. Los niños, en especial
los menores de 3 años, son particularmente vulnerables a la intoxicación
accidental, al igual que los ancianos (porque se confunden con sus medicamentos),
los pacientes hospitalizados (debido a errores de medicación)
y los trabajadores industriales (a causa de su exposición a productos
químicos tóxicos).
Síntomas
Los síntomas de intoxicación dependen
del tóxico, de la cantidad ingerida y de ciertas características
de la persona que lo toma. Algunos tóxicos no son muy potentes
y requieren una prologada exposición o una ingestión reiterada
de gran cantidad del mismo para causar problemas. Otros son tan potentes
que sólo una gota sobre la piel puede causar una lesión
grave. Las características genéticas pueden influir en
el hecho de si una determinada sustancia es tóxica o no para
una persona en particular. Algunas sustancias, normalmente no tóxicas,
sí lo son para algunas personas que tienen un determinado mapa
genético. La edad es un factor determinante en cuanto a la cantidad
de sustancia que puede ser ingerida antes de que se produzca la intoxicación.
Por ejemplo, un niño pequeño puede ingerir mucho más
paracetamol que un adulto antes de que le resulte tóxico. Las
benzodiacepinas, que son un sedante, pueden resultar tóxicas
para un anciano en dosis que un adulto de mediana edad podría
consumir sin problema.
Los síntomas pueden ser leves pero molestos
(como picores, sequedad en la boca, visión borrosa y dolor) o
graves (como confusión, coma, ritmos cardíacos anormales,
dificultades respiratorias y una fuerte agitación). Algunos tóxicos
producen síntomas en cuestión de pocos segundos, mientras
que otros lo hacen sólo tras varias horas o incluso días
después de su toma. Algunos tóxicos producen pocos síntomas
hasta que han dañado irreversiblemente el funcionamiento de órganos
vitales tales como el hígado o los riñones. En conclusión,
los síntomas de intoxicación son tan numerosos como los
tóxicos.
Diagnóstico y tratamiento
Después de llamar al centro de información
de intoxicaciones, los familiares o los compañeros de trabajo
de las víctimas pueden comenzar los primeros auxilios mientras
esperan la ayuda de los profesionales. Deberían determinar si
la víctima aún respira, tiene latidos cardíacos
y, si es necesario, empezar a practicarle una reanimación cardiopulmonar.
Debido a que el tratamiento resulta más eficaz cuando se conoce
el tóxico, deberían conservarse tanto el vómito
de la víctima como los recipientes, para que el médico
pueda observarlos o analizarlos.
Cuando se desconoce el tóxico, los médicos
intentan identificarlo mediante pruebas de laboratorio. Un análisis
de sangre puede ser útil, pero el análisis de una muestra
de orina lo es todavía más. Los médicos pueden
extraer el contenido del estómago aspirándolo a través
de una carda y lo envían al laboratorio, donde se analiza e identifica.
Cuando una persona ingiere una sustancia tóxica,
es necesario provocar el vómito de inmediato, a menos que el
tóxico pudiera resultar más perjudicial al ser vomitado,
como en el caso de objetos cortantes, productos derivados del petróleo,
la lejía y los ácidos. Si la persona está muy mareada,
inconsciente o sufre convulsiones, no debería provocarse el vómito
porque la víctima podría ahogarse. Para inducir el vómito
suele usarse jarabe de ipecacuana; las instrucciones para su administración
se encuentran impresas en la etiqueta de la botella. En el caso de no
conseguir este producto, se puede usar agua jabonosa.

En el hospital, los médicos utilizan otras
técnicas para eliminar las sustancias tóxicas del estómago.
Pueden vaciar el estómago colocando una sonda por la boca o la
nariz que llegue hasta él para lavarlo con agua (lavado gástrico).
También pueden suministrar carbón activado a través
de la sonda gástrica o bien hacer que el paciente lo tome por
sí mismo. Este compuesto se une a una significativa cantidad
de tóxico y evita que se absorba y pase a la sangre.
Cualquier persona que haya estado expuesta a un
gas tóxico debe necesariamente ser alejada del lugar lo antes
posible, preferiblemente hacia el aire libre. El personal de urgencias
médicas suele administrar oxígeno a la víctima
tan pronto como llega al lugar del suceso.
En los casos de derramamiento de sustancias químicas,
se les quita inmediatamente toda la ropa contaminada a los afectados,
incluyendo los zapatos y los calcetines. Si la piel y los ojos han estado
expuestos, deberían lavarse con abundante agua. El personal encargado
de rescatar a las víctimas debe tomar todas las precauciones
posibles para no contaminarse.
Una vez que el tóxico ha sido absorbido por
el tracto gastrointestinal, la piel o los pulmones, se distribuye rápidamente
por todo el cuerpo. Finalmente, el hígado se encarga de eliminar
el carácter tóxico de la mayoría de las sustancias,
que también pueden ser excretadas en la orina. Los médicos
intentan acelerar este proceso de detoxificación y la eliminación
de los venenos, al mismo tiempo que intentan contrarrestar sus efectos
tóxicos.
Generalmente, se administran líquidos por
vía intravenosa para que la víctima esté bien hidratada
y pueda mantener la producción de orina. Para incrementar la
cantidad de tóxico eliminado a traves de la orina, se pueden
agregar ácidos o bases leves a estos líquidos.
Los productos químicos que se unen a ciertos
tóxicos, particularmente los metales pesados como el plomo, pueden
ser administrados por vía intravenosa para ayudar a neutralizar
y eliminar el tóxico. Posiblemente sea necesario recurrir a la
diálisis para eliminar los tóxicos que no se neutralizan
fácilmente o que no desaparecen de la sangre.
Si se cuenta con un antídoto, debe ser administrado
lo antes posible. Ejemplos de antídotos son los anticuerpos de
antidigoxina en el caso de una sobredosis de digoxina y la naloxona
para una sobredosis de morfina o heroína.
Una intoxicación suele requerir tratamiento
adicional, dependiendo de los síntomas y de la sustancia ingerida.
Es probable que se necesite un respirador artificial si se produce un
paro respiratorio, como puede suceder después de una sobredosis
de morfina, heroína o de barbitúricos. El cerebro a menudo
se hincha después de una intoxicación con sedantes, monóxido
de carbono, plomo u otros productos químicos que producen una
depresión del sistema nervioso. Los medicamentos destinados a
reducir la hinchazón son los corticosteroides y el manitol. La
intoxicación puede causar insuficiencia renal grave, llegando
a ser necesario dializar a la víctima.